Hoy es 6 de junio. Es una fecha que todos los europeos deberíamos recordar especialmente y llenos de gratitud hacia los héroes.
Ese día, miles de jóvenes de Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y otros países cayeron luchando en las playas de Normandía. Los europeos estamos en deuda con esos héroes, porque hoy les debemos en gran medida poder disfrutar de libertad y democracia, y no tener que vernos subyugados por esa banda de criminales de la esvástica que durante años arrasó varios países de Europa y perpetró uno de los peores genocidios de la historia, con el pueblo judío como principal víctima.
A diferencia de lo ocurrido en la Europa del Este, donde los comunistas soviéticos sustituyeron el yugo nazi por el yugo rojo, los Aliados occidentales devolvieron la libertad a los países que arrebataron de las garras del Tercer Reich. En esa victoria sobre el nazismo, los Estados Unidos jugaron un papel muy importante, tanto por su potencia económica como por su poderío militar. Sin la ayuda de los Estados Unidos probablemente el nazismo no hubiese sido derrotado o el coste de la victoria habría sido mucho mayor para Europa.
Ciertamente, muchos ciudadanos de EEUU tienen motivos para sentirse enojados por la ingratitud de muchos europeos. El antiamericanismo es una actitud no sólo estúpida, sino que demuestra un nulo agradecimiento por todo el esfuerzo y los sacrificios asumidos por nuestro gran aliado del otro lado del Atlántico en su lucha por la libertad. Pero la actitud de una parte de los europeos -no todos- no debe impedir a nuestros aliados de EEUU ver la admiración que muchos sentimos por esa gran nación, ni debe hacer olvidar a la gente de ese país la responsabilidad que tiene hacia el mundo libre.
El 28 de febrero de 1906, hablando de su propio país, el entonces diputado liberal Winston Churchill declaró en el Parlamento británico: "Donde hay mucho poder, hay mucha responsabilidad; donde hay poco poder, hay menos responsabilidad; y donde no hay poder, creo que no puede haber responsabilidad alguna". Las palabras de Churchill son fáciles de comprender: cuando la paz y la seguridad de Occidente están en riesgo, no podemos esperar de un país pequeño tanto como de una nación poderosa como los Estados Unidos, que ya desde su fundación se consagró a la causa de la libertad.
Ya durante la Segunda Guerra Mindial, en un discurso en la Universidad de Harvard, el 6 de septiembre de 1943, Churchill recordó a los Estados Unidos un concepto que esa gran nación nunca debe olvidar:
"El precio de la grandeza es la responsabilidad. Si el pueblo de Estados Unidos hubiera permanecido en una posición mediocre, luchando contra la adversidad, absorto en sus propios asuntos y sin relevancia alguna en el devenir del mundo, podría haber permanecido olvidado e inalterado más allá de sus océanos protectores; pero no se puede llegar a ser, en muchos sentidos, la comunidad líder del mundo civilizado sin involucrarse en sus problemas, sin conmoverse por sus angustias e inspirarse por sus causas.
Si esto se ha demostrado en el pasado, como así ha sido, se convertirá en indiscutible en el futuro. El pueblo de Estados Unidos no puede eludir su responsabilidad global. Aunque vivimos en una época tan turbulenta que poco se puede predecir, podemos estar seguros de que este proceso se intensificará con cada avance que Estados Unidos logre en riqueza y poder. No sólo aumentan las responsabilidades de esta gran República, sino que el mundo sobre el que se extienden se contrae en relación con nuestra capacidad de movimiento a un ritmo alarmante".
Los ciudadanos de Estados Unidos caídos en la Segunda Guerra Mundial demostraron la altura moral de su gran nación, un país que tras el traicionero ataque japonés contra Pearl Harbor pudo haberse concentrado en el teatro del Pacífico y haberse olvidado de África y Europa (la URSS no declaró la guerra a Japón hasta el 8 de agosto de 1945, dos días después del bombardeo atómico de Hiroshima, cuando ya el imperio nipón ya estaba prácticamente derrotado).
Estados Unidos no sólo no dio la espalda a sus aliados europeos, sino que además después del fin de la guerra Estados Unidos emprendió el Plan Marshall en 1948 para ayudar a Europa Occidental a salir de sus ruinas, otro gran favor que algunos europeos necios también parecen haber olvidado. Ése es el gran país que muchos admiramos. Así es como se demuestra la grandeza de una nación, y no desentendiéndose del mundo como hicieron otros países durante aquellos años.
Dios bendiga a América.
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Foto: Jon Sailer.
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Comentarios:
maytehuete
Lo único que echo en falta,tanto a EEUU como a Churchill, fue la permisividad y apoyo que tuvieron con los comunistas y la URSS… De aquellos polvos vienen estos lodos… ¿Por qué? Todos lo sabemos 🤬
9:35 | 6/06/26
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