Hay que limitar el poder de los partidos y crear más cauces de participación

La democracia española padece un mal que la está pudriendo por dentro: el partidismo

Desde la irrupción de Podemos en el mapa político, he escrito en este blog no pocas entradas para criticar a la nueva formación. Hacerlo me ha supuesto tener que aguantar impertinencias e infamias muy variadas de sus seguidores. Por criticar a Podemos me han acusado de estar del lado del PP o del “PPSOE”, me han tachado de “casta” y otras estupideces por el estilo.

Ya no son partidos: son sectas políticas
Rajoy y Pablo Iglesias quieren repartirse el voto del miedo: yo quiero votar en libertad

Una forma sectaria de despachar las críticas a los políticos

Quienes siguen este blog desde hace tiempo –tiene ya más de diez años-, saben perfectamente que no tengo simpatía alguna por el PP. Criticar a Podemos y a otros partidos de izquierda no me ha impedido seguir criticando al PP cuando lo consideraba necesario. Ayer mismo le dediqué una dura entrada (no será la última, eso ya lo adelanto), entrada que ha sentado mal a unos cuantos, y ciertos hooligans del PP se me han rebotado con técnicas muy parecidas a las de los hooligans de Podemos: he tenido que aguantar que me acusen de “preferir que las cosas vayan mal”, de hacerle el “caldo gordo a la izquierda” y tonterías parecidas. Obvia decir que así sólo consiguen que me reafirme en mi crítica. Durante todos los años que llevo con este blog me han pasado cosas parecidas con los hooligans de Izquierda Unida, del PSOE, del BNG, etc. Confieso que he llegado a sentirme asqueado de los partidos en general. Hasta hace un año, con la aparición de Vox, no fui capaz de encontrar uno que respondiese a esta exigencia escrita por Teresa García Noblejas en el blog de Profesionales por la Ética: “juego limpio, comunicar bien las propias propuestas, honradez personal y renuncia a atacar al de al lado como único argumento electoral”. ¿Es que es mucho pedir?

¿Acaso pretenden que nos acostumbremos a que mientan?

En otras democracias más consolidadas que la nuestra, cuando un político lo hace mal no tiene que esperar a que vengan sus rivales a criticarle: ya lo hacen sus votantes. Ya no digamos si el político en cuestión se ha dedicado a engañar al electorado para obtener votos y una vez llegado al poder, se ha puesto a hacer lo contrario de lo que prometió. En España tenemos experiencias muy recientes de esta conducta. Cuando las cosas empezaron a ir lo bastante mal como para que no colasen más las acusaciones de “antipatriotas” contra los que avisábamos de la crisis, Zapatero se pasó por el arco del triunfo las promesas hechas a sus votantes en 2008. El rechazo que eso provocó ha empujado al PSOE al peor momento que ha vivido en la actual democracia. Rajoy ha acabado batiendo el récord de incumplimientos alcanzado por Zapatero, y el resultado previsible será, según las encuestas, que en las próximas elecciones pierda la mayoría absoluta e incluso tenga que entenderse con el PSOE para volver a gobernar. Ni el PSOE ni el PP han tenido la decencia de reconocer las traiciones a sus votantes: lo único que les ha preocupado es salvar los muebles. En el extremo izquierdo del mapa político, donde se venden como adalides de la honradez frente a la “casta” corrupta, ya hemos visto a dirigentes de Podemos mintiendo con descaro, a dirigentes de Izquierda Unida mintiendo con descaro y dirigentes de otros partidos de ultraizquierda mintiendo con tal descaro que hasta han llegado a negar la existencia de una banda terrorista. ¿Y estos troleros son los que dicen traer aires de regeneración? ¿Es que unos y otros quieren que nos acostumbremos a la mentira como algo normal en política?

Hay que limitar el poder de los partidos políticos

Soy de la idea de que cuando uno hace algo en política, las más de las veces lo hace movido por ideales que considera correctos, aunque en realidad estén equivocados o incluso en ciertos casos sean ideales puramente tóxicos. Creo que en las bases de todos los partidos abundan las buenas personas, pero el partidismo acaba corrompiendo incluso a almas muy nobles. Una sociedad democrática no puede depender de que los políticos que la gobiernan y que dictan las leyes sean personas dotadas de virtudes encomiables. Como ya expuse aquí hace cinco años, tenemos que limitar el poder de los partidos, y cuando un partido no contempla esa limitación, o incluso propone otorgar aún más poder a los políticos, ese partido no es de fiar. A día de hoy, entre los grandes partidos con presencia parlamentaria no hay ninguno que proponga esa limitación. Sí los hay en la esfera extraparlamentaria (y pongo un ejemplo: Vox). De nosotros depende que esos partidos cobren cada vez más protagonismo, pero también que lo haga la sociedad civil. La mejor vacuna para que una democracia no se corrompa con el mal del partidismo es una sociedad civil fuerte, que sea crítica y exigente con los políticos, que apueste por la independencia renunciando a toda subvención (es decir, renunciando a cualquier dependencia económica del poder), que se mueva en clave de principios, de valores y de derechos, y no en clave de intereses partidistas. En España tenemos entidades de la sociedad civil que se ajustan a ese perfil. Yo soy socio de dos de ellas: HazteOir.org y Galicia Bilingüe. Por supuesto, otros encontrarán iniciativas más acordes a su forma de pensar. Sean las que sean, tenemos que conseguir que en nuestra democracia se fortalezcan los cauces de participación al margen de los partidos, que el poder de éstos esté cada vez más limitado, que haya plataformas cívicas cada vez más sólidas e independientes, y que los medios de comunicación dejen de depender de las ayudas públicas (tanto subvenciones como publicidad institucional). La supervivencia de nuestra democracia depende de ello.

