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Éstos son mis principios y no tengo otros: un pequeño manifiesto de un español cualquiera

Anoche me di cuenta de que después de 13 años (y pico) con este blog, nunca he escrito una entrada resumiendo mis principios. Escribo ésta para aclarar conceptos a los nuevos lectores.

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Por supuesto, esto no es un manifiesto de un partido político (no estoy afiliado a ninguno), ni unas líneas maestras para construir un nuevo Estado. Soy un español cualquiera, uno de ésos que viven de su trabajo, pagan sus impuestos y nunca han paseado en coche oficial. No soy político ni tengo intención de serlo, pero tampoco soy apolítico: me interesa la política porque es el ámbito en el que se deciden muchas cosas que nos afectan a todos. Un ámbito en el que todos estamos llamados a participar, entre otras razones por la cita de Edmund Burke que aparece en la portada de este blog: “Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres de bien no hagan nada.”

En consonancia con esa cita, es lógico que empiece este pequeño manifiesto por lo más básico:

  • El bien y el mal existen. No todo es relativo ni puede estar sometido a la opinión de la mayoría. Es imprescindible crear diques para frenar los abusos de los poderosos contra los indefensos. El relativismo moral es una amenaza para la sociedad, pues permite a los poderosos avanzar en la destrucción de las barreras que les impiden minar nuestras libertades.
  • El Cristianismo es uno de los pilares de la civilización occidental. Sin él no habría arraigado la democracia en Occidente. Borrar nuestras raíces cristianas, en aras de una mal entendida tolerancia, nos hace perder nuestras defensas morales como sociedad, por ejemplo, frente a amenazas como el fundamentalismo islámico.
  • Todos los seres humanos somos iguales en dignidad, sin importar la raza, nacionalidad, edad, sexo, estado de salud, discapacidad o cualquier otra condición. Tengo esta convicción como cristiano, pues todos somos hijos de Dios y por tanto hermanos.
  • Matar a inocentes es un crimen, sea cual sea su condición. También lo es la eliminación violenta de los miembros más inocentes e indefensos de nuestra sociedad: los hijos por nacer. La aceptación social del aborto es la prueba de que nuestras democracias están fallando a la hora de proteger a los más débiles, precisamente por haber erosionado las bases morales que llevaron a nuestra sociedad a crear diques jurídicos para proteger esos derechos.
  • La familia es la célula básica de la sociedad. El Estado debe reconocerla, ampararla y favorecerla, pues es una institución imprescindible para nuestra supervivencia como sociedad.
  • Los padres tienen el derecho a decidir el tipo de educación que desean para sus hijos, tanto en su formación moral, como en la lengua de escolarización y el modelo docente que prefieren.
  • Nuestros mayores merecen cuidado y respeto. Si hay alguien que se ha ganado el derecho a ser escuchado en nuestra sociedad es aquel que le ha dedicado toda una vida de trabajo.
  • Hombres y mujeres somos iguales en derechos, pero no somos biológicamente iguales. No se debe confundir la igualdad de oportunidades con la igualdad de resultados ni con la negación de nuestras diferencias, que no nos hacen mejores ni peores, sino complementarios.
  • La democracia no es una forma de organización política perfecta, pero es la que mejor garantiza la convivencia pacífica y el derecho de los gobernados a participar en los asuntos públicos. Pero sin unas bases morales sólidas, la democracia corre peligro y acaba abriendo sus puertas al totalitarismo.
  • El comunismo y el nacional-socialismo son dos ideologías totalitarias que representan el mal en su máxima expresión. Han causado la muerte a millones de personas y han sometido a naciones enteras al terror y la opresión. La democracia no puede ser neutral ante esas ideologías: tiene el deber de combatirlas.
  • España es el resultado de siglos de convivencia en común. Tenemos el deber moral de preservar esa herencia por la que tantos sacrificios asumieron nuestros antepasados. Tenemos el deber de engrandecerla y de transmitir a las generaciones venideras ese valioso legado.
  • El separatismo es una ideología liberticida y excluyente que busca sembrar la división y el odio entre los españoles, utilizando el engaño, la demagogia y el victimismo. Debemos combatirlo sin complejos y preservando de sus intentos de manipulación el valioso patrimonio cultural que representan nuestras lenguas y costumbres regionales.
  • El terrorismo es una grave amenaza para nuestra sociedad. Con los terroristas no debe haber ninguna negociación. Una democracia no puede aceptar como interlocutores válidos a quienes usan el crimen como medio para doblegarnos. La Nación debe velar por la dignidad de las víctimas del terrorismo, para que se haga Justicia y se conserve la memoria de los que han sido golpeados por el crimen. Los partidos que se niegan a condenar el terrorismo deben ser ilegalizados. No podemos ser tolerantes con quienes consideran legítimo usar el crimen para conseguir sus objetivos políticos.
  • El libre mercado es la forma más justa y eficaz de alcanzar la prosperidad y satisfacer nuestras necesidades como sociedad. Eso es compatible con la existencia de leyes para garantizar los derechos de empresarios, trabajadores y consumidores.
  • El Estado debe orientarse por el principio de subsidiariedad, absteniéndose de intervenir allí donde la sociedad se basta para cubrir sus necesidades con sus propios medios.
  • Las políticas fiscales no pueden basarse en la usurpación de una parte considerable de la riqueza nacional para perpetuar un modelo elefantiásico de Estado, cada vez más enfocado a servir a los propósitos personales o partidistas de los gobernantes que a lograr el bien común.
  • Las Fuerzas de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas son nuestros guardianes frente a quienes amenazan a nuestra sociedad. Policías, guardias civiles y militares han asumido el compromiso de defendernos incluso a riesgo de sus propias vidas. Les debemos gratitud, así como un sueldo digno y la garantía de que ellos y sus familias no se verán abandonados al cabo de muchos años de servicio a la sociedad.
  • Debemos cuidar nuestro patrimonio natural, no sólo mediante leyes, sino también mediante nuestra acción personal, impidiendo que por acción u omisión sea dañado con prácticas incívicas. No obstante, no debemos caer en el error de otorgar derechos humanos a los animales, un absurdo que implicaría la prohibición de actividades necesarias para nuestra subsistencia como la ganadería, la pesca y la experimentación con animales en laboratorio, mediante la cual se hallan los remedios para muchas enfermedades.

