Los cantos de los niños

Yo escucho los cantos
de viejas cadencias,
que los niños cantan
cuando en coro juegan
y vierten en coro
sus almas que sueñan,
cual vierten sus aguas
las fuentes de piedra:
con monotonías
de risas eternas,
que no son alegres,
con lágrimas viejas,
que no son amargas
y dicen tristezas,
tristezas de amores
de antiguas leyendas.

En los labios niños,
las canciones llevan
confusa la historia
y clara la pena;
como clara el agua
lleva su conseja
de viejos amores,
que nunca se cuentan.

Jugando, a la sombra
de una plaza vieja,
los niños cantaban…

La fuente de piedra
vertía su eterno
cristal de leyenda.

Cantaban los niños
canciones ingenuas,
de un algo que pasa
y que nunca llega:
la historia confusa
y clara la pena.

Seguía su cuento
la fuente serena;
borraba la historia,
contaba la pena.

(Antonio Machado, “Los cantos de los niños”. En “Soledades” (1899-1907)

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Comentarios (Blog):

  1. Olimpia

    Elentir:
    Veo que lees mucho a Antonio Machado. ¿Has probado con Manuel?
    También me gustaría sugerirte otros poetas como por ejemplo: León Felipe, Lorca, Aleixandre, todos los del 27 en general, Blas de Otero, Luis Rosales, Claudio Rodríguez,…
    Prueba, ya verás cómo disfrutas.

  2. Gracias por los consejos, Olimpia. A Manuel también le he leído, pero me gusta más el estilo de su hermano Antonio. Lo considero más acogedor e intimista, al menos para mi gusto particular.

    También he leído a Lorca, aunque no me atrae mucho el surrealismo, reconozco que tiene poemas preciosos. Además, escribió también poemas en gallego, alguno de ellos realmente magnífico. Del 27 se te ha caído de la lista, por cierto, Rafael Alberti, que tiene poemas muy buenos.

    Una curiosidad: en la primera web que hice, incluí un poema de Rosales dedicado a Dionisio Ridruejo, una preciosidad.

    En fin, me encanta la poesía, suelo picar un poco de todo. ¿Has leído a Tagore? Es de una órbita cultural muy distinta a la nuestra, y sorprende encontrar en sus versos inquietudes y observaciones comunes, que prácticamente son universales. A fin de cuentas, la poesía es una preciosa expresión de humanidad, y no es extraño que se aprecien inquietudes parecidas en poetas de sitios tan distantes.

  3. Olimpia

    Sí, he leído a Tagore y a Hölderlin. Te invito también a este, un romántico alemán.
    Alberti me gusta, aunque no tanto como Lorca, Aleixandre y Cernuda- y eso que de Alberti sé un rato más que de cualquiera de ellos, pues lo he trabajado de cabo a rabo, pero aprecio más talento en estos otros. Y mi Miguel Hernández, que me encanta con su Elegía a Ramón Sitjé (es el poema más bonito que he leído nunca).
    También me gustan mucho Dionisio Ridruejo y Leopoldo María Panero.

    De otras épocas, me pirla Quevedo.

  4. A mí Miguel Hernández no ha llegado a convencerme, cosa de gustos, que para eso hay colores. 😉

    Por cierto, de Alberti tengo un libro autografiado, le conoció mi madre, una vez que estuvo aquí en Vigo. La firma es su famoso dibujo de la paloma, es muy bonita.

