Ayer se cumplieron 90 años del asesinato del poeta Federico García Lorca en Granada. Un crimen cometido en el bando nacional.
El asesinato de Federico fue uno de los muchos crímenes cometidos en ambos bandos de la Guerra Civil Española aprovechando ese momento de caos, en algunos casos crímenes por motivos políticos o religiosos y en otros simplemente para cometer venganzas personales. Llevo años señalando que los crímenes cometidos en ambos bandos me parecen horrendos, y lo triste es que por decir algo tan básico en España te puedes acabar ganando el odio de los unos y de los otros.
Hace muchos años estuve en Granada y durante un paseo matutino llegué a la casa de Federico. Me lo imaginé paseando por allí, dando rienda suelta a esa imaginación que le llevó a escribir una poesía que siempre me ha parecido puramente mágica. Su genio literario no sólo aportó bellas obras a la lengua española, sino también a mi otro idioma, el gallego, como os conté aquí el año pasado repasando su precioso "Madrigal á cibdá de Santiago" (Madrigal a la ciudad de Santiago), un precioso poema dedicado a esa lluvia que se hace arte en la capital de Galicia. Es uno de los poemas más bonitos que conozco.
Políticamente, este poeta era difícil de definir. Aunque Federico era republicano, también era católico. Era un hombre que caía bien a personas de distintas ideologías. De hecho, cuando fue detenido antes de ser fusilado, estaba escondido en la casa de su amigo el poeta Luis Rosales, que era falangista. En su libro "Rosas de plomo" (Stella Maris, 2015), Jesús Cotta relata el testimonio de otro amigo de García Lorca, el escritor Felipe Ximénez de Sandoval, la última vez que vio al poeta granadino. Se lo encontró en la calle Alcalá, en Madrid, el 30 de junio de 1936. García Lorca se dirigía al Teatro Español, donde se había organizado un homenaje al poeta ruso Maximo Gorki, fallecido unos días antes. Ximénez de Sandoval trató de disuadirlo, para que no se significase políticamente en un momento de una gran tensión en España. Ximénez de Sandoval relató el encuentro con estas palabras:
«Muy pálido, con su gran cara constelada de lunares, tan abierta, tan expresiva y tan franca, contraída por la angustia, me contestó lloroso: “Quizá tengas razón, pero no puedo evitarlo. Es mi destino”. “No, Federico, tu destino es otro. Tu destino es cantar a los gitanos de las ciudades con torres de canela y a las mujeres yermas de Castilla, pero no a los mujiks de la estepa y a los tractores de los koljoses. Tu destino es moverte entre niños y ángeles, no entre bestias y máquinas. Tu destino es seguir creando belleza para el mundo”. Me interrumpió dramáticamente. Ese ya no es mi destino, Felipe. Mi destino es morir asesinado por unos o por otros; por unos, porque me consideran comunista, olvidando que cada palabra de mi arte es una palabra de amor, porque creen que me importa Rusia, cuando lo que me fascina es España, porque piensan que soy impío, sin acordarse de mi Oda al Espíritu Santo; o por los otros, porque no faltará quien, recordando precisamente todo esto, me tache de reaccionario, de clerical, de cavernícola, de fascista. Ya lo verás cómo me matan, antes que a ti y que a José Antonio. Después de intentar tranquilizarle, me despedí de él preocupado. Le vi cruzar la calle camino del teatro y perderse entre la gente.»
El José Antonio del que García Lorca hablaba era José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, con quien el poeta granadino llegó a tener trato. Por entonces el líder falangista ya estaba en prisión. Fue asesinado el 20 de noviembre de 1936 en la prisión provincial de Alicante, tras una farsa judicial contra él. García Lorca fue terriblemente profético con sus palabras: a él le asesinaron tres meses antes que a Primo de Rivera, pero los del otro bando. Un asesinato igual de criminal, como los que acabaron con las vidas de otros escritores que hoy apenas son recordados simplemente porque sus asesinos, a los ojos de la izquierda, eran "los buenos". La profecía de García Lorca recuerda unos famosos versos de Antonio Machado en "Campos de Castilla" (1912):
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Yo tengo ideas distintas a Federico pero, igual que él, amo a España, y no quiero que vuelva a haber nunca más una guerra civil entre españoles. Quiero una España libre en la que nadie tenga que vivir con miedo a sufrir agresiones o disparos por apoyar ideas distintas a las de los totalitarios. Quiero una España donde las diferencias políticas se expresen con la palabra y no con la violencia, un país en el que personas con distintas opiniones y creencias podamos convivir sin andar a garrotazos como en el famoso cuadro de Goya. Quiero una España donde las víctimas de horrendos crímenes sean recordadas a nivel oficial sea cual sea la ideología de sus asesinos, porque haber sido asesinadas por unos o por otros no las hace mejores ni peores.
¿Acaso es mucho pedir?
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Imagen: Grok / Elentir.
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