Encabezaron el primer asalto a la brecha en el Sitio de Buda, causando asombro

La historia de los voluntarios españoles que lucharon para liberar Hungría de los turcos

Tal día como hoy, el 2 de septiembre de 1686, la ciudad de Buda (hoy parte de Budapest, capital de Hungría) era liberada después de 145 años en manos de los turcos. Una fuerza española luchó allí.

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La guerra contra los otomanos: de la Batalla de Lepanto al Sitio de Viena

En 1571, el Reino de España, los Estados Pontificios, las Repúblicas de Génova y Venecia, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta habían fundado la Liga Santa para poner freno al expansionismo del Imperio otomano por Europa. Ese mismo año, esta coalición cristiana derrotó a los turcos en la Batalla de Lepanto. Sin embargo, ese imperio islámico siguió proyectando su sombra por Europa durante más de un siglo. En 1683 un enorme ejército turco invadió el Sacro Imperio Romano Germánico, conquistando Belgrado en mayo y llegando a las puertas de Viena en junio. Aquel pudo ser el final de la Europa cristiana, pero se formó una nueva Liga Santa, esta vez con la participación de los Estados Pontificios, el Sacro Imperio y la República Polaco-Lituana. Movidos por la defensa de la fe católica, el Rey de Polonia, Jan III Sobieski, y sus húsares alados -la mejor caballería de la época- acudieron en auxilio de Viena y los turcos fueron derrotados en septiembre.

Una representación artística de los húsares alados de Jan III Sobieski, Rey de Polonia, que tuvieron una intervención decisiva en el Sitio de Viena de 1683, ayudando a detener la expansión turca por Europa.

La contraofensiva cristiana de la Liga Santa

Tras la derrota otomana en Viena, los cristianos pasaron a la contraofensiva, animados por el Papa Inocencio XI. La Liga Santa sumó las adhesiones de la Orden de Malta, del Gran Ducado de Toscana y del Principado de Moscú. Gran parte del Reino de Hungría estaba todavía en manos turcas. Su capital, Buda, había sido conquistada por los turcos en 1541, de forma que la corte se tuvo que trasladar a Bratislava. Al año siguiente del Sitio de Viena, en 1684, la Liga Santa se dirigió hacia Buda, con el objetivo de sitiarla y liberarla, pero no lo consiguió, viéndose obligada a retirarse con numerosas bajas. Pero esta derrota no desanimó a las fuerzas cristianas. La humillante derrota de los turcos ante las puertas de Viena había entusiasmado a gentes de toda Europa, que estaban dispuestas a tomar las armas para expulsar a los otomanos del continente.

Cuadro “Rocroi, el último tercio” de Augusto Ferrer-Dalmau. Esta batalla marcó, en 1643, el declive de los Tercios españoles.

Miles de españoles fueron hasta Hungría para combatir a los turcos

Por aquella época, el Imperio español ya había iniciado su declive, desangrado por la desastrosa Guerra de Flandes. Los antes invencibles Tercios españoles, la mejor infantería de su época, habían abandonado su época de esplendor tras su derrota en la Batalla de Rocroi de 1643. Reinaba entonces Carlos II, el último monarca español de la casa de Habsburgo. A pesar de todo, la monarquía hispánica conservaba gran parte de sus dominios en Europa y era una potencia militar de primer orden. Aunque España no se sumó formalmente a la nueva Liga Santa, una hueste de unos 12.000 voluntarios españoles respondió al llamamiento del Papa, desde nobles hasta gente sencilla, incluyendo algunos veteranos de Flandes como Manuel López de Zúñiga -Duque de Béjar-, Antonio González, Donato Rodrigo de los Herreros, Mateo Morán, Félix de Astorga, Juan Manrique y otros capitanes de Tercio, movidos en unos casos por la sed de gloria y aventura, y otros animados por la fe y el deseo de derrotar a los turcos, que desde mucho tiempo atrás se contaban entre los peores enemigos de España.

Retrato de Manuel López de Zúñiga, Duque de Béjar, por Romayn de Hooghe (1682). Fue la excepción en una época en la que la aristocracia se iba apartando de la vida militar y refugiando en la corte. Su participación en el Sitio de Buda le hizo famoso en toda España.

