Yo vivo en una ciudad en la que las palomas tienen buen gusto y mucha clase. Puestas a elegir, optan por sitios elegantes para descansar.
El 2 de octubre estaba con mi cámara en la calle Policarpo Sanz, en el centro de la ciudad, esperando a que empezase el desfile del Día de la Policía. De repente vi que en un edificio de la fachada meridional de la calle había una paloma durmiendo. Hace tiempo que no me dedicaba a la fotografía artística, así que vi una oportunidad en esa pequeña ave.
Siempre me hace gracia ver como duermen las palomas. Buscan un sitio tranquilo y encogen el cuello, convirtiéndose en una tranquila bola de plumas. A veces las vemos así en el balcón de mi casa, señal de que no debemos ser vecinos muy molestos para ellas.
Entonces me di cuenta de que esta paloma durmiente estaba acompañada. Había otras dos cerca, también dormidas, en la cornisa de la ventana más cercana. Ya pasaban de las 12:00 del mediodía. Tal vez las palomas se fueron de juerga la noche anterior y estaban de resaca.
Girando el objetivo de mi cámara vi entonces que había cinco palomas en el mismo piso. Todas estaban durmiendo en las cornisas de las ventanas, inmóviles, como si fuesen parte de esos antiguos adornos.
Entonces recorrí con mi objetivo los pisos superiores y los edificios adyacentes. No había palomas en ellos. Esas cinco dormilonas fueron a elegir el piso con las cornisas más elegantes. El edificio de la derecha es de piedra, pero no es tan bonito, y el edificio del Banco de Santander es horroroso. Por lo que parece, en Vigo tenemos palomas con gusto por la elegancia a la hora de dormir. Aunque el piso sea más bajo y más ruidoso para ellas, prefieren una cornisa bien adornada que una ventana que resulte sosa y sin gracia.
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