En el siglo XIV, un infante español, Don Juan Manuel, nieto del Rey Fernando III de Castilla, escribió una historia que se hizo famosa.
Esa historia apareció en su libro "El conde Lucanor", escrito entre 1331 y 1335, concretamente en su Exemplo XXXII, titulado "Lo que sucedió a un rey con los picaros que hicieron la tela". La historia habla sobre tres truhanes que convencieron a un rey de que eran grandes maestros en hacer paños. Los estafadores dijeron al rey de que eran capaces de hacer una tela que sólo podría ser vista por quienes fuesen hijos legítimos de sus padres, y los demás serían incapaces de verla.
El rey creyó tener una oportunidad de averiguar cuáles de sus súbditos eran hijos de quienes debían ser sus padres. En realidad no había ningún traje. Todo era un engaño. Por fin, un día el rey organizó una gran fiesta y decidió lucir ese nuevo traje. Ningún súbdito se atrevió a decirle que no veía la tela, y el rey también evitó decir nada, para que no se cuestionase su honra. Así que para ir a la fiesta, el rey montó su caballo y recorrió las calles de la villa desnudo. No le importó porque era verano, y en la villa, donde se había corrido la voz de que el traje sólo era visible a los hijos de sus padres, nadie dijo nada por miedo a perder su honor.
Finalmente, el primero que se atrevió a decir la verdad al rey fue un hombre negro que le hacía de palafrenero. Sin importarle que su señor dudase de su honra, aquel hombre humilde y sencillo le dijo: "os digo que no soy ciego y vos desnudo vais". El rey le reprochó su falta de honra a su siervo, pero otros que oyeron sus palabras por fin se atrevieron a reconocer la verdad. Finalmente, el rey se dio cuenta del engaño, pero para entonces los truhanes ya habían escapado con el dinero que el monarca les había pagado por un traje inexistente.
Cinco siglos después de escribirse este relato, en 1837, el escritor danés Hans Christian Andersen escribió la versión más famosa de esta historia, titulada "El traje nuevo del emperador", basada en una traducción al alemán del cuento medieval español. En el relato de Andersen, el palafrenero negro es reemplazado por un niño, que se convierte en la voz atrevida que se atreve a gritar la verdad, con toda su inocencia, al paso de un emperador desnudo.
Este cuento es famoso en el mundo entero y es a menudo explicado a los niños y mayores como una fábula sobre los perniciosos efectos de la vanidad y de la adulación y sobre el valor que hay que tener a veces para afirmar lo evidente, cuando la verdad es negada por muchos en aras de intereses o motivaciones muy diversas.
Hoy en día, esa historia anima a muchos a preguntarse cómo se podría haber llegado a ese grado de miedo o de estupidez como para que un rey aceptase la existencia de un traje que era incapaz de ver y para que sus súbditos no se atreviesen a decir la verdad. En esta historia, todos nos vemos representados en la inocencia y valentía del niño (o en la versión original, del palafrenero negro) que finalmente se atreve a decir que el monarca está desnudo, que es algo que debería ser evidente para todos. Tristemente, esto sigue ocurriendo de otras formas.
Hoy en día, en el ámbito de la política, sigue existiendo un viejo vicio que es el culto a la personalidad, un vicio que se hace especialmente fuerte en aquellas sociedades donde los principios democráticos están siendo degradados para poner en su lugar liderazgos fuertes, pero no en el mejor sentido de la palabra liderazgo, sino en el peor: rodearse de aduladores incapaces de decir la verdad al líder por miedo a perder su favor, metiendo a grupos sociales en una espiral de irracionalidad que pasa por justificar cualquier cosa que el líder diga o haga, aunque eso contradiga los principios y las ideas que ese grupo decía defender.
Si alguien espera que dirija esta crítica a una ideología o partido en concreto, lamento defraudarle. Este vicio se ha extendido a casi todo el mapa político y a casi todo el espectro ideológico, impulsado por ese gregarismo que tantas cosas buenas tiene (la ventaja de no tener que aprender de cero toda la experiencia que la humanidad ha ido acumulando) pero que también conduce muchas veces a un cierto temor a contrariar al grupo en el que te sientes integrado, ya que allí donde no existe un sano debate de ideas -algo cada vez más escaso-, lo que aparece es la imposición de un pensamiento único y la marginación de cualquier voz crítica, por muy razonables que sean sus planteamientos.