Un Grande de España y veterano de Flandes al frente del contingente español

La historia de don Manuel López de Zúñiga es muy especial. Era un Grande de España, la más alta escala de la nobleza española. Otros se habrían quedado en la corte para disfrutar de tan altas distinciones, pero Manuel no lo hizo. Como había escrito Pedro Calderón de la Barca en 1650 en unos famosos versos sobre el Ejército español, “que nadie espere que ser preferido pueda por la nobleza que hereda, sino por la que él adquiere”. Siendo un hombre de profunda religiosidad y nada acostumbrado a la vida de la corte, y a pesar de su mala salud, en 1679, con 22 años, pidió licencia para marchar a Flandes a combatir. Se le concedió finalmente un empleo militar en 1681, convirtiéndose en Maestre de Campo, recibiendo el mando de un Tercio.

Allí, Manuel demostró su valor como estratega y también su coraje como combatiente, obteniendo una gran fama durante el sitio de Oudenaarde contra los franceses. Tras la firma de la tregua de Ratisbona en agosto de 1684, Manuel pidió al Rey licencia para regresar a España, pero no porque quisiera alejarse de sus obligaciones militares. Al contrario: había tenido conocimiento de lo ocurrido en el Sitio de Viena el año anterior, y estaba deseoso de unirse a la Liga Santa para combatir contra los turcos, movido por su profunda fe. Una vez obtenida la licencia, volvió a Madrid en febrero de 1685 y empezó inmediatamente los preparativos para viajar a Viena, partiendo hacia allí junto a su primo Gaspar de Zúñiga y con algunos de los veteranos que habían luchado con él en Flandes. Durante su travesía -en la que Manuel hizo numerosas obras de caridad- aprovecharon el Camino Español, la antigua ruta usada por los Tercios españoles en sus recorridos entre Milán y Europa Central, llegando a Viena el 12 de junio de 1686, siendo recibido allí personalmente por el Emperador Leopoldo I.

Recreadores haciendo una “encamisada” al estilo de los viejos Tercios españoles en Flandes (Foto: Jordi Bru).

Una ‘encamisada’ en Hungría al estilo de los Tercios de Flandes

La hueste de la Liga Santa, compuesta por unos 100.000 hombres de multitud de naciones –llegaron soldados de casi toda Europa, tanto católicos como protestantes-, partió de Viena el 14 de junio de 1686, llegando a las inmediaciones de Buda el día 22 de ese mes. Aunque los efectivos de los atacantes eran muy superiores a la guarnición otomana de la ciudad húngara, ésta estaba muy bien protegida por fuertes muros. El sitio fue sangriento y provocó numerosas bajas entre los sitiadores. Durante la batalla, los españoles participaron en combates contra las fuerzas turcas que llevaron a cabo varias incursiones contra los sitiadores. El 6 de julio, Manuel López de Zúñiga llevó a cabo una “encamisada” contra los turcos, una operación típica de los Tercios españoles en Flandes, que consistía en un ataque nocturno por sorpresa. Con una fuerza de cincuenta voluntarios españoles e italianos, atacó una empalizada defendida por jenízaros (la fuerza de élite de los otomanos), permitiendo el avance de los sitiadores. Del alto riesgo corrido por Manuel da cuenta el hecho de que volvió de esta acción con su sombrero agujerado por un disparo. La audaz acción del noble español provocó la admiración de las tropas de la Liga Santa.

Un mapa de la ciudad de Buda en 1684, vista desde el norte. Esta ciudad ocupaba la parte occidental del río Danubio (a la derecha en la imagen). A la izquierda vemos la más pequeña ciudad de Pest. Las dos poblaciones se unieron en 1873 para formar la actual Budapest, capital de Hungría.

El primer ataque a la brecha estuvo encabezado por españoles

Por fin, el 13 de julio la artillería imperial abrió una brecha en las murallas. Éste era el momento decisivo de todo asedio, pues permitía la penetración de las tropas atacantes en la muralla. Encabezar el ataque era un honor. Los primeros en penetrar por la brecha fueron 300 soldados españoles encabezados por Manuel López de Zúñiga, demostrando un valor que provocó admiración entre sus aliados. Ese puesto lo había reclamado Manuel para los suyos, siguiendo la tradición de los Tercios españoles de reclamar para sí los primeros puestos en la lucha, algo que consideraban un honor. Este primer asalto se encontró con una fuerte resistencia turca, sufriendo los españoles muchas bajas. López de Zúñiga resultó gravemente herido por un balazo. Sufrió una agonía dolorosa, durante la cual pidió que se le disculpase ante todo aquel al que pudiera haber ofendido, y transmitiendo su perdón a todo el que le hubiese ofendido a él. Murió tres días después del ataque. Su cuerpo fue sepultado en el Colegio de San Ignacio en Gÿor (Hungría), y más tarde repatriado por su hermano Baltasar a España, siendo sepultado en la capilla del convento de Nuestra Señora de la Piedad de Béjar. Al desaparecer esa capilla, sus restos fueron trasladados a un nicho del cementerio de San Miguel en Béjar, donde reposan en la actualidad.

