Rusia sigue poniendo a prueba las tragaderas de aquellos derechistas que insisten en ver a Putin como un referente conservador.
Hace unos días, el presidente de la República Checa, Petr Pavel, que cuenta con el apoyo de la plataforma de centro-derecha Spolu, firmó una ley que penaliza la promoción del nazismo y del comunismo, en un nuevo intento de hacer frente a los movimientos totalitarios que intentan socavar la democracia desde dentro. Recordemos que en 1968 los tanques soviéticos aplastaron la Primavera de Praga, una revuelta democrática y pacífica contra la dictadura comunista instaurada por Moscú en Checoslovaquia. Los checos no han olvidado esa parte tan dolorosa de su pasado y a los opresores que les impusieron una dictadura y les negaron la libertad durante décadas.
El que sí parece querer que los checos olviden ese momento terrible de su pasado es el Kremlin. Ayer, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa rechazó esa ley checa afirmando que es una "una maniobra revanchista de derecha" siguiendo "las directivas de Bruselas de distorsionar la historia". Como si vetar a un movimiento totalitario que ha matado a más de 100 millones de personas fuese "distorsionar".
Hay que recordar que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ya condenó los crímenes del comunismo en 2006, mediante su Resolución 1481. En aquella sesión, Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin, votó en contra de la condena. La situación se repitió 13 años después, en 2019, cuando el Parlamento Europeo condenó los crímenes del nazismo y del comunismo, una resolución criticada por Vladimir Putin, que la calificó como "el colmo del cinismo".
En respuesta a esas condenas, en 2021 Putin penalizó en Rusia cualquier intento de equiparar al nazismo con el comunismo. Esto no debería ser ninguna sorpresa para quienes hayan seguido la trayectoria de ese dictador. Recordemos que Putin fue un oficial de inteligencia del KGB, la siniestra policía política soviética. Como presidente de Rusia, se ha dedicado a deshacer las reformas democráticas implementadas por Boris Yeltsin, movido por la nostalgia de la URSS.
En junio de 2017, Vladimir Putin dijo que demonizar al dictador y genocida Stalin es "una forma de atacar a la Unión Soviética y a Rusia". En enero de 2018, Putin equiparó el comunismo con el Cristianismo, comparando la momia de Lenin con las reliquias de los santos y afirmando que "la ideología comunista es muy parecida al cristianismo. La libertad, la hermandad, la fraternidad, la justicia… todo esto aparece en las Sagradas Escrituras". En la invasión de Ucrania, los rusos están instaurando símbolos soviéticos (como banderas comunistas y estatuas de Lenin) en las ciudades ocupadas.
Además de eso, Putin tiene como principales aliados a las dictaduras comunistas y socialistas de China, Cuba, Corea del Norte, Venezuela y Nicaragua, unos gobiernos antidemocráticos de extrema izquierda que violan los derechos humanos. Así pues, es normal que el dictador ruso se enfade con la República Checa por vetar la ideología totalitaria que Putin ensalza, pues a fin de cuentas, es una vía menos que tendrá el Kremlin para intentar destruir la democracia checa desde dentro. Lo imcomprensible es que haya gente de derechas que apoye a ese dictador, que es un nostálgico de la URSS.
---
Foto: Sputnik.
|
No te pierdas las novedades y contenidos que te interesan. Únete gratis a Contando Estrelas en Telegram: Pulsa aquí para unirte |
Comentarios:
AlbertoAG
A todo el que diga que cristianismo y comunismo tienen mucho en común, habría que recordarles lo que dijo Juan Donoso Cortés acerca del socialismo:
«El socialismo no es fuerte sino porque es una teología satánica»
14:31 | 25/07/25
Opina sobre esta entrada: