El auténtico motivo de la izquierda para poner patas arriba el idioma español

Si no te sientes oprimida no les vales: por eso quieren que te moleste hasta el idioma

Ayer Podemos y Compromís pidieron que el Congreso de los Diputados cambie su frontispicio, pues dicen que la actual denominación responde a lo que llaman “lenguaje masculinizado”.

Lo que pocos cuentan: el origen ideológico totalitario del actual feminismo de género
La mordaza de género: prohibido criticar a una ideología que demoniza a los hombres

Dañan un idioma para usarlo como medio de imposición de ideas

“Me parece que es un primer inicio que empecemos a hablar de un lenguaje femenino, de un lenguaje no excluyente”, dijo la diputada de Podemos Gloria Elizo. Confieso mi perplejidad al saber que esas dos formaciones creen que hay un lenguaje masculino (incorrecto) y uno femenino (correcto). Para empezar, la sola pretensión de identificar las palabras de un género como incorrectas y las del otro género como correctas me parece una colosal estupidez, sólo equiparable al empeño de otros por erradicar el español en ciertas comunidades, en favor de sus planes separatistas. Sería muy ingenuo pedir que dejasen la lengua española en paz, porque no lo hacen por capricho. Tienen vocación de ingenieros sociales y eso conlleva usar las lenguas como herramientas de imposición ideológica, aunque ello dañe la verdadera naturaleza de un idioma: ser un instrumento de entendimiento. Pero ¿qué ideas son las que pretenden imponer con estas absurdas propuestas?

El feminismo originario frente al feminismo de género

Para encontrar la respuesta a esa pregunta hay que distinguir el feminismo de primera hora del feminismo dominante en la actualidad. Las pioneras del feminismo defendían la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades, es decir, que el Estado no las discriminase por su sexo. Era una petición del todo justa y razonable. Sin embargo, en las últimas décadas ha tomado fuerza otro feminismo muy distinto, que busca la igualdad de resultados, es decir, la uniformidad. Es el llamado feminismo de género. En aras de ese feminismo se están imponiendo disparates como la “paridad”, según la cual las mujeres deben tener cuotas de participación en todos los ámbitos políticos, sociales y laborales, aunque las propias mujeres no muestren especial interés por ellos. Dicho sea de otro modo: ya no se pide que se reconozcan los méritos de una mujer, sino que se le otorgue un determinado espacio por el mero hecho de ser mujer, una discriminación positiva con la que se pretende compensar desigualdades, dicen, aunque sean fruto de la propia elección o de la sensibilidad específica de la mujer (por ejemplo, su menor presencia en las ingenierías y la informática, y su mayor peso en la enseñanza y la sanidad).

Objetivo: que las mujeres se sientan siempre oprimidas por su sexo

En el terreno de los hechos, entre esas dos grandes corrientes feministas hay una diferencia práctica muy evidente. El feminismo originario buscaba -y logró- un mundo más justo para millones de mujeres. Ese feminismo ha dado frutos tan evidentes que negarlos sería tan torticero como equiparar el trato a la mujer en la sociedad occidental con el que recibe en Arabia Saudí. Por el contrario, el feminismo de género sólo busca que la mujer se sienta siempre víctima de un patriarcado opresor. Así lo exponía Christina Hoff Sommers en su libro “Who Stole Feminism?” (¿Quién robó el feminismo?), publicado en 1994: “La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del ‘género’ a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor.”

Aplicando la lucha de clases marxista a la relación entre sexos

Pero ¿cuál puede ser el interés del feminismo de género en negar constantemente que la mujer haya alcanzado la igualdad que buscaban las pioneras del feminismo? Para conocer el trasfondo ideológico que se esconde tras ese permanente recurso al victimismo basta con leer lo que decía la feminista radical Shulamith Firestone (1944-2012) en su libro “La dialéctica del sexo” (1970): así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.” En su libro, Firestone propone aplicar el materialismo dialéctico de Marx y Engels al sexo, destruyendo por completo la sociedad tal como la conocemos, empezando por su célula más básica, que es la familia. Si el feminismo de género recurre al victimismo por sistema es porque aplica la tesis marxista de la lucha de clases a los sexos, presentando al hombre como un explotador. Por eso es tan frecuente encontrar manifestaciones de odio a los hombres en los alegatos de ese feminismo izquierdista. Uno de los más bestias que he leído últimamente fue el de una feminista británica que propone meter a los hombres en campos de concentración.