El modesto nicho en el que descansan actualmente los restos de Manuel López de Zúñiga, Duque de Béjar y héroe del Sitio de Buda, en el cementerio de San Miguel en Béjar, Salamanca (Foto: Blog del Ayuntamiento de Belalcázar).

La heroica muerte del Duque de Béjar causó un hondo pesar en el generalísimo de la hueste de la Liga Santa, Carlos V de Lorena. Los familiares del fallecido incluso recibieron cartas de condolencia del Papa y del Emperador Leopoldo I del Sacro Imperio. Ensalzado como un héroe de guerra, la figura de don Manuel alcanzó fama y gloria en aquella época, un noble lleno de virtud y que abandonó las comodidades de su rango para morir en defensa de la fe muy lejos de su tierra. Se le dedicaron misas por toda España, así como poemas y obras de teatro.

El asalto final del 2 de septiembre también tuvo a españoles en vanguardia

A pesar del profundo pesar que provocó la muerte del Duque de Béjar, los españoles que le habían acompañado hasta Hungría siguieron combatiendo. El 22 de julio, una bomba lanzada por las tropas bávaras alcanzó un polvorín turco, haciéndolo estallar y provocando numerosos muertos a los defensores. A pesar de ello, la resistencia de los otomanos siguió siendo feroz, provocando muchas bajas a los atacantes. A comienzos de agosto, tanto los atacantes como los sitiadores ya estaban muy maltrechos. Entre los turcos ya tenían más heridos que soldados ilesos, pero siguen luchando con ferocidad, especialmente los jenízaros, que aún se atrevieron a protagonizar algún ataque. A finales de mes, los sitiadores de la Liga Santa recibieron nuevos refuerzos. Por fin, el 2 de septiembre a las dos de la tarde, se lanzó el asalto final. Una vez más los españoles se pusieron al frente, encabezando el ataque en el lado bávaro. Una crónica húngara recuerda a sus jefes: “Los españoles, Escalona, ​​Llaneras, Valero, los condes Zuñiga, Morán, Marín, Servent, Otaño, Manrique, Fernández Caballero, junto con sus familiares aristócratas, están a la cabeza de la columna de ataque”. Ese día, las fuerzas de la Liga Santa derrotaron a los turcos.

A la derecha, el monumento de Budapest que recuerda a los 300 héroes españoles que encabezaron el ataque a la brecha de Buda el 13 de julio de 1686. A la derecha, el monumento que recuerda a los catalanes que participaron en aquella expedición española (Foto: Globetrotter19 / Wikimedia).

Dos monumentos recuerdan en Budapest a los españoles que combatieron allí

A día de hoy, la gesta de aquellos voluntarios españoles ha sido prácticamente olvidada en España, pero no en Hungría. En 1934 se construyó en Budapest un monumento a aquellos 300 españoles que encabezaron el ataque a la brecha de Beda. El monumento se encuentra en el mismo lugar en el que se abrió la brecha. Bajo dos escudos de España (el de los Reyes Católicos, con el Águila de San Juan, y el de la Segunda República, que era el régimen vigente en España en 1934), y bajo un escudo de Hungría, el monumento incluye este texto en español y en húngaro: “Por aquí entraron los 300 héroes españoles que tomaron parte en la Reconquista de Buda”. A su izquierda, otro monumento más reciente, instalado en el año 2000 por la Generalidad de Cataluña, recuerda a los catalanes que participaron en la expedición española a Hungría, con este texto en catalán y en húngaro: “En memoria de los catalanes que lucharon por la liberación de Buda”.

P.D.: mi agradecimiento al ciudadano húngaro @MiklosCseszneky, gracias al cual tuve conocimiento hoy de esta efeméride.

Bibliografía:

(Imagen principal: “La recuperación del Castillo de Buda en 16862, cuadro del pintor húngaro Benczúr Gyula, 1896)

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