La Alemania de Hitler tentó al comunista Stalin con su común antiliberalismo

Les unió el odio a la democracia: un revelador telegrama sobre el pacto nazisoviético de 1939

Hoy, 1 de septiembre, se cumplen 81 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial, una contienda que estalló en 1939 con la invasión de Polonia por Alemania y la URSS.

El desfile conjunto nazisoviético de 1939 en Polonia que algunos niegan, en vídeo
Así es como el Partido Comunista de España justificó la invasión nazi-soviética de Polonia

Un pacto con el que Hitler y Stalin se repartieron cinco países

Esa invasión conjunta de Polonia fue posible por la firma de un pacto entre Alemania y la URSS el 23 de agosto de 1939, que incluía un protocolo secreto por el que Hitler y Stalin se repartieron Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia. Uno de los puntos que aún hoy desconcierta a mucha gente es cómo pudieron firmar ese pacto dos potencias antagónicas como la Alemania nazi y la Unión Soviética. Recordemos que tras su llegada al poder, Hitler ilegalizó el Partido Comunista de Alemania, mientras Stalin se dedicaba a promover el antifascismo en Europa. Así mismo, Alemania y Japón habían firmado en 1936 el Pacto Anti-Comintern, contra la Internacional Comunista dirigida desde Moscú por Stalin.

Stalin asistiendo a la firma del Tratado de Amistad Germano-Soviético el 28 de septiembre de 1939, tras el comienzo de la invasión germano-soviética de Polonia. Ese tratado fue la continuación del Pacto Ribbentrop-Mólotov del 23 de agosto de 1939 que dio lugar a esa invasión (Foto: National Archives & Records Administration).

Una relación que cambió con el cese de un ministro soviético de origen judío

Las asperezas entre Alemania y la URSS empezaron a limarse con el cese del ministro soviético de Exteriores Maxim Litvinov, un lituano de ascendencia judía, el 3 de mayo de 1939, y su sustitución por Viacheslav Molotov. El cese del ministro causó sorpresa en toda la esfera diplomática, pues Litvinov estaba en plenas negociaciones con los británicos, con quienes mantenía una buena relación. El 4 de mayo, la Embajada alemana en Moscú informaba a Berlín con un mensaje en el que señalaba: “La decisión aparentemente está relacionada con el hecho de que surgieron diferencias de opinión en el Kremlin sobre las negociaciones de Litvinov. La razón de las diferencias de opinión probablemente radica en la profunda desconfianza que Stalin alberga hacia todo el mundo capitalista circundante”. El mensaje de la Embajada alemana añadía una curiosa observación en línea con el antisemitismo del Partido Nazi: “Se considera que Molotov (no judío) es “el amigo más íntimo y el colaborador más cercano” de Stalin”.

El telegrama 175: un mensaje que apelaba al común rechazo por la democracia

A partir de ahí, la relación entre la diplomacia alemana y la soviética se hizo más fluida, como demuestran las transcripciones publicadas por el Proyecto Avalon de la Universidad de Yale, que incluyen comunicaciones entre la diplomacia alemana y también entre distintos estados. Una de esas comunicaciones, sin duda la que marcó un antes y un después en las relaciones germano-soviéticas, fue el telegrama 175 enviado el 14 de agosto de 1939 por Joachim von Ribbentrop, ministro alemán de Exteriores, al embajador alemán en Moscú, Friedrich-Werner von der Schulenburg, un hombre que acabaría siendo ejecutado el 10 de noviembre de 1944 por su implicación en el Círculo de Kreisau, un grupo de la resistencia antinazi alemana.

Un oficial alemán y uno soviético se dan la mano al encontrarse sus respectivas fuerzas en la localidad polaca Brześć Litewski (hoy Brest-Litovsk, en Bielorrusia) en septiembre de 1939.

En ese telegrama, Ribbentrop pedía al embajador alemán que visitase a Molotov y le comunicase un mensaje que empezaba así: Las contradicciones ideológicas entre la Alemania Nacionalsocialista y la Unión Soviética fueron en los últimos años la única razón por la que Alemania y la U.R.S.S. se opusieron entre sí en dos campos separados y hostiles. Los desarrollos del período reciente parecen mostrar que las diferentes perspectivas del mundo no prohíben una relación razonable entre los dos estados y el restablecimiento de la cooperación de un tipo nuevo y amistoso. El período de oposición en política exterior se puede acabar de una vez por todas y se abre el camino para un nuevo tipo de futuro para ambos países”. Tras repasar la política exterior de ambos países y sus desencuentros, en el punto 5º del mensaje Ribbentrop planteaba a Molotov un denominador común entre nazis y soviéticos:

“El gobierno del Reich y el gobierno soviético deben, a juzgar por toda la experiencia, considerar seguro que las democracias occidentales capitalistas son los enemigos implacables tanto de la Alemania nacionalsocialista como de la URSS. Hoy están intentando de nuevo, mediante la conclusión de una alianza militar, llevar a la U.R.S.S. a la guerra contra Alemania. En 1914 esta política tuvo resultados desastrosos para Rusia. Es el interés imperioso de ambos países evitar para todo el futuro la destrucción de Alemania y de la U.R.S.S., lo que beneficiaría solo a las democracias occidentales”.