Cuanto peor, mejor: el verdadero objetivo del feminismo de género

Por supuesto, cuando ese feminismo promete un futuro utópico sin diferencias entre sexos, lo que vende es una mentira. Ese feminismo sabe que esas diferencias nunca van a desaparecer, porque los hombres y las mujeres somos distintos por naturaleza. Incluso en los países donde han ido más lejos los planes de los ideólogos de género, como es el caso de Noruega, se siguen dando roles diferenciados entre los sexos, como consecuencia de las inclinaciones biológicas dominantes en cada sexo. ¿Este choque con la realidad quiere decir que los ideólogos de género llevan las de perder? Pues no precisamente. En este punto hay que decir que para el feminismo de género, como para el comunismo, es del todo aplicable la cínica receta de Lenin: “cuanto peor, mejor”. El dictador soviético defendió ya en 1891 que el hambre “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios”, por lo que se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Cuanto más hambrientos y desesperados estuviesen los rusos, más posibilidades tenían los comunistas de hacerles asumir sus falsas promesas de un futuro utópico. Del mismo modo que en una sociedad próspera el comunismo tiene difícil arraigo, allí donde hay una mejor convivencia entre sexos el feminismo de género lo tiene más difícil para arraigar. Por eso se empeña no sólo en intentar convencer a la mujer de que está oprimida, sino que hace y hará todo lo posible por avivar el conflicto entre sexos. A eso van dirigidas normas tan injustas como la llamada Ley de Violencia de Género, que ha provocado un tremendo auge de las denuncias falsas (800.000 exculpados en los 7 primeros años de aplicación de esa ley, un 79,89% del total de 1.034.613 denuncias presentadas). Para hacernos una idea de cuáles pueden ser los resultados de décadas de aplicación de estas políticas de género, basta con señalar que España está entre los países de la Unión Europea con menos violencia contra la mujer, y entre los que más violencia sufren están Dinamarca, Finlandia, Suecia, Francia y Reino Unido, países donde la ideología de género ha llegado mucho más lejos en su implantación que en España.

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Comentarios (Blog):

  1. Gracias por este artículo tan necesario hoy en día.

  2. JFM

    Y lo que es para no echar gota es que los “ultrafeministas” de Podemos se prostituyen con los ayatolas de Iran.

  3. Luisa Carrasco

    Muy bien explicado. Y que se fastidie ese feminismo tan absurdo que, entre otras cosas, aún no ha logrado que le cambien el nombre (por el de “feminisma” o algo así), al menos, que yo sepa, a esa ideología que lo único que hace es dejarnos a las mujeres a la altura del betún. (Me refiero, por supuesto, al feminismo de género).

    La mujer y el hombre tienen la misma dignidad en tanto que ambos son seres humanos, y es por eso que todos debemos tener los mismos derechos, pero si hay algo que nos diferencia realmente es la capacidad de las mujeres de llevar en nuestro interior otra vida humana, y, sin embargo, en vez de hacer valer los derechos de las mujeres en esa circunstancia, y los deberes de la sociedad para con ellas y, especialmente, para el ser indefenso (sea varón o hembra) que lleva en su vientre, esa ideología absurda no sólo pretende renunciar a eso, sino que, precisamente, intenta destruirla a toda costa (sin importar equipararnos, ahora, al peor de los asesinos). En fin…

  4. Mara Nogueira

    Muy buena exposición. Realmente no les interesa la “opresión” de las mujeres sino, no se entiende, que no haya una sola voz que diga algo sobre las mujeres de civilizaciones no cristianas, como musulmanas por ejemplo, que valen menos que cero a ojos de su sociedad.
    Hacen campaña en Occidente por que aquí nadie las va a perseguir. Así es muy fácil!!
    Un saludo

  5. sanabria

    Podemos y demas ya esta bien de memeces ,se nota que teneis poco que hacer .

  6. Sharovarov

    ¡Los dos leones del Congreso también discriminan a la mujer: son animales masculinos! Mejor, sustituir alguno de los dos por una PANTERA.
    (Pensamiento Progre: OFF)

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