Un proyecto ideológico muy cuestionable y con unas metas muy polémicas

El ‘lenguaje inclusivo’ o ‘no sexista’: lo que se esconde tras una falsa apariencia de igualdad

Jue 15·6·2017 · 21:59 8

Desde hace años, ciertos sectores políticos -especialmente de la izquierda- vienen insistiendo en la necesidad de cambiar las palabras que usamos para limpiar de “machismo” el lenguaje.

Las disparatadas instrucciones de género que imponen los políticos a los profesores
Lo que pocos cuentan: el origen ideológico totalitario del actual feminismo de género

A esa nueva forma de hablar, casi siempre impuesta desde el poder (como todos los proyectos de ingeniería social), la denominan “lenguaje inclusivo” o “lenguaje no sexista”. La excusa es alcanzar una mayor igualdad entre sexos a la hora de hablar, pero… ¿es esto cierto? ¿Son sinceros los políticos que nos dicen que esta imposición la hacen por nuestro bien?

¿El lenguaje determina nuestra forma de pensar?

Para remontarnos a sus orígenes debemos fijarnos en un científico marxista soviético, Lev Vygotski (1896-1934), que formuló una teoría según la cual el lenguaje determina nuestra cultura y nuestra forma de pensar. A esta teoría, denominada determinismo lingüístico, se le puede oponer una objeción que resulta más que evidente, y es que en todas las épocas ha habido, en un mismo entorno lingüístico, personas con muy distintas formas de pensar. Remitiéndonos, por ejemplo, al país natal de Vygotski, Rusia pasó del zarismo al comunismo, pero los rusos han seguido hablando el mismo idioma. Como en otros ámbitos, en éste se observa también el error del marxismo de considerar que todas las facultades humanas están determinadas por un cierto pensamiento y, por tanto, pueden -e incluso deben- ser modificadas a base de ideología.

Introduciendo el marxismo en Occidente por la puerta trasera

En el caso del “lenguaje inclusivo”, estaríamos hablando de una variante del marxismo cultural, el movimiento encabezado por varios pensadores de la Escuela de Frankfurt y más concretamente por el dirigente comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937). Estos pensadores se habían dado cuenta del fracaso del marxismo en los países occidentales, y optaron por plantearlo de otra forma, introduciéndolo por la puerta trasera y aplicando la tesis marxista de la lucha de clases a otras relaciones sociales entre las personas, entre ellas la célula más básica de la sociedad, la familia, que el marxismo consideraba un residuo del orden burgués. La URSS ya había intentado minar la familia siguiendo las tesis de la feminista radical Alexandra Kollontai (1872-1952), que en “Comunismo y familia” (1920) había escrito: “el Estado obrero vendrá a reemplazar a la familia, la sociedad gradualmente asumirá todas las tareas que antes de la revolución caían sobre los padres individuales”. No fue el único disparate que promovió el comunismo: en un intento de minar el seguimiento de las festividades religiosas, Stalin incluso llegó a aplicar una semana de cinco días (luego de seis), con desastrosas consecuencias.

¿Qué feminismo vender tras el éxito del feminismo original?

El fracaso del comunismo soviético al intentar destruir la familia y las instituciones sociales más básicas convenció a los marxistas occidentales de la necesidad de otra táctica. Optaron por intentar convencer a las mujeres de que eran víctimas de una opresión secular. Se trataba, insisto, del mismo esquema de opresores y oprimidos con que el marxismo abordaba la existencia de distintas clases sociales (y que ha encontrado un gran escollo en la formación de una amplia clase media en los países capitalistas). Hay que tener en cuenta que el feminismo originario, no marxista, buscaba la igualdad de oportunidades para la mujer. En las sociedades democráticas ese feminismo había tenido grandes éxitos -derecho de voto para la mujer, acceso a trabajos antes reservados para los varones, etc.- cuando el marxismo cultural puso en marcha el feminismo de género, que no busca la igualdad de oportunidades, sino la igualdad de resultados. “Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor”, denunciaba la feminista Christina Hoff Sommers en 1994 en su librio “¿Quién robó el feminismo?”. “Pero esto carece de base en la realidad norteamericana. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer que hoy conforma 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose.”