  5. Olimpia

    ¿No me digas que esto no te convence?
    ELEGÍA
    (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)
    Yo quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano.
    Alimentando lluvias, caracolas
    y órganos mi dolor sin instrumento,
    a las desalentadas amapolas
    daré tu corazón por alimento.
    Tanto dolor se agrupa en mi costado,
    que por doler me duele hasta el aliento.
    Un manotazo duro, un golpe helado,
    un hachazo invisible y homicida,
    un empujón brutal te ha derribado.
    No hay extensión más grande que mi herida,
    lloro mi desventura y sus conjuntos
    y siento más tu muerte que mi vida.
    Ando sobre rastrojos de difuntos,
    y sin calor de nadie y sin consuelo
    voy de mi corazón a mis asuntos.
    Temprano levantó la muerte el vuelo,
    temprano madrugó la madrugada,
    temprano estás rodando por el suelo.
    No perdono a la muerte enamorada,
    no perdono a la vida desatenta,
    no perdono a la tierra ni a la nada.
    En mis manos levanto una tormenta
    de piedras, rayos y hachas estridentes
    sedienta de catástrofes y hambrienta.
    Quiero escarbar la tierra con los dientes,
    quiero apartar la tierra parte a parte
    a dentelladas secas y calientes.
    Quiero minar la tierra hasta encontrarte
    y besarte la noble calavera
    y desamordazarte y regresarte.
    Volverás a mi huerto y a mi higuera:
    por los altos andamios de las flores
    pajareará tu alma colmenera
    de angelicales ceras y labores.
    Volverás al arrullo de las rejas
    de los enamorados labradores.
    Alegrarás la sombra de mis cejas,
    y tu sangre se irán a cada lado
    disputando tu novia y las abejas.
    Tu corazón, ya terciopelo ajado,
    llama a un campo de almendras espumosas
    mi avariciosa voz de enamorado.
    A las aladas almas de las rosas
    del almendro de nata te requiero,
    que tenemos que hablar de muchas cosas,
    compañero del alma, compañero.

    Es el poema más intenso que he leído en mi vida.
    Busca detrás de las metáforas de la naturaleza. Busca el terciopelo ajado. Busca el arrullo de las rejas y cómo vuelve Ramón Sijé. Es intensísimo.
    Si quieres, te puedo pasar un comentario de texto hecho por mí.
    Es increíble.
    Me gustaría que lo leyeran cuando muriera.

  6. Es muy bonita. De Miguel Hernández tengo un libro de poemas, no recuerdo éste en concreto. En fin, me confieso muy machadiano, no tengo remedio. 😉

  7. Ay, Elentir, Tagore, MI PREFERIDO. Tagore es… tan humano y tan espiritual a la vez. Tagore saca de lo humano el alma y lo eleva tan alto que puede uno sentirse el suspiro que debío suspirar mientras lo escribía. Tagore, me gusta tanto, tanto, y más.

    Querida amiga Olimpia: ¡Qué gran poema! En un recital al que fui, con varios de mis [email protected], se recitó y… fue impresionante, ¡fantástico! Parecía que en la sala todas las almas vibraban al unísono. La voz, las palabras, salían al vuelo y chocando con el aire hacían mil revuelos; piruetas de palabras, lazos en el alma, suspiros inacabados, sollozos internos que a la voz del recitador se aguantaban en el corazón y querían salir al golpe del estruendo tono de voz. ¡Dios!

    ¡Qué tarde más maravillosa!

    Amigo Elentir, el “canto de los niños”, está dentro de cada uno de nosotros; dormido, y a veces despierto.

    Con tu permiso os anoto mi poema, va de “ser niños”

    ¿NADERIAS?

    Cuán grato sería
    Que aún fuera niña.
    Esa inocente persona;
    Que tan pronto ríe como llora.

    ¡Todo rosa y azul!
    Mirado por el cristal
    De los pocos años…
    ¡Edad ideal!

    Y… llorar por un caramelo.
    Saltar a la comba.
    Jugar a ser artista,
    Soñando salir en las revistas.

    Vestirme con los trajes de mamá,
    Como una reina,
    Con mucha majestad.
    ¡Qué felicidad!

    Llorar por un tropezón
    que hizo caer el jarrón.
    El preferido de mamá,
    Que le regaló papá.

    Decir todas las verdades
    Que se me puedan ocurrir.
    Aunque sean barbaridades
    Y, a veces, hagan reir.

    Y salpicarme de barro.
    Pasear en bicicleta.
    Temblar al llegar nas notas.
    Y romper siempre las botas.

    Soñar depierta,
    Contar estrellas,
    Pasear por las nubes,
    Escribir de bruces.

    ¿Naderías?
    ¿Cosas sin importancia?
    Momentos de la niñez;
    De una querida infancia.
    (María José*)

  8. SAMANTA

    QUE POETICOOO

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