Treboadas

A las personas raras nos suelen gustar cosas raras, incluso en lo que se refiere a la metereología. Yo soy, desde hace muchos años, un apasionado de las tormentas (o “treboadas”, como se dice en gallego). Este lunes ha caído una buena en Vigo. No se veían bien las descargas de los relámpagos, pero los truenos retumbaban en toda la Ría. Cuando hay tormenta me gusta asomarme a la ventana para disfrutar de la imagen del cielo de la Ría con los nubarrones negros interrupidos unos instantes por la luz azulada de los rayos.

Sólo recuerdo tres excepciones a esta extraña afición mía, al caer sobre la Ría relámpagos tan fuertes que ponían el corazón a cien. En la última de ellas, hace unas semanas, tenía apoyado el brazo en la ventana y noté un ligero calambre cuando cayó la descarga. Nunca me había pasado algo así. La peor de todas fue el día que se accidentó el petrolero Prestige: la tormenta me sorprendió en el alto de San Cosme, del que tuve que salir con el coche por un caminito rural pues la carretera de bajada se quedó cortada al caer un árbol. Recuerdo que, cada vez que caía un rayo, todo se ponía blanco, como si estruviera metido en el corazón de la tormenta.

Con todo, la tormenta más sorprendente que recuerdo no la viví en Galicia, sino en lo más profundo de las montañas de Guipúzcoa, hace unos años. Volvía con unos amigos de pasar unos días en Francia y buscábamos un albergue de montaña, situado al margen de un sendero montañoso. La tormenta nos pilló en pleno trayecto. Recuerdo que me reí un rato viento lo nerviosa que se ponía una de las chicas que venía con nosotros (lo sé, soy muy malo).

Por cierto, esa pasada de foto que encabeza estas líneas no la he hecho yo (ya me gustaría: es muy difícil fotografiar un rayo, lo digo por experiencia). Es obra de Roger Sauterer. Os recomiendo visitar su web, tiene unas excelentes fotos de tormentas.

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Comentarios (Blog):

  1. Elentir, no eres un bicho raro. A mí me gusta ver las tormentas, pero bien resguardado, claro ;o) A mi mujer le encantan y mi abuela (ferrolana ella) salía al balcón cuando había tormenta a ver los rayos caer sobre las aguas de la ría de Ferrol, el espectáculo era increíble.

    La más cercana que sufrí yo una tormenta fue en los alrededores de Badajoz, iba de viaje y llegó un momento en que la lluvia no me dejaba ver casi nada. Como era una carretera nacional no podía pararme en medio, era peligroso, así que continué a unos 5 o 10 Km/h por encima de la línea del arcén. Cuando parecía que empezaba a ver un poco cayó un rayo a unos diez metros del coche, al lado de la carretera, y saltaron chispas por todos lados. Fue espectacular, tanto el rayo como el trueno, desde tan cerca oyes un tremendo zumbido que acompaña al trueno.

    Aunque fue impresionante, la verdad es que no tengo mucho interés por repetirlo, lo pasé bastante mal.

  2. Olimpia

    También yo soy rara. Ah, y mi marido, y mi padre, y mi madre, y mi hija mayor. A todos nos encantan las tormentas.
    Eso sí, Elentir, tomamos nuestras precauciones y nunca vemos una tormenta desde un lugar al descubierto. Y, por supuesto, no se nos ocurre encender una luz ni nada por el estilo.
    Tu exposición me ha parecido temeraria.

  3. Interruptor, no consigo imaginarme cómo debió ser la experiencia que cuentas. Caerte un rayo tan cerca es un serio peligro. Recuerdo que una vez estábamos viendo una película en casa de un amigo, en la zona “plana” de Vigo (la más cercana al mar), y cayó un rayo que hizo retumbar toda la casa. Después nos enteramos de que había caído muy cerca y había destrozado un transformador que había en la calle.

    Olimpia, es cierto que fui temerario, aunque relativamente. El día que me pilló la tormenta en el alto de San Cosme, cuando subí, simplemente llovía, con normalidad. El vendaval se echó encima de la ciudad muy rápido. Recuerdo que los eucaliptos se sacudían con el viento de una forma salvaje, jamás había visto ni he vuelto a ver un árbol sacudiéndose de esa forma. En fin, reconozco que pasé un mal rato…

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