Las redes sociales son un fabuloso foro de debate en el que algunas personas proyectan su incapacidad para respetar a los demás.
Igual que ocurre fuera de la red, algunas personas carecen de las habilidades y los argumentos más básicos para sostener un debate argunentado, y ante los lógicos efectos que eso provoca a la hora de confrontar sus opiniones con los demás (por ejemplo, quedar en ridículo), hay quienes toman un atajo peligroso: el acoso a quienes no opinan como ellos. Ese acoso incluye con frecuencia no sólo los insultos, difamaciones y calumnias contra la persona acosada, sino también la publicación de información personal para que la víctima se sienta amedrentada y opte por la autocensura para evitar más problemas.
Creo que obvia decirlo, pero quienes deciden acosar a otras personas porque son incapaces de responder sus argumentos están demostrando ser gente despreciable e intolerante, que odia la libertad de expresión, que no admite que haya opiniones distintas a las suyas y que pretende obligar a los demás a suscribir sus puntos de vista o cerrar la boca. Una sociedad democrática no puede consentir comportamientos así, y tolerarlos es avanzar hacia la ley de la selva.
Quienes se dedican al acoso digital demuestran no tener escrúpulos morales. Son malas personas que cree que el fin justifica los medios y que las normas de convivencia propias de una sociedad civilizada no rigen para ellos. Esa clase de personas suelen acosar aprovechándose de la ventaja de que sus víctimas no sean como ellas. Un acosador siempre se sentirá más fuerte cuanto mejor persona sea la víctima acosada, en la creencia de que ésta no se vengará. El problema para esa gente malvada es que un acosador siempre corre el riesgo de acabar topándose con una víctima que sea tan mala como él o incluso peor.
Yo no espero convencer por las buenas a quienes actúan como unos totalitarios, pero creo necesario lanzarles una advetencia, por el bien de la sociedad. En condiciones normales, una persona que expresa sus opiniones de forma respetuosa en la red tiene el aliciente del escrutinio público para actuar correctamente. Si dice algo malo o comete una injusticia, esa persona sabe que su prestigio y su credibilidad se pondrían el riesgo. Sin embargo, cuando una campaña de acoso tiene éxito, la víctima suele pasar a ocupar un sitio discreto y en la sombra. Lo que antes era una persona que dedicaba su tiempo a ofrecer argumentos y a cuidar su reputación es ahora una persona con mucho tiempo libre y que ya no actúa a la vista de todos.
Imaginemos lo que una persona así puede llegar a hacer si resulta ser tan mala o incluso peor que sus acosadores, o si simplemente el acoso le ha dejado una huella psicológica que se traduce en una obsesión por hacer justicia por su cuenta con los acosadores. Cuanto más se extienden las prácticas de acoso en las redes sociales, más probable es que alguna víctima de acoso acabe siendo así y que de repente los acosadores pasen a ser el objetivo de una represalia que ni siquiera verán llegar. Éste es el riesgo que las personas malvadas corren al pisotear las normas de convivencia y dedicarse al acoso. Creen que amenazar la vida privada de una persona buena es lo correcto si ellos ganan, y al hacerlo olvidan que ellos también tienen una vida privada que puede verse amenazada por actitudes como las suyas, procedentes de quienes han sufrido sus despreciables actos.
Así pues, cada vez que empieza un acoso, se pone en marcha un reloj que el acosador no ve: el que indica el tiempo que ese acosador puede pasar desde que inicia sus intentos de amedrentar a una persona hasta que esos intentos se vuelven contra él. Si hablamos de acoso por extremismo político, la cosa empeora, pues los acosadores posiblemente están fabricando nuevos extremistas (sus actuales víctimas) y un entorno favorable a la venganza. En España ya tuvimos un claro ejemplo de ello: activistas de extrema izquierda que se dedicaron al acoso contra rivales ideológicos y acabaron sufriendo una respuesta con la misma moneda, y ahora se dedican a llorar porque si antes eran los acosadores, ahora son los acosados.
Obvia decir que esos acosadores que han pasado a ser víctimas no me dan ninguna pena, pero sus casos deberían servir de ejemplo para muchos: eso es a lo que te arriesgas cuando intentas amedrentar a otras personas con actitudes propias de la mafia. Al final, puede que acabes topando con personas tan mafiosas como tú. Por eso es importante respetar las normas básicas de convivencia, porque fuera de ellas lo que hay es algo que puede acabar provocando serios problemas a todos, también a las personas que dedicen no respetarlas.
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Foto: @lcaohoanq / Unsplash.
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Comentarios:
isanchezgil
De oídas, porque yo no tengo redes sociales, ni maldita la falta que me hacen; sí me gustaría decir que, al margen de las redes sociales y de toda la parafernalia existente, siempre ha habido, en todas las sociedades, matones y abusones que dan rienda suelta a sus bajísimos instintos como pueden: ahora, en la paz, en las redes sociales, o acosando a quienes no comulgan con ellos en las manifestaciones (recordad el acoso a los ciclistas de la Vuelta a España).
Y en la guerra, o a punto de declararse ésta, asesinando y robando lo que les viene en gana, el ejemplo más claro es nuestra pre- y guerra civil.
Siempre hay, y habrá, matones para esa infame tarea.
19:59 | 11/05/26
FaramirGL
Los socialistas son los matones, macarras y necios de siempre de los pueblos, que después se mudaron a los barrios y, ahora, tienen acceso a Internet.
La «ventaja» que ofrecen las RRSS a esta gentuza es el anonimato. Gracias a ellas pueden practicar sus actividades favoritas, como acosar, señalar y maltratar a otras personas.
Y se creen impunes. En parte, porque muchas de esas redes están dirigidas por socialistas fanáticos.
17:22 | 12/05/26
Elentir
El anonimato no es la ventaja de esos matones. En Twitter, los matones actúan con nombre y apellidos. El anonimato es la única defensa que tenemos contra esa gentuza, por eso Sánchez quiere acabar con él. Imaginemos lo que pasaría si todos estuviésemos obligados a publicar en las redes sociales con nuestro nombre y apellidos y nuestros datos personales fuesen más accesibles a esos matones. Pues eso es lo que Sánchez quiere.
8:53 | 13/05/26
El Peregrino Gris
En otras palabras: La violencia engendra violencia.
8:54 | 13/05/26
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