En defensa del derecho del pueblo judío a vivir en su tierra ancestral

Qué es el sionismo y por qué se puede ser sionista sin ser judío ni ciudadano de Israel

Eng Lun 9·3·2026 · 6:49 2

Estamos viviendo unos extraños tiempos en los que una de las mayores lacras de la historia, el antisemitismo, resurge de nuevo.

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El antisemitismo explica, en una gran medida, la simpatía de muchos activistas de extrema izquierda y extrema derecha por una dictadura islamista como la de Irán, un régimen que ha convertido el odio a los judíos en uno de los principales ingredientes de su ideología oficial. Ese régimen ha amenazado muchas veces con la destrucción al pueblo de Israel, convirtiéndose por ello en el imán de los nuevos nazis de hoy, tanto los de la esvástica como los de la estrella roja.

Los antisemitas de hoy han convertido la palabra "sionista" en uno de sus insultos habituales, sin dejar de utilizar en sus mensajes otra palabra que en realidad representa el objeto de su odio: judío. Después del Holocausto, atacar abiertamente a los judíos se convirtió en algo despreciable, algo que sólo los antisemitas más radicales, especialmente los de extrema derecha, practican sin ningún rubor. La extrema izquierda prefiere disfrazar su antisemitismo como "antisionismo", después de pasarse décadas utilizando la palabra "sionista" como un nuevo método de demonizar a los judíos, ya no como individuos, sino como pueblo.

¿Qué es el sionismo? Leyendo los mensajes de los antisemitas de distintas tendencias (ultraizquierda, ultraderecha e islamistas), da la impresión de que el sionismo sería algo así como una forma de pensar perversa y odiosa, pero no es así. El sionismo es, simplemente, la defensa del derecho del Estado de Israel a existir. Nada más. Eso no significa estar de acuerdo con todas las acciones o con las opiniones de un determinado gobierno de Israel, pues en ese país, como en todas las democracias, hay distintas ideologías, creencias y formas de pensar. De igual forma, defender el derecho de España a existir no significa estar de acuerdo con su gobierno, pues entre los españoles hay posiciones políticas tan diversas como en Israel.

Israel es un Estado que surgió en 1948 en la tierra ancestral del pueblo judío. A pesar de las mentiras de muchos contra el pueblo judío, unas mentiras que hoy son publicadas por algunos medios sin ningún rubor, el pueblo hebreo ha vivido de forma ininterrumpida en esa tierra durante más de 3.000 años, una cifra que pocos pueblos del mundo pueden acreditar, a pesar de lo cual hoy muchos extremistas siguen pretendiendo echar a los judíos de la tierra de sus ancestros, empezando por los extremistas islámicos.

Hoy Israel sirve como refugio a judíos que sobrevivieron al Holocausto y que han sido expulsados de muchos países islámicos, un proceso de expulsión sobre el que nunca hablan los mismos que falsamente acusan de "Apartheid" al Estado de Israel. Ese Estado es el único país realmente democrático de Oriente Medio, el único que tiene una auténtica separación de poderes y unas instituciones democráticas equiparables a las de las democracias occidentales. Un país en el que musulmanes, cristianos y drusos gozan de los mismos derechos que los judíos como ciudadanos, disfrutando de una igualdad y de una libertad que los judíos, los cristianos y los drusos no tienen en ningún país de mayoría islámica.

Así pues, me declaro sionista, porque defiendo la existencia del Estado de Israel, a pesar de no ser judío (soy cristiano católico) ni ser ciudadano de Israel (soy español). Es pasmoso ver que Israel es el único país democrático cuya existencia es sistemáticamente cuestionada por muchos, convirtiendo su mera defensa -el sionismo- en objeto de demonización. En el mundo hay en torno a medio centenar de países de mayoría islámica. Algunos de ellos tienen el Islam como doctrina oficial e incluso imponen la ley islámica a toda la población. En Occidente no hay movimientos políticos cuestionando la existencia de esos países ni pidiendo su destrucción, como sí los hay en relación al único Estado judío del mundo, que es Israel.