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Comentarios (Blog):

  1. Los medios de comunicación tienen mucha culpa de la situación. Menos mal que tenemos internet para compensar.

  2. lucia

    Tiene razon en sus argumentos,yo estoy con usted. A estas alturas yo no se a quien votar, ninguno me gusta. Todos usan el “tu mas”, todos prometen y todos mienten. A ppsoe, jamas le volvere a votar. Pero… a cual? Los intereses los mueven a todos. Sentarse en la poltrona, subirse los sueldos por no hacer nada, cambiar las leyes a su favor y un largo etc mientras el pueblo pasa hambre.

  3. Elentir. María tiene la clave. Es un circulo vicioso entre partidos políticos y los medios de comunicación. SOLO VALEN VOTOS. Unos se protegen a los otros. No se lo que hacen otras personas de este foro pero desde hace mucho tiempo ‘salto’ (zapping) de la 13 a la 6ª a la 5º a la Voz de Galicia a todos los de Galicia (Miñor, Localia, TVG) – TVE es otra cosa; prefiero la 24 horas que es mas imparcial – cuando hay tertulia, y con escuchar unos 5 a 10 minutos me doy cuenta no solo del poder que tiene el medio pero como manipula y se centra en temas que puedan atacar e incluso insultar al partido ‘del otro lado’. Y la conclusión que he sacado es una división profunda entre la sociedad, gracias a estos irresponsables que los hacen ver con un ojo tapado lo que pasa en el país. No se si me explico bien pero personalmente ya no me importa. Protejo lo mío (el bolsillo) como puedo. La política española en general hace tiempo que da asco de tanta mentira.

  4. Alfonso

    Totalmente de acuerdo y esto ya lo dijo Fraga hace 36 años, (por entonces uno podía ser de derechas y no avergonzarse por ello), la partitocracia es un peligro. Fraga presionó para introducir en el texto constitucional elementos de “democracia semidirecta” y acusó a los demás partidos de fomentar una “partitocracia” que podía acabar secuestrando la Constitución. “La voz del pueblo, si no es la voz de Dios, debe decir la última palabra en democracia”, dijo Manuel Fraga

  5. Alfonso

    Intervención de Manuel Fraga Iribarne en la sesión del 13 de julio de 1978. (Diario de Sesiones página 4208)

    …las razones que antes expliqué sobre la complejidad de las fuerzas sociales que actúan, la auténtica realidad de que los actuales partidos políticos propenden no sólo a actuar como intermediarios, sino a monopolizar el proceso político (y ayer dimos un nuevo avance en esa dirección al establecer el sistema de representación proporcional con largas listas provinciales que prácticamente ponen en la maquinaria de los partidos toda la posibilidad de presentar candidatos), necesita una compensación. Esa compensación en democracias más antiguas que la nuestra, y justamente con el gran movimiento progresista americano de principios de este siglo, aporta un desarrollo semejante en la Europa posterior a la Constitución de Weimar por la influencia helvética, cada vez más presente en la mente de todos en este punto, donde si hay una aportación importante de Suiza a la ciencia política y a la práctica política mundial ha consistido en el desarrollo de instituciones democráticas semidirectas, entre las cuales está el referéndum, el plebiscito en materia internacional, la iniciativa popular y una fórmula que aquí no hemos intentado, que tiene su importancia, que es el derecho de revocación por parte de los electores y elegidos.

    Intervención de Manuel Fraga Iribarne en la sesión del 13 de julio de 1978. (Diario de Sesiones página 4212[*])

    … Pues bien, en este momento es lo único que ha quedado; pero ese referéndum lo hemos hecho, lo ha hecho la Comisión, consultivo. Esto me parece de una extraordinaria gravedad. Es evidente que si el pueblo se ha pronunciado a favor, qué Gobierno después, qué Jefe de Estado después, puede decir: “He oído al pueblo y ahora hago lo contrario”. Por lo tanto, hemos suprimido dos formas claras, una de ellas absolutamente fundamental y muy experimentada en todas partes; otra menos experimentada, pero que no tenía riesgo ninguno y, en definitiva, lo hemos reducido a un referéndum consultivo…

    Las palabras que dije en la Comisión abriendo este tema y que estaba obligado a hacer allí, efectivamente, ahora ya no son una cuestión de matiz; entramos en una discrepancia absolutamente fundamental sobre cuáles son las relaciones entre el ciudadano y el Estado y cuál es su posibilidad, además de un medio normal, que es la democracia representativa, de actuar por vías de democracia semidirecta.

