Una pendiente resbaladiza que amenaza otros derechos fundamentales

El aborto y el riesgo que su normalización conlleva para una sociedad democrática

Eng Dom 28·12·2025 · 9:47 4

Hay personas que creen que una democracia consiste en votar a los gobernantes cada cuatro años, pero hay mucho más.

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Una democracia también implica la independencia judicial y la protección de los derechos individuales. Es el motivo por el que los países democráticos se han dotado de constituciones o leyes fundamentales para garantizar los derechos asociados al ser humano por su propia condición. Esos derechos incluyen la libertad de expresión, la libertad religiosa, el derecho de reunión, la libertad de pensamiento, la libertad de educación y la libertad de asociación, entre otros.

El más básico de todos los derechos fundamentales es el derecho a la vida. Sin él, todos los demás derechos quedan amenazados. En una sociedad en la que la propia vida está amenazada, la existencia de la democracia también lo está. Por supuesto, al igual que el resto de derechos fundamentales, el derecho a la vida está asociado a la dignidad humana, a nuestra condición de seres humanos. No es una condición que se adquiere por un capricho de los gobernantes o por un mero acuerdo político. Es una condición vinculada a la vida desde sus inicios.

La ciencia ha demostrado que la vida humana empieza en el momento de la concepción, que es cuando un ser humano adquiere una identidad genética distinta de la de sus padres, una identidad que conservará hasta el momento de su muerte. El momento del parto no supone un cambio sustancial en un ser humano: no es en ese momento cuando empezamos a ser humanos, sino que es el momento en el que pasamos de crecer en el vientre materno a crecer fuera de él. Tras el parto, un bebé sigue dependiendo de su madre (o de las personas adultas que cuiden de él, en caso de que la madre fallezca).

Algunos sostienen la aberrante idea de que es legítimo matar a cualquier ser humano en el comienzo de su vida, por el mero deseo de su madre, estableciendo esa relación de dependencia como una razón suficiente para imponer una sentencia de muerte a un ser humano inocente por el mero hecho de no ser deseado. Se trata de un tipo de condena que las leyes de la amplia mayoría de los países democráticos han abolido incluso para los criminales más peligrosos porque la pena de muerte es irreversible: si se aplica por error, no hay forma de devolver la vida al reo. Es alarmante ver que una garantía que se ofrece a los condenados por los peores crímenes, el principio jurídico del "in dubio pro reo", no se otorga a seres humanos que ni siquiera han tenido la oportunidad de cometer ningún mal.

Especialmente grave es observar que los promotores del aborto han recurrido sistemáticamente a la mentira al afirmar que un bebé en edad prenatal no es un ser humano e incluso ni siquiera merece ser calificando como un ser vivo, algo que la ciencia demuestra que es rotundamente falso. Sobre esa mentira se han creado leyes que califican el aborto como un derecho, aplicando una pena de muerte sin juicio ni sentencia contra los más inocentes e indefensos. De esta forma se está violando sistemáticamente el más básico de los derechos humanos, ese derecho que es el pilar en el que se asientan los demás derechos y libertades asociados a nuestra condición humana.

Hay personas que creen que en una sociedad democrática puede ocurrir algo así sin que haya consecuencias. No es verdad. Como estamos viendo desde hace años, las mismas sociedades que han legislado contra los derechos de los bebés por nacer ahora están sometiendo a asedio a otros derechos como la libertad religiosa, la libertad de expresión, la libertad de educación y la propiedad privada. Era algo previsible. La violación masiva del derecho a la vida que implica la legalización del aborto ha abierto la caja de Pandora del autoritarismo.

En 1994, Santa Teresa de Calcuta ya advirtió en un histórico discurso en Washington DC: "Cualquier país que acepte el aborto, no le enseña a su gente a amar, sino a utilizar la violencia para recibir lo que quieran. Es por esto que el mayor destructor del amor y de la paz es el aborto". De momento, y con el consentimiento de muchos, la normalización del aborto ha sido el punto de partida de una pendiente resbaladiza que amenaza otros derechos fundamentales y que, con ello, amenaza también la supervivencia de la propia democracia.

Por ello, defender la vida frente a la atrocidad del aborto provocado no sólo es oponerse a un acto cruel e injusto que impone la pena de muerte a seres humanos inocentes e indefensos: es también una causa democrática, porque cualquier sociedad libre está amenazada desde el momento en el que matar a inocentes se considera algo legítimo. Es algo que debemos tener presente todos los días, pero especialmente hoy, que recordamos la Matanza de los Inoncentes en Belén.

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Imagen: Me & Folly Cartoons.

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Comentarios:

  1. Muchas gracias Electir por tu post en el que sigues de forma decidida a defender la vida de los más inocentes. Se hace obligado actualmente que prospere en nuestra cultura la idea de que los concebidos tienen derecho inalienable a nacer. Como ciudadanos solo nos queda exigir a los partidos políticos que de forma clara definan su postura al respecto para que podamos votarles o no en conciencia.

  2. Maria

    Últimamente estoy oyendo a muchos, y desde distintos partidos políticos, proclamar con efervorecida indignación cada vez que se cuestiona algo relativo al aborto: «aún con esas, pero si es una cuestión/debate ya superada». A mí esto me saca de quicio. Hay que ver qué forma más falsa, retorcida y asquerosa se han buscado los más «demócratas» del mundo de intentar acallarnos. Lo peor es que mucos pican.

  3. Jandro

    Pues ahí estamos nosotros para hacer saber que ese debate no ha sido superado, sino que solo ha sido tapado, y tapado en falso, y que vamos a luchar (moleste a quien le moleste) hasta que se restaure el derecho a la vida.

  4. isanchezgil

    El aborto voluntario, además de un crimen imperdonable, incluye una serie de connotaciones que muestran crueldad, desverguenza y desaprensión.

    No solamente atenta contra el más sagrado de los derechos: la vida. Además incluye cobardía: porque agrede al más indefenso de los seres, el neonato en el vientre de su madre. También son desvergonzados y desaprensivos los que lo aceptan como derecho o lo realizan, porque incluye la falta total de responsabilidad por un hecho previo, que debería haberse evitado, si no se querían sus consecuencias.

    Reitero lo que he dicho en anteriores ocasiones: si no se desea engendrar un hijo, existen muchas formas de evitarlo, desde la abstinencia, a la utilización de los muchos medios contrapceptivos que existen hoy día. Que hoy día existen, no como hace más de 50 años, en que las mujeres hacían cosas horribles para librarse de una situación que, en aquella época, conllevaba verguenza y oprobio, además de consecuencias como que a la joven embarazada la echaran de casa, o del trabajo, o de ambos, por decir alguna.

    Por supuesto, al hablar de sistemas anticoncetivos no me refiero a la píldora del dia después, que, además de ser un posible crimen, supone tal cantidad de problemas físicos para la mujer que la utiliza, que es peor que una enfermedad grave.

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