Así mismo, en el mundo hay seis dictaduras comunistas (China, Corea del Norte, Cuba, Eritrea, Laos y Vietnam) y otras dos dictaduras ideológicamente situadas en la extrema izquierda: Nicaragua y Venezuela. Casi nunca se ven manifestaciones en ciudades de Occidente contra esos países, e incluso las manifestaciones contra los regímenes comunistas que oprimen a esos pueblos son muy escasas y a menudo se limitan a exiliados cubanos y venezolanos. La quinta parte de la humanidad vive bajo esas dictaduras, lo que implica carecer de los derechos humanos más elementales y estar expuesto a detenciones, torturas e incluso ejecuciones por motivos políticos, pero a los antisemitas sólo les molesta Israel.

En el siglo pasado, el antisemitismo provocó uno de los mayores genocidios de la historia: el Holocausto, que consistió en el exterminio sistemático de seis millones de judíos, con la finalidad de borrar al pueblo hebreo de la faz de la Tierra. Es indignante que, después de eso, el antisemitismo resurja y siga atacando al pueblo judío, disfrazado como "antisionismo" para que parezca menos malo, aunque en realidad sea la misma basura moral e ideológica. El antisionismo es el odio a los judíos como pueblo y es también una forma de antisemitismo, como estamos pudiendo comprobar en la actualidad.

Lo repulsivo no es ser sionista, es decir, defender el derecho del pueblo judío a habitar en su tierra ancestral, sino ser antisemita, es decir, odiar a los judíos, acusarles de todos los males y pretender utilizarlos como chivos expiatorios. No es el Estado de Israel lo que debe ser erradicado, sino el antisemitismo. Los ciudadanos de Israel, sea cual sea su religión, vienen dejando claro desde 1948 que sólo desean que les dejen vivir en paz. Sus países vecinos han intentado destruirles en varias ocasiones y siempre han perdido.

La derrota de los enemigos de Israel nunca supuso la desaparición de ningún país: Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Arabua Saudí, Iraq, Irán y Yemen han combatido contra Irsael en el pasado y su derrota no conllevó su desaparición. La derrota de Israel supondría su desaparición como país y un nuevo exterminio de judíos. Es algo que el mundo civilizado debe evitar, asumiendo su papel en ello, de la misma forma que dos grandes potencias, Rusia y la China comunista, apoyan a la dictadura islamista de Irán. Quienes pretenden ser equidistantes entre Israel y aquellos que buscan su destrucción están asumiendo una equivalencia falsa e infame: la que pretende equiparar a la democracia con la tiranía, a la libertad con la opresión y a la civilización con la barbarie. Yo tengo muy claro mi claro mi apoyo a Israel porque estoy del lado de la democracia, de la libertad y de la civilización.

Am Israel Hai!
¡El Pueblo de Israel vive!

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Foto: Tiia Monto.

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Comentarios:

  1. isanchezgil

    Los antisemitas del mundo, que son muchos, disfrazan su odio a la raza judía con el término sionista. Si hay algo despreciable en la conformación de una mentalidad, es el hecho de odiar y discriminar a un ser humano por su raza. Y esto es lo que viene sucediendo en la historia europea desde hace ya siglos (un ejemplo claro, es el famoso parlamento de Shylock, en El mercader de Venecia, que data de finales del siglo XVI).

    El sionismo, que es en origen un movimiento nacionalista, como los muchos que surgen a mediados/finales del siglo XIX, se convierte, por la mala fe de los antisemitas de todo el mundo, en la excusa para convertir al pueblo y al estado de Israel en algo abominable, culpabilizándole de todas las penurias de las naciones adyacentes, cuando los causantes de éstas son sus propios gobernantes, que mantienen a sus gobernados en una extrema pobreza, cuando ellos, riquísimos por la explotación del petróleo, no son capaces de aliviar esta miseria, causando el éxodo de muchos de sus nacionales a Europa y a USA, donde sí existe una estructura que protege a los más desfavorecidos.

    Por eso resultan tan risibles y ridículas las defensas de, por ejemplo, los palestinos de Gaza, por parte de las izquierdas que hemos venido sufriendo, cuando en ninguno de los países adyacentes les han querido admitir, como exiliados del horrendo ataque israelí.

    Es un teatro desvergonzado para enmascarar la verdadera pulsión antisemita, y por tanto despreciable, que guía todos los actos de estos defensores de la nada.

  2. Flanker

    Am Israel Jai.

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