Aunque no he querido ser exhaustivo (si me pongo, tiendo a enrollarme más que una persiana), creo que no me he dejado nada en el tintero. Por supuesto, sé que exponiendo estos principios me arriesgo a que algunos me llamen de todo: asumo ese riesgo. No pienso cambiar mis principios por miedo al qué dirán, que ya soy mayorcito y mi conciencia no es una veleta que gira en función de por donde sopla del viento.

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Comentarios (Blog):

  1. Luis Orlando

    Qué falta hace recordar estás cosas de vez en cuando. Es reconfortante leerlas todas juntas. Por supuesto las suscribo completamente. Lo preocupante es que deberían ser obvias para todos y parecen afirmaciones extravagantes en el ambiente general. Decía Chesterton, creo, que “llegará el día que haya que desenvainar la espada para afirmar que la hierba es verde”.

  2. pacococo

    Muy bueno el artículo, estos puntos deberían estar interiorizados por todos, deberían ser lo mínimo para la ciudadanía, pero poca gente los asume.

    Es muy importante el matiz que haces sobre la democracia. No es posible sin unas bases morales sólidas. Y así nos va.

  3. Luna

    Limpios, recios y necesarios. Estos principios sólo pueden estar orientados al mejor fin.

  4. jose ramon

    Cuando todo a nuestro alrededor se ha vuelto liquido, vivir por unos principios solidos se convierte en un acto revolucionario.

    Solo un apunte si hablamos del Dios bíblico: todos somos criaturas de Dios. Hijos de Dios solo son aquellos que aceptan el sacrificio de Dios. Juan 1:12.

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