En términos ferroviarios, se podría decir que el gobierno de Pedro Sánchez lleva kilómetroas avanzando por una vía muerta.
Es un gobierno que sabe que tiene los días contados, porque todas las encuestas (menos las del CIS, controlado por el gobierno y que falsea sus resultados para complacer a Sánchez) pronostican una derrota histórica del PSOE. Un gobierno que se resiste a convocar elecciones a pesar de que ha sidop incapaz de aprobar ni un solo presupuesto en tres años, una situación inédita en nuestra democracia y que ahora ha dado paso al esperpento del incumplimiento del deber constitucional de presentar los presupuestos, porque Sánchez sabe que no tendrá apoyos.
Es un gobierno noqueado por los efectos de su propia incompetencia y cercado por los escándalos de corrupción, con casos que están sacando a la luz una trama propia de la mafia, que ya no sólo consiste en intentos de enriquecerse a costa de los contribuyentes (algo que ya habíamos visto en España en anteriores mandatos del Partido Socialista), sino también una campaña de acoso contra los jueces y guardias civiles que investigan esa corrupción política. Por menos de la décima parte de todo esto, en otros países europeos ya habría dimitido todo el gobierno. En España, Sánchez pretende resistir en el poder aunque el precio para hacerlo sea hundir el país.
El más claro ejemplo de esa política se está viendo desde hace días en una de las dos ciudades españolas del norte de África. Ceuta lleva desde el 30 de julio en una situación desesperada por la invasión migratoria marroquí y el abandono del gobierno de Pedro Sánchez, que no tuvo reparos en irse de vacaciones el 1 de agosto dando por falsamente cerrada esa grave crisis. La desidia del gobierno está provocando ya una revuelta interna en el PSOE de Ceuta y podría acabar rebajando todavía más los resultados socialistas en las próximas elecciones.
En medio de este desastre, el ministro de Transportes Óscar Puente retomó ayer sus ataques al Rey por el mero hecho de acceder a hacerse una foto con un periodista de derechas. Es un ejemplo de cinismo, teniendo en cuenta que Sánchez no tuvo reparos en hacerse fotos con los herederos de ETA hace 3 años, convirtiéndose en el primer presidente del gobierno de España que ha pactado su reelección con unos miserables que no condenan los crímenes perpetrados por esa banda terrorista. Como ya expuse aquí una semana, Óscar Puente no es más que la voz de su amo, Sánchez, un cobarde y un traidor a su país que no tiene reparos en organizar ataques contra el Jefe del Estado, pero que lleva años comportándose como el mayordomo del rey de Marruecos.
A estas alturas, la estrategia de Sánchez es clara: sus últimos cartuchos para intentar frenar una estrepitosa derrota socialista en las urnas son atacar al Rey y romper la convivencia. Tenemos un gobierno corrupto y que está provocando un caos sin precedentes en nuestras infraestructuturas, especialmente las ferroviarias, que se comporta servilmente hacia un país africano que está asaltando nuestras fronteras y que lleva años alimentando el antisemitismo y cediendo de todas las formas posibles ante los separatistas.
Sánchez pretende recurrir a la extrema izquierda y a la agitación para intentar salvar sus muebles y seguir disfrutando de los lujos del palacio de La Moncloa y de los aviones oficiales del Estado, de los que ha abusado más que ningún otro mandatatio español. Es un gobernante sin escrúpulos y ya ha dejado claro que el bienestar de los españoles y los intereses de España no le importan ni lo más mínimo. No tendría reparos en incendiar el país si con eso se asegura de seguir un día más en el poder, y eso es lo que pretende hacer en términos políticos. Algún día deberá responder ante la Justicia por todo lo que está haciendo.
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