Esta mañana, el presidente del gobierno de España ha comparecido ante una comisión de investigación del Senado.
Esa comisión investiga los casos de corrupción que afectan al gobierno y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), del cual Pedro Sánchez es secretario general. La sesión ha durado más de 5 horas y se puede ver completa aquí. Durante sus intervenciones, el dirigente socialista ha exhibido una actitud irrespetuosa con la propia comisión del Senado, calificándola como "circo" y atacando a su presidente.
Además, Sánchez ha recurrido a sus prácticas habituales en el Congreso: no contestar a lo que se le pregunta y atacar a la oposición, a los medios y a los jueces para evadir su deber de rendir cuentas. Todo ello aderezado con evasivas y afirmaciones negando conocer hechos que evidentemente conoce, un claro truco para evitar ser llevado a los tribunales por mentir ante la comisión.
Más allá del contenido de sus respuestas, la actitud de Sánchez hoy en el Senado debería ser motivo de escándalo en un país democrático. A diferencia de las dictaduras, en las que el poder político no tiene límites o los tiene muy difusos, en una democracia los gobernantes tienen el deber de rendir cuentas ante el pueblo, representado en el caso de España en el Congreso y en el Senado.
En una democracia el poder político debe tener límites claros y tener contrapesos, mediante una división de poderes que garantice una Justicia independiente y unas cámaras legislativas que tienen entre sus funciones fiscalizar la acción del gobierno, exponiendo y frenando sus abusos. Un gobierno es democrático no sólo si es elegido cada cuatro años, sino también si tiene límites a su acción y los acepta.
Hace un año, Pedro Sánchez manifestó su intención de gobernar sin el poder legislativo, simplemente porque perdió las últimas elecciones (el PSOE fue el segundo partido más votado) y cada vez le cuesta más obtener el apoyo de sus socios parlamentarios. Hasta ahora, el gobierno de Sánchez es el que más decretos ha aprobado, con mucha diferencia, de todos los gobiernos españoles de las últimas tres décadas, recurriendo por sistema y para cualquier cosa a un mecanismo limitado por el Artículo 86 de la Constitución para casos de "extraordinaria y urgente necesidad". Una forma de gobernar puramente autoritaria.
Hoy, en el Senado, Sánchez ha expuesto uno de sus peores vicios con su lamentable actitud: no le gusta rendir cuentas. Someterse al control parlamentario le parece aldo odioso y ni siquiera lo disimula. Esa actitud demuestra que el dirigente socialista se cree por encima de los españoles y sin ningún deber de dar explicaciones por nada, lo que también explica el hecho de que este gobierno ha batido récords de opacidad, denegando 372 peticiones de información que está obligado a facilitar al mismo tiempo que presume de ejecutar un "plan de acción democrática". Un gobernante con esa actitud está dejando claro que es un aprendiz de dictador, que la democracia no le gusta y que hará todo lo posible para saltarse los límites que le impone el Estado de Derecho. Un gobernante como éste es una amenaza para un país democrático.
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Foto: Senado de España.
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Comentarios:
isanchezgil
El pobrecillo no se ha enterado nunca de nada: no me acuerdo, no me consta, no sé. Ante esta debilidad mental, debería ser incapacitado, como se hace con las personas que no les funciona el cerebro. El problema se plantea porque, en el caso de incapacitación, habría que nombrar un responsable.
A quién pondríamos? al director de la carcel, o al jefe del manicomio?
Sea lo que sea, habría que quitarle de enmedio ya.
0:10 | 31/10/25
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