Nunca explicó ni puso título a sus macabras obras de motivos fantásticos

Zdzisław Beksiński, el artista polaco que quiso fotografiar sueños y pintó pesadillas

EngPol Dom 21·12·2025 · 20:38 1

Polonia es un país que en el siglo XX se dio brutalmente desgarrado por los dos grandes totalitarismos: el nazismo y el comunismo.

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Algunas personas atribuyen a esa experiencia las obras de un artista polaco absolutamente inclasificable: Zdzisław Beksiński. Conocí su obra hace ocho años, buscando una imagen para un artículo que a algunos les debió parecer tan extraño como sus obras.

Beksiński nació el 24 de febrero de 1929 en Sanok, una pequeña ciudad del sureste de Polonia. Cuando tenía diez años, el 1 de septiembre de 1939 la Alemania nazi invadió la parte occidenetal de su país. El 17 de septiembre, la Unión Soviética invadió la parte oriental. Todo había sido pactado previamente entre ambas dictaduras.

Como les ocurrió a muchos otros niños polacos, Beksiński tuvo que desarrollar sus estudios en la clandestinidad, ya que los alemanes prohibieron la educación en Polonia. Los nazis consideraban "subhumanos" a los polacos y se negaban a que recibiesen una instrucción escolar que no fuese lo más básica posible.

Además de las atrocidades que todos los polacos contemplaron durante aquella guerra, la invasión alemana dejó una huella imborrable en el cuerpo de Beksiński: perdió el dedo índice de su mano izquierda y parte del dedo pulgar cuando jugaba con munición sin detonar.

Después de la guerra estudió en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Tecnológica de Cracovia, obteniendo su título como ingeniero arquitectónico en 1952. Cuando estaba cursando esta carrera se casó con Zofia Helena Stankiewicz, con quien tuvo un solo hijo, Tomasz, que acabó siendo un conocido locutor radiofónico.

Inicialmente Beksiński trabajó como diseñador en la empresa de autobuses Autosan, en Sanok, su localidad natal, destacando por creaciones muy originales para carrocerías, decoración y logotipos. Sin embargo, sus diseños eran tan innovadores que ninguno llegó a producirse. En septiembre de 1977 se mudó con su familia a Varsovia.

Beksiński empezó su experiencia en el mundo del arte como dibujante. Más adelante, a finales de la década de 1950, probó con la fotografía, haciendo montajes algo desconcertantes, como su famoso autorretrato de 1956. Finalmente optó por la pintura como el mejor medio de echar a volar su poderosa imaginación. Fue esta modalidad artística la que acabó haciéndole famoso.

Se dice que Beksiński no soportaba el silencio y siempre pintaba escuchando música clásica. El género que solía elegir para esos momentos era el neorromanticismo, que tiene en un famoso músico polaco, Frédéric Chopin, a su más famoso representante. El Museo Histórico de Sanok conserva más de 1.500 CDs de Beksiński, incluyendo obras de Chopin, Liszt, Grieg, Dvorak, Bruckner, Shostakovich y Górecki. Por lo visto, sus músicos favoritos eran el neorromántico checho Gustav Mahler y sobre todo el soviético-alemán Alfred Schnittke, un compositor de origen judío, que se convirtió al Cristianismo al final de su vida y con un estilo muy variado y notables influencias místicas.

Zdzisław Beksiński nunca explicó el significado de sus desconcertantes obras, a las que nunca puso un título y sobre la que afirmaba: "Ja nic nie chce powiedzieć, ani niczego przekazywać. Maluję to, co przychodzi mi do głowy" (No quiero decir ni transmitir nada. Pinto lo que me viene a la mente). Se dedicó a la pintura de motivos fantásticos, con cuadros que parecían marcados por la terrible experiencia vivida por Polonia en el siglo XX.

En una ocasión se limitó a decir: "Pragnę malować tak, jakbym fotografował sny" (Quiero pintar como si fotografiara sueños). Es de las muy escasas explicaciones que quiso dar sobre su obra.

Sin embargo, lo que Beksiński pintaba más bien parecían pesadillas. Sus obras muestran figuras monstruosas, seres que parecen torturados y paisajes sacados de un mundo fantástico pero más cercano a Mordor que a Lothlórien, aunque hasta los orcos de Sauron se habrían asustado al ver algunas creaciones de este artista polaco.

Beksiński rompió todo lazo con cualquier estilo artístico conocido, y en la década de 1990 se limitó a calificar su forma de pintar con una palabra: "barokowy" (barroco). Una palabra tal vez apropiada para definir un estilo visual figurativo y muy detallista, que recuerda bastante a la obra del artista suizo Hans Rudi Giger, plasmada en las películas nortamericanas de la serie "Alien".

Sus últimos años fueron tan desgarradores como su obra. Su esposa, Zofia, falleció a causa de un aneurisma de aorta el 22 de septiembre de 1998. Su hijo, Tomasz, se suicidó ual año siguiente, el 24 de diciembre de 1999, el día de Nochebuena, con una sobredosis de drogas. Beksiński fue quien descubrió el cuerpo se su hijo.

Algunos dicen que a causa de ello la obra de Beksiński estaba "maldita", pero la realidad es que ya llevaba varias décadas pintando cuadros grotescos, a pesar de lo cual siempre fue un hombre de buen humor y de trato afable.

El final de Beksiński llegó de forma muy violenta unos días antes de cumplir 76 años. En la noche del 21 al 22 de febrero de 2005 fue apuñalado en su apartamento de Varsovia. Robert Kupiec, de 19 años e hijo de un hombre que cuidó de Beksiński durante años, fue declarado culpable del asesinato, supuestamente porque el pintor no quiso prestarle dinero.

Hoy en día, algunas decenas de sus obras pueden verse en algunos museos de Polonia, como el Museo Histórico de Sanok (al que el autor legó la mayor parte de su obra en su testamento) la Galería de Arte Municipal de Częstochowa, el Museo Nacional de Wrocław, el Centro Cultural Nowa Huta de Cracovia e incluso el Museo de la Arquidiócesis de Varsovia. Desde 2023 su obra también está disponible en el sitio web Archiwum promocji sztuki Z. Beksińskiego (Archivo de Promoción del Arte Zdzisław Beksiński).

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Comentarios:

  1. isanchezgil

    Beksinski pintor, casi contemporáneo del italiano Luziano Minguzzi, e impactados ambos por la Segunda Guerra Mundial. Sus obras más terribles se pueden datar a partir de los años 50. Tanto estas horribles imágenes de Beksinski como la Puerta del Bien y del Mal del Vaticano (1970-77), son el legado de la reacción de quienes han sufrido la barbarie nazi y no se la pueden quitar de la cabeza.

    Es un arte no bello, sino provocador, para que nadie olvide la maldad que puede existir en seres humanos que, aparentemente, son civilizados.

    Es curioso que tanta gente haya visitado el Vaticano y salgan hablando que si Miguel Angel, que si Bernini, y no se hayan parado a mirar las cinco puertas de bronce, cada una una obra de arte en sí misma, aunque la del Bien y del Mal deja un recuerdo estremecedor.

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