El uso de la violencia con fines políticos es una tentación en la que los totalitarios siempre caen para obtener ventajas.
Lo que algunos parecen olvidar es que la violencia política suele ser un búmeran que se vuelve contra quienes lo lanzan. Hagamos memoria. Hace 12 años, la izquierda española lanzó una ola de actos de acoso contra rivales políticos, unos delitos que blanqueaban calificándolos como "escraches". Políticos del Partido Popular vieron como activistas de izquierdas se dedicaron a acosarles en sus hogares y en algunos casos incluso les lanzaron amenazas de muerte. Unos años más tarde, en mayo de 2020 y ya desde el gobierno de Pedro Sánchez, el entonces vicepresidente segundo y líder de Podemos, el comunista Pablo Iglesias Turrión, amenazó a los diputados de la oposición con nuevos actos de acoso contra sus hogares, una actitud propia de la mafia.
Esa estrategia de la extrema izquierda no era nueva: es la misma deshumanización de los rivales políticos llevada a cabo por comunistas y nazis en el siglo pasado, una forma de romper la convivencia que no sólo pretendía amedrentar a sus rivales políticos: su propósito final era justificar la eliminación física del adversario. En España tenemos un ejemplo muy reciente de a qué extremo se puede llegar con esa forma criminal de entender la política: ahí están los 853 asesinatos de ETA (incluidos los asesinados de 22 niños y bebés), unos crímenes que hoy en día siguien sin ser condenados por EH Bildu, uno de los aliados parlamentarios del gobierno de Pedro Sánchez.
Ayer, como tiene por costumbre, la ultraizquierda política justificó abiertamente a los delincuentes encapuchados que el miércoles hirieron a un periodista y cuatro policías en Pamplona. En un mensaje publicado ayer por la tarde en su cuenta de Twitter, la comunista Ione Belarra, secretaria general de Podemos, escribió:
"Han hecho más y mejor los antifascistas en Navarra por pararle los pies al odiador Vito Quiles que todo el PSOE, especialmente la presidenta del Congreso, y los que le ríen las gracias. El fascismo no es una broma y hay que detenerlo en todas partes antes de que sea tarde".
Una hora más tarde, la comunista Irene Montero, eurodiputada de Podemos, afirmaba:
"El movimiento antifa -lleno de jóvenes, por cierto- está asumiendo el principal deber ciudadano de nuestro tiempo: hacer de las universidades y las calles espacios seguros libres de fascismo".
Esto es justificar y alentar la violencia, algo intolerable en una democracia y más aún cuando hablamos de dos personas que cobran sueldos públicos pagados por todos los españoles, entre ellos los que fueron agredidos por esa horda de delincuentes a los que Podemos elogia. Hace un mes y medio ya expliqué aquí que la Ley de Partidos Políticos señala lo siguiente en Artículo 9.2:
"Un partido político será declarado ilegal cuando su actividad vulnere los principios democráticos, particularmente cuando con la misma persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante alguna de las siguientes conductas, realizadas de forma reiterada y grave:" (...)
"b) Fomentar, propiciar o legitimar la violencia como método para la consecución de objetivos políticos o para hacer desaparecer las condiciones precisas para el ejercicio de la democracia, del pluralismo y de las libertades políticas".
Si la Fiscalía no actúa de inmediato contra esos mensajes de esas dos dirigentes de Podemos, si se otorga impunidad a la extrema izquierda para cometer un delito (instigar la violencia) castigado con hasta cuatro años de prisión y que está tipificado en el Artículo 510 del Código Penal, entonces el gobierno -que es el que da órdenes a la Fiscalía en el caso de España- será el responsable de todos los daños provocados por esa violencia, tanto política y moralmente como en el ámbito penal.
Para terminar, Podemos parece haber olvidado lo que sus fundadores provocaron alentando el acoso contra sus rivales: cuando llegaron al gobierno, las protestas llegaron a sus hogares, llevadas a cabo por personas que no olvidaban que Pablo Iglesias había calificado los "escraches" como "jarabe democrático". Sólo dejaron de gustarle cuando él y su pareja Irene Montero empezaron a sufrirlos ante el lujoso chalet que se compraron en Galapagar.
La extrema izquierda sigue sin aprender una lección de la historia: la violencia política siempre se vuelve contra sus instigadores. Hay multitud de ejemplos, pero los comunistas de Podemos parecen no haberse enterado todavía de nada de eso. Por supuesto, la violencia que la extrema izquierda alienta ahora acabará volviéndose contra ella, porque cada vez que la instigan, cada vez que sus bandas violentas acosan, amenazan y agreden a otras personas por tener opiniones distintas, el mensaje que están lanzando es que la violencia es un método legítimo para lograr objetivos. Bastará con decir, por ejemplo, que los "fascistas" son los de Podemos para que unos "antifascistas" actúen contra ellos (a fin de cuentas, en términos democráticos no hay nada más parecido a un nazi que un comunista). Después no vengáis con lloros.
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Imagen principal: Podemos. Irene Montero, secretaria política y eurodiputada de Podemos, e Ione Belarra, secretaria general y diputada nacional de Podemos, en una manifestación contra Israel el 20 de junio de 2025.
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Comentarios:
Cartafilo
«No he venido a traer paz, si no espada.» San Mateo 10:34-37
Ellos justifican con su enrevesada retórica la violencia incluso dentro de tu propia familia. ¿Por qué no deberíamos responder con la misma cantinela? Cualquier respuesta parecerá pobre tras tantos años de opresión.
11:40 | 1/11/25
isanchezgil
La existencia de los artículos del Código Penal y de la Ley de Partidos Políticos, actualmente en vigor, nos lleva a preguntarnos por qué no se toman las medidas que se prevén inmediatamente.
Debería ser una actuación inmediata, llevada a cabo por la Fiscalía, o la Policía. Deberían actuar de oficio. Debemos preguntarnos por qué no lo hacen.
19:40 | 1/11/25
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