El mensaje del ministro alemán no era casual: Ribbentrop sabía que nazis y comunistas tenían en común su rechazo al liberalismo y al capitalismo. De hecho, gran parte de los mensajes antisemitas del Partido Nazi identificaban a los judíos como banqueros y millonarios, como si fuesen la personificación de una avariciosa clase alta, una visión que coincidía con el panfleto antisemita “Sobre la cuestión judía” escrito por Karl Marx.

El régimen comunista se sintió encantado con el amistoso mensaje alemán

Alguien que ignore los hechos históricos ocurridos poco después pensará, al leer esto, que Molotov y Stalin no se dejaron engañar por el descarado anzuelo lanzado por los nazis. No fue así. Antes bien, Schulenburg envió un telegrama urgente de respuesta a Ribbentrop el 15 de agosto, tras verse con el ministro soviético de Exteriores: “Molotov recibió con gran interés la información que se me había autorizado a transmitir, la calificó de sumamente importante y declaró que la comunicaría a su Gobierno de inmediato y me daría una respuesta en breve. Ya pudo afirmar que el Gobierno soviético acogió con entusiasmo las intenciones alemanas de mejorar las relaciones con la Unión Soviética y, en vista de mi comunicación de hoy, ahora cree en la sinceridad de estas intenciones”. Es más, Molotov propuso de forma inmediata “un pacto de no agresión o algo similar”, según comunicó el embajador alemán. Es decir, que los soviéticos estaban encantados con el mensaje de amistad enviado por el Tercer Reich.

Una caricatura publicada por la prensa de la época, presentando el pacto entre Alemania y la URSS como un matrimonio entre Hitler y Stalin.

La diplomacia soviética ya había contactado con la Italia fascista

En un memorándum más amplio enviado a Berlín el 16 de agosto, Schuleburg comunicó que en su reunión con el ministro soviético, Molotov le confesó que a finales de junio, la delegación diplomática de la URSS en Roma ya había mantenido una reunión con el ministro de Exteriores de Italia, Galeazzo Ciano, y que éste ya les había dicho que había “un plan alemán en marcha que tenía como objetivo una mejora decisiva en las relaciones germano-soviéticas”, y que ya entonces se había planteado la posibilidad de suscribir “un pacto de no agresión con la Unión Soviética”. Es decir, que la URSS no sólo estaba en conversaciones con la Alemania nazi, sino también con la Italia fascista. Y eso mientras numerosos comunistas seguían considerando a Moscú como el más firme bastión del antifascismo…

Tras la firma del pacto entre Alemania y la URSS, el 25 de agosto de 1939 Hitler envió una carta a Mussolini explicando la razón de ese acuerdo. El dictador italiano la contestó ese mismo día con otra misiva en la que le decía: “Con respecto al acuerdo con Rusia, lo apruebo completamente. Su Excelencia el mariscal Goring les dirá que en la discusión que tuve con él el pasado mes de abril dije que era necesario un acercamiento entre Alemania y Rusia para evitar el cerco de las democracias”. Es decir, que Mussolini también era partidario de ese pacto entre la dictadura nacional-socialista y la dictadura comunista para hacer frente a los países democráticos.

El ministro soviético de Exteriores, Molotov (izquierda), saludando a su homólogo alemán, Ribbentrop, en una visita a Berlín el 14 de noviembre de 1940 (Foto: Bundesarchiv).

Los efectos del pacto germanosoviético en los partidos comunistas

Lo que estos documentos demuestran, al fin y al cabo, es que el supuesto antagonismo entre el nazismo y el comunismo no es tan profundo como muchos imaginan, hasta el punto de que su común odio a la democracia acabó pesando más que sus diferencias. Prueba de ello es que unos meses después, en febrero de 1940, Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, defendió la invasión nazisoviética de Polonia desde un periódico del Partido Comunista de España, en un infame artículo plagado de mentiras en el que atacaba al “imperialismo inglés y francés” y llamaba “fascista” a Polonia, una democracia recién invadida por dos dictaduras aliadas.

Unos meses más tarde, el Partido Comunista de Francia se lanzaba a sabotear el esfuerzo bélico francés contra la invasión alemana de su país, para después intentar alcanzar acuerdos secretos con los ocupantes. Una actitud que sólo cambió cuando Alemania invadió la URSS en junio de 1941, una invasión que sorprendió a Stalin, confiado como estaba en su alianza con Hitler.

Foto principal: Soldados alemanes y soviéticos confraternizando en Brest, donde sus fuerzas se encontraron durante la invasión conjunta de Polonia (foto coloreada por Mirek Szponar).

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