El objetivo: acabar con “la distinción de sexos misma”

A pesar de que cada sexo muestra inclinaciones distintas, propias de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, el feminismo de género niega la realidad y sostiene que toda diferencia de roles entre los sexos es fruto del condicionamiento cultural. Y como atribuyen a esos roles el mantenimiento de un esquema en el que los hombres son opresores y las mujeres oprimidas, consideran que esos roles deben ser alterados por imposición legal. Que una teoría cuanto menos discutible sobre la sexualidad humana sea impuesta de esta forma, mediante la coacción, ya debería alarmarnos, pero aún deberíamos preocuparnos más ante el objetivo de esta negación, un objetivo que señaló sin tapujos la feminista radical Shulamith Firestone (1944-2012) en su libro “La dialéctica del sexo” (1970): “así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.”

La desaparición de los padres y de las madres

De esta forma, la ideología de género se empeña en que la masculinidad y la feminidad sean proscritas -nuevamente a golpe de ley- en aras de una concepción de la sociedad que busca forzar a hombres y mujeres a negar su condición. Ya lo hemos visto en las disposiciones legales creadas en varios países para que borrar las menciones a padres y madres y sustituirlas por “progenitor A” y “progenitor B” o incluso por meros “cuidadores”, como si la realidad biológica de la institución familiar, que se deriva del propio dimorfismo sexual del ser humano, fuese algo que debe ser ocultado manipulando el lenguaje.

Intentando que las ranas no se den cuenta de que están hirviendo

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿qué buscan con todo esto? Resulta obvio que eliminar las diferencias sexuales es una tarea imposible. Esas diferencias se derivan de la propia naturaleza humana y siempre van a existir. Si no fuese así, la sociedad estaría condenada a desaparecer, pues precisamente la relación entre el hombre y la mujer es la que da a luz nuevas vidas. Los ideólogos de género saben que su meta es incalcanzable, y precisamente por eso la plantean. Si un movimiento político se propone metas asequibles, una vez alcanzadas el movimiento pierde su razón de ser. El marxismo pretende que persigamos utopías irrealizables, porque así siempre tendremos que depender de los marxistas para que nos guíen hacia ellas. Pero para asegurar todavía más su papel de solucionadores de un problema que ellos mismos se empeñan en crear, para que la gente les haga algo de caso y crea en serio que les necesita, tienen que intentar convencernos de que vivimos en una sociedad opresora. De ahí proceden invenciones como los “micromachismos”, que según los ideólogos de género son las pequeñas expresiones de la opresión patriarcal en nuestra realidad cotidiana. Así, el mero hecho de rascarte la barba o sentarte con las piernas abiertas -si eres hombres- te convierte en un “machista”, es decir, en un opresor.

Un negocio millonario y una forma de aumentar el control sobre la sociedad

El “lenguaje inclusivo” se enmarca en esa búsqueda incesante de nuevos frentes para convencer a las mujeres de que sufren una opresión a manos de los hombres. Poco importa que la mayoría de las mujeres no se ofendan por llamar “hijos” a sus niños y niñas, o por usar el masculino genérico en otro tipo de expresiones muy habituales. Que esas mujeres no se sientan oprimidas es algo que les hace perder el sueño a los ideólogos de género, porque se quedan no sólo sin audiencia, sino también en muchos casos sin trabajo. Tengamos en cuenta que esta ideología se ha convertido en un negocio millonario que mueve suculentas subvenciones en observatorios, comisarios de género, cátedras de género, etc. Además, la excusa de la lucha contra el “sexismo” se ha convertido en un medio fabuloso para controlar a la sociedad, recortando libertades y persiguiendo a los que discrepan hasta extremos que muchos no habrían creído posibles en una democracia hace no muchos años. Nos van sometiendo con estas patrañas, eso sí, de forma pausada, a menudo mediante la técnica de “lluvia fina”. Siguen aquí el proceso ya descrito por Olivier Clerc en “La rana que no sabía que estaba hervida”: unos recortes graduales de libertades para que no nos demos cuenta de que nos están hirviendo y no nos rebelemos.