En esta sociedad nuestra todos creíamos ser ese niño o ese palafrenero negro, pero a la hora de la verdad pocos se atreven a dar ese paso, porque en política tener el respaldo de un grupo numeroso de gente es mucho más cómodo y te ofrece muchas más ventajas que ser una voz solitaria, molesta y marginada, por mucho que esté cargada de buenas razones. Así es como triunfaron los movimientos autoritarios y totalitarios en el siglo XX, y así es como hoy la democracia se está degradando, otra vez con grandes masas dispuestas a aplaudir a un líder por muy absurdas e inmorales que sean las cosas que haga.
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Imagen: Ilustración de Vilhelm Pedersen (1820 - 1859) para "El traje nuevo del emperador" de Hans Christian Andersen.
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Comentarios:
AlbertoAG
Muchos que dicen que les gusta la libertad se acabaron convirtiendo en policías de los balcones durante los tiempos del Covid.
8:44 | 6/04/25
calatravo
Buenos días,
Efectivamente, no hace falta señalar. El que quiera entender, que entienda.
8:45 | 6/04/25
jorari71
Yo sé por qué lo escribes.
¿Para quién tiene que ser el mercado de EEUU? Para todos.
¿Para quién tiene que ser el mercado de cada uno del resto? Para todos.
¿Tú ves que eso se cumpla?
Yo no lo veo: yo veo que el mercado de EEUU debe ser para todos siempre y cuando los mercados del resto sean para todos. Si el mercado de EEUU es para todos pero el mercado de todos es para cada uno del resto, ¿cómo acaba EEUU? COLAPSANDO.
Si queremos tener un EEUU fuerte EEUU debe tener su mercado PARA ÉL (siempre y cuando le resto tenga su mercado para cada uno)
El libre mercado acabó en el momento en que todos protegieron su mercado con respecto al resto. Si EEUU no protege su mercado con respecto al resto una vez el resto lo ha protegido ¿cómo acaba EEUU? COLAPSANDO.
Así es que en eso estamos: O TODOS, O NINGUNO. Y yo lo veo bien.
Prefiero tener a un EEUU FUERTE que a un EEUU desaparecido y quien dirija todo sea Rusia, China o cualquier otra forma de gobierno global socialista o peor aún, islamista.
10:52 | 6/04/25
isanchezgil
El Conde Lucanor nos cuenta un cuento que se paree mucho a la tergiversacion del lenguaje a la que nos tienen acostumbrados estos woke: por ejemplo, el Seguro de Salud, es, en realidad, el Seguro de Enfermedad, pero no lo queremos llamar asi porque era su nombre en tiempos de Franco (que lo creo, porque antes no existia)
Igualmente, los que dicen que son de «izquierda» o bien no saben a que apuntaban los principios puros de la izquierda (vease Thomas Moore), o bien quieren engañar a los analfabetos de toda clase que pululan en nuestras sociedades; porque desde que Lenin se cargo todo lo que podia haber significado la izquierda (lucha frente al poder abusivo, ayuda a los desfavorecidos) la llamada Izquierda no ha vuelto a existir.
14:12 | 6/04/25
wladimir
es cierto…
esto es mas evidente en paises como el Reino de Putin o en la Corea del Norte de Kim…a ver quien se atreve a cuestionar las sagradas e icuestionabkes opiniones y decisiones de estos lideres?….
a ver si no van a perder su cabeza o la vida por atreverse a cuestionar al lider….
quisiera saber si en los Estados Unidos alguien se ha atrevido a cuestionar a Donald Trump y sus malas decisiones?…alguien se atrevera a hacerlo o no?…
11:47 | 7/04/25
AlbertoAG
isanchezgil, la izquierda siempre ha sido algo nefasto desde sus inicios, es decir, desde la Revolución Francesa. Aunque se presenten con supuestas buenas intenciones, siempre acaban llevando a las masas hacia la servidumbre. Por ejemplo, los jacobinos, que prometían libertad, igualdad y fraternidad y provocaron miles de víctimas mortales en pocos años, o los socialdemócratas, que prometían un bienestar generalizado y hoy en día se ve como nos van conduciendo hacia una dependencia cada vez mayor de un Estado que va controlando más y más aspectos de nuestras vidas a base de arrebatarnos vía impuestos cada vez más porcentaje de nuestro salario, de imponernos cada vez más trabas burocráticas para hacer cualquier cosa y de expropiar nuestros bienes en nombre de una abstracción llamada interés público.
12:41 | 7/04/25
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