En este blog suelo hablar sobre muchas personas famosas, pero no suelo escribir mucho sobre las personas más importantes del mundo.
A esas personas no las verás tomando decisiones en un parlamento ni protagonizando actos en un palacio. Tampoco han aparecido nunca en las noticias, a pesar de haber hecho cosas admirables. Esas personas son verdaderos superhéroes de carne y hueso que hacen lo más difícil y precioso de este mundo: dar vida, criar y cuidar a sus hijos, levantarse muy temprano todos los días, hacer su trabajo silenciosamente, asumir enormes sacrificios y protagonizar actos heroicos por los que nunca recibirán ninguna medalla.
Yo doy gracias a Dios por haber conocido a dos personas así: mis padres. Unas personas a las que debo todo lo bueno que alguna vez podáis percibir en estas páginas, porque lo realmente importante en el mundo lo he aprendido de ellos. Desde hace seis meses, tenemos un gran hueco en casa, uno de esos huecos que es imposible llenar. Una ausencia que recuerdas con cada pequeña cosa que tu padre dejó atrás, pero al fin y al cabo una pena más llevadera porque sabemos que la muerte no es el final y porque mi madre todavía está aquí.
Estos seis meses han sido un tiempo para recordar y dar gracias por todos los momentos vividos con él, y también para dar gracias a Dios por permitirnos seguir compartiendo nuestro camino con la persona más maravillosa del mundo, que es mi madre, una gran mujer sobre la que cualquier palabra que pueda escribir aquí sería tan insuficiente como el vano intento de un poeta de describir con palabras una bella gota de rocío iluminada por el sol de la mañana sobre el pétalo de una rosa.
Gracias a personas como mi madre se puede afrontar este mundo con optimismo y esperanza, a pesar de las numerosas malas noticias que solemos leer en los medios todos los días. Cuando piensas que en el mundo tiene que haber muchas más personas como ella, te das cuenta de que este pequeño planeta azul perdido en el espacio es un lugar especialmente afortunado y del que debemos sentirnos orgullosos.
Obviamente, debería escribir todo esto en segunda persona, porque mi madre es la lectora más fiel de este blog (siempre está corrigiendo mis erratas). Así que termino estas líneas con dos palabras que todos los hijos del mundo deberíamos repetir más a menudo: ¡gracias, Mamá!
P.D.: como a mi madre le gusta mucho la música, termino estas líneas con una canción de Mocedades que escuché con ella el 26 de septiembre de 2024 en el concierto que el Coro Nacional de Tenores y Banduristas de Ucrania ofreció ese día en Vigo:
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Foto: Elentir. La playa de Panjón en la noche del 31 de mayo de 2025, una foto tomada en el último paseo que dimos allí con mi padre.
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Comentarios:
isanchezgil
Tiene suerte de tenerla con usted. Que Dios se la conserve muchos años.
22:42 | 13/02/26
Conchita
Es una bendición tener una familia como la tuya. Y, verdaderamente, madres así hacen de este un mundo mejor.
11:17 | 14/02/26
Salvatierra
Resulta reconfortante comprobar cómo, todavía hoy, compartimos con otros seres de nuestro entorno pasiones tan similares. Un servidor también tiene la fortuna de disfrutar por compañeros de viaje a dos jóvenes octogenarios a los que les debe todo su haber. Mis padres vivieron una infancia donde la estrechez era el denominador común. Con su trabajo abnegado constituyen una generación sacrificada que ha contribuido a la construcción de buena parte de los beneficios de que disfrutamos hoy. A todos esos padres y madres, como la que usted nos ha presentado en este artículo, y a los míos propios les dirijo mi más sincero agradecimiento por hacer de este mundo un lugar mejor en el que habitar.
13:06 | 14/02/26
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