¡Suscríbete gratis a este blog! Ya somos más de 2.700

Enlaces desde blogs, webs y agregadores:

Enlaces y trackbacks:

Comentarios:

  1. Luna

    En una vieja película de Spencer Tracy y Katherine Hepburn, el primero somete a la segunda a un test de inteligencia y una de las preguntas que le hace es qué evidencia ve primero en una persona. Ella le responde que si es hombre o mujer. Esto es así, no hay más. Luego veremos cualquier otro rasgo, pero el sexo, la edad, la raza, van a ser lo primero que distingamos.

    ¿Por qué se empeñan en cambiar esto? Porque toman lo más fundamental, a sabiendas de que si en una cosa tan básica conseguimos un buen grado de represión personal y colectiva todo lo demás será mucho más fácil y podrán controlar perfectamente nuestra percepción humanística. No pueden admitir que tengamos a todos los hombres como seres trascendentes, dotados ya de un valor intrínseco como personas por ser creados por Dios a su imagen y semejanza. Uno actúa según quien es y hay que cambiar la creencia en quien es, o no será sumiso.

    Hablabas hace un par de meses de un nuevo “fenómeno” llamado sirenismo: Personas que se creen que son sirenas, aunque hayan nacido “encerradas en cuerpos humanos”. Esto son globos-sonda que se van lanzando de vez en cuando para ver cómo responde la sociedad, si está tan atontada que le da lo mismo y opina que cada cual se sienta lo que quiera y eso será. Parece mentira pero funciona, sobre todo cuando sirve también de asidero para apoyar lo que no tiene argumentación o acallar a nuestras conciencias (y consciencias también). Bibiana Aído sabía perfectamente que el feto es persona, pero no ignoraba que al negarlo estaba dando ese clavo ardiendo a que agarrarse y que con el tiempo, terminaría tomándose como una verdad innegable.

    El mecanismo de esto es perverso y muy simple a la vez. Vivimos unos tiempos en que muchos no se atreven a tener ideario por miedo a que sus ideas vayan en perjuicio de otras personas. Con esta visión del respeto, no se respetan a sí mismas, pero es lo que hay. Cuando llega una idea-fuerza de este tipo “inclusivo, no discriminatorio” etc, existe un personal rechazo ante el absurdo de la nueva imposición, pero un miedo a la no aceptación por parte de los demás si se critica. Es por esto que desaparece el espíritu -y aún el sentido- crítico y queda relevado por el qué dirán o el qué pensarán.

    Teniendo en cuenta que es más probable que digan lo que no piensan y no digan lo que sí están pensando, es ridículo; pero este siglo también lo es, porque ha heredado del XX. Estamos apoyando a los demás, que hacen exactamente lo mismo. Esto quiere decir que ellos tampoco creen verdaderamente en estas cosas, pero las siguen porque todo el mundo las sigue, siendo todo el mundo lo que hace lo mismo. Como las procesionarias del pino cuando ponemos el “tren” en círculo. Así nos tienen.

    Otra parte de la estrategia es fijar bien nuestras dianas. ¿Quién va a luchar contra el comunismo ante la urgencia del aborto o de la eutanasia? Si es que nos tienen el tiempo y las fuerzas robadas. La nación en peligro, la familia en peligro, la persona en peligro. “Que lo más urgente no nos permita hacer lo más importante”, como decía Mafalda. Así tenemos a unos separatistas que ya tragan la república y su imposición, a condición de poder imponer ellos la “nació catalana”, porque esto se da en todas las ideologías.

    Si nos damos cuenta, todo esto está generando un complejo brutal. Ya no se puede ser galante y abrir la puerta a una dama porque es sexista. Y esto quiere decir que nuestros padres lo eran, que nuestra educación era aberrática y no supo dar con las claves del futuro, que nuestra pleistocénica visión de que somos hombres (o mujeres) es un atentado a la sanidad pública, o que nuestra moralidad y espiritualidad son mecanismos de represión frente a los libertadores de la nueva era.