    Intervención de Manuel Fraga Iribarne en la sesión del 13 de julio de 1978. (Diario de Sesiones páginas 4211- 4212[*])

    Puede estar igualmente seguro de que no buscamos la democracia sin partidos; lo que queremos es completarla y compensarla y,

    Nosotros defendemos el principio de participación del pueblo al que resulta que hacemos soberano. Hacemos soberano al pueblo y le damos -decía Rousseau- un minuto de soberanía. Y en ese minuto de soberanía interferimos con toda clase de influencias, entre ellas, los medios audiovisuales de comunicación. Se trata de que ese minuto pueda tener una cierta consideración y que, de vez en cuando, haya una base para un rearme ciudadano, que es la base de la democracia y que además de los partidos haya una constante -ya lo dijo Tocqueville-, una gran constante plural de asociaciones voluntarias que estén proviniendo las causas del divorcio o del antidivorcio, del aborto o del antiaborto –porque yo en esto no hago distinción- y que estén defendiendo la escuela única o la privada, pero que, en definitiva, puedan promover sus causas paralelamente a esa síntesis y mediación que de ellas hacen los partidos.

    …Por las razones expresadas, por creer firmemente en que la democracia semidirecta es la forma actual de una razonable Constitución, por estar en contra de la partitocracia y por estar a favor de la iniciativa popular, pedimos la vuelta al texto del Dictamen de la Ponencia.
    https://fpindado.wordpress.com/2014/05/29/fraga-habria-votado-podemos/

  6. Completamente de acuerdo con la mayoría de lo dicho y comentado. Creo que debemos parecernos más a quienes envidiamos.

    Creo que estas reformas no las van a hacer los partidos. Los más votados, aún estando en la oposición, no son capaces de ser consecuentes con sus propios planteamientos. Menos aún cumplirán llegados al poder, cuando las reformas les perjudicarían. Por ejemplo la IU andaluza, que tenía en su programa alguna reforma de este estilo -por ejemplo, que los votos contaran iguales- y llevando en el Gobierno un tiempo, no lo hacen. Se les encoje el codo a la hora de estirar la mano para cumplir su promesa.

    Más sangrante es el hecho de que llevamos cuarenta años desde la muerte del Dictador y todavía está el debate centrado en la constitución y reparto de poderes del Estado. Muy revelador. Mientras las encuestan dicen que estamos preocupados por unos temas -y el más elemental sentido común- los partidos aún desvían la atención, los esfuerzos y los recursos políticos, a asuntos que están a la cola o no son ninguna preocupación para los ciudadanos. Ni ninguna necesidad.

    Esto entronca con lo que ustedes han comentado. Los grandes partidos están más interesados en una ruptura social de extremos. Da voto fiel independientemente de lo que hagan, postulándose como la única solución a problemas que crean.

  7. Los medios no viven de aburrirnos con paz y gente honesta, eso no da audiencia. La audiencia la da el riesgo, el peligro, la única salvación del público, su única oportunidad. En negocio está en engordar partidos corruptos, cuanto más extremos mejor, que mañana den espectáculo y noticias que llamen la atención. ¿Cuántos años llevan engordando a PP y PSOE, alternativamente, a pesar de saberse que eran corruptos? Lo demás casi no existía a nivel nacional, fuera de los enfrentamientos nacionalistas.

    Surgió una nueva corriente, justamente indignada, que llegó más a los medios extranjeros -incluso saliendo imitadores- que a los españoles. Se pedía honradez, juego limpio, un sistema electoral más justo, medidas concretas… no valieron nada hasta que Podemos se apodera a la manera bolchevique -viniendo de un partido radical- imponiendo no solo sus puntos de vista, sino a líderes sospechosos de corruptelas ¿No es sorprendente, que entonces los medios sí los alimenten? Tienen noticias aseguradas, dosificadas una a una, según las digiera el público como una rana a hervir.

    La solución, como en los países que envidiamos, no está en ellos. Está en nosotros. Debemos madurar como democracia o perecer. No hacen falta miles de leyes estúpidas, que valdrán lo que tarden en encontrarles la vuelta. Solo hace falta honradez en los votantes, saber que el único voto útil es el que se da a alguien honrado y consecuente con su discurso, y si no es mejor no votar. Es la fórmula que ha salvado a las viejas democracias durante tanto tiempo.

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