Tengo la costumbre de consultar a diario las noticias de política internacional y ahora mismo tengo una situación extraña.
Vivo en un país, España, en el que políticos, periodistas y otras personas influyentes presumen de "europeístas", pero al mismo tiempo abordamos los asuntos europeos como si no nos afectasen. Estos dos últimos días habéis podido leer aquí los signos preocupantes que hay en el flanco oriental de la OTAN sobre posibles agresiones rusas contra países aliados, y también un análisis de los propósitos del Kremlin con esa escalada militar. Lo que he reflejado en ambos artículos es el resultado de horas y horas repasando diversas fuentes y asistiendo, cada vez más preocupado, a una situación que empeora día a día.
Europa vive ahora mismo uno de sus momentos más tensos desde el punto de vista militar desde hace 81 años, es decir, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. No quiero pecar de alarmista, porque no creo que vaya a iniciarse en breve una tercera guerra mundial, pero nuestro continente está a punto de afrontar un reto considerable para asegurar su paz y su estabilidad, ante un matonismo ruso que parece dispuesto a todo para cumplir los caprichos del dictador Vladimir Putin. Como ya vimos el viernes, varios países europeos se están preparando para afrontar amenazas de tipo bélico, ya sea ataques convencionales a pequeña escala o una estrategia de guerra híbrida.
Algunos llevamos años advirtiendo sobre la necesidad de hacer frente a la amenaza rusa. Otros han preferido tomársela a la ligera, como si fuese un asunto distante y ajeno que no nos afecta, olvidando que Rusia lleva cuatro años y medio invadiendo un país europeo y masacrando a su población civil, cometiendo unos crímenes atroces pero que, curiosamente, no reciben ni la décima parte de atención que las denuncias de los criminales de Hamás tras la respuesta israelí contra la masacre antisemita perpetrada el 7 de octubre de 2023 por esa banda terrorista.
Están llegando cada vez más voces de alerta desde el resto de Europa. Unas alertas a las que ayer se sumó la Agrupación Nacional, el partido francés de Marine Le Pen, advirtiendo: "Ninguna provocación, ninguna operación clandestina y ninguna acción de desestabilización podrán llevar a Francia a facilitar la obtención por parte de Rusia de sus objetivos de guerra en Ucrania". Podemos hacernos una idea de cómo está la situación leyendo esa dura declaración de un partido que era afín a Rusia, pero que por fin parece que va entrando en razón en relación a esa amenaza.
Estos dos últimos días he repasado los canales de los líderes políticos españoles y los principales medios, a ver qué tenían que decir sobre esa creciente preocupación en Europa por la creciente amenaza rusa. Es desolador ver el mutismo de los líderes políticos y la falta de interés de los medios por ese asunto. Supongo que la grave crisis creada por la invasión migratoria marroquí de Ceuta contribuye a ello, pero es especialmente sorprendente asomarse a las secciones de asuntos internacionales de algunos periódicos y no ver casi nada sobre todo esto. Una escasa cobertura mediática que supongo que acaba teniendo como efecto que nuestros políticos, que se informan a través de esos medios, tampoco se estén enterando de nada (o en algunos casos, como por ejemplo el gobierno, finjan no enterarse).
Debemos recordar que en abril Rusia amenazó a varios países europeos marcando objetivos militares en sus territorios: España era uno de ellos, pero aquí el asunto pasó bastante desapercibido, como si las amenazas de una gran potencia de llevar a cabo acciones militares contra nosotros no fuesen algo relevante. A veces parece que practicamos la táctica de defensa del avestruz, escondiendo la cabeza a ver si las amenazas nos ignoran por el mero hecho de no prestarles atención. Lamentablemente, España afronta esta situación con un gobierno muy debilitado, que exhibe una incompetencia bochornosa y cuyo jefe parece empeñado en liberarse de cualquier responsabilidad sobre los problemas que le rodean y en buscar el mejor modo de seguir un día más en el cargo, sin importar el coste que haya que pagar.
En marzo alerté aquí sobre los efectos para Ceuta y Melilla de los desplantes de Sánchez a nuestros aliados. España está ahora sumida en una situación crítica debido a un acto de guerra híbrida de Marruecos. Aunque sea una posibilidad remota, si nuestro país entrase en guerra con Marruecos, necesitaremos el apoyo de nuestros aliados más que nunca, y para hacernos merecedores de ese apoyo, debemos convencer a nuestros aliados de que somos un país de fiar y que cumple sus compromisos. En vez de eso, Sánchez se desentiende de la amenaza rusa mientras España, bajo su mandato, compra grandes cantidades de gas ruso, como si al hacerlo estuviésemos pagando un chantaje al matón de Moscú para que no se meta con nosotros. Es una actitud vergonzosa y que puede tener un gran coste estratégico para España, amenazando con dejar solo a nuestro país cuando necesite la ayuda de nuestros aliados. Una irresponsabilidad más de este gobierno.
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Foto: La Moncloa.
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