    Al final, ¿Qué queda? Un yo que ya no soy yo, una nación que no existe, una familia que es un error del patriarcado, un hombre que no tiene porqué serlo, un alma que ha dejado de existir y un prójimo al que hay que permitir todas las extravagancias, para no ser un carca. Francamente, “que me quede como estoy”. Sigan sin mí con todo esto.

  2. Pues Luna, a mí, sinceramente, me importa un pimiento lo que digan las feministas. Mis padres me educaron para ser un caballero y sigo dejando pasar a las mujeres delante. Bueno, a las mujeres y a las personas mayores, por supuesto. Es cuestión de ser educado, algo que parece molestarles a los fanáticos de género.

  3. Blanca

    Es indudable que hombres y mujeres somos muy diferentes. Otra cosa es que tengamos la misma dignidad.

  4. Lorenzo

    Comparto el análisis y el pesimismo de Luna.

    De unos siglos a esta parte, da la impresión de que la historia consiste en cómo al hombre común se le va despojando de todos sus vínculos fundamentales (Dios, comunidad, familia..) para convertirlo en una especie de zombi individualista. Parece que ya hemos llegado a la última fase, en la que se pretende que incluso perdamos nuestra identidad y nos desvinculemos de nosotros mismos. En eso está la ideología de género.

  5. pacococo

    Muy interesante el artículo y el comentario de Luna. Todo se reduce a ingeniería social siguiendo las directrices del marxismo cultural y lo cierto es que lo hacen muy bien y no hay más que ver los resultados. Y no debemos fijarnos en nosotros, que tenemos un sistema de valores suficientemente fuerte para resistir, por eso actúan sobre la infancia y como vemos, los jóvenes están muy inmersos en este marxismo.

    El idioma es clave. Cuando tratas de imponer algo sobre una población, lo primero es cambiar el idioma y cambias la forma de pensar. Los romanos lo tenían muy claro, conquistaban e imponían el latín y ya eran romanos. Los useños nos han impuesto el inglés y su forma de pensar y ahí vamos.

    El idioma es importante cuando impones una forma de pensar distinta de la existente, cuando se trata de evolución, no hace falta cambiar el idioma.

    Cuando el imperio romano evolucionó hacia los reinos, fue una consecuencia de tipo práctico y como evolución política del imperio, por tanto, no fue necesario cambiar el idioma. Con el paso del tiempo, a medida que los distintos reinos evolucionaban de forma particular, aparecieron los distintos idiomas.

  6. Luna

    Lorenzo, yo no tengo pesimismo en todo esto. Si otros están actuando así, aquí estoy yo (cuanto menos) para cambiarlo. Y convencido de que no soy el único, ya que la normalidad de la persona sigue siendo la misma por mucho que pretendan lo contrario.

    El ser humano es irrepetible y por esto mejor que sea así, que tenga que pugnar para mantener su esencia evita la copia adocenada de individuos sin identidad. Quiero decir que en cuanto nos situamos a contracorriente de todas estas cosas nos afirmamos aún más y se consigue el efecto contrario al que ellos pretenden. Creo que tenemos dos pilares sobre los que se asienta nuestra libertad personal, la coherencia y la integridad. Si no consiguen minarnos, nunca nos arrebatarán la libertad.

  7. Luna

    Elentir, vas a compartir también conmigo el que te guste la película “Buscando a Eva”. :) ¡”Ommm, no toques mi ascensor”…!

    Por supuesto que pueden decir las feminazis lo que se les antoje sobre la cortesía, buenos modales o lo que sea, pero para cualquier cosa que hagamos o digamos puede aparecer siempre quien la censure o critique, así es que… que se vayan poniendo a la cola.

  8. Luna, vi la película hace tiempo. Reconozco que es original, aunque no está entre mis favoritas. ;-)

Opina sobre esta entrada:

Al pulsar 'Enviar' aceptas las Normas de Participación. [Abrir emoticonos] [Configura tu icono personal]