Una República en la que reinaba un Rey

“Król panuje, nie rządzi”. Ésta es la traducción al polaco de una frase latina -“Rex regnat et non gubernat”- pronunciada hace más de cuatro siglos por Jan Zamoyski, canciller de uno de los estados más singulares de la historia de Europa: la Rzeczpospolita Obojga Narodów (en español, República de las Dos Naciones), fundada con la Unión de Lublin el 1 de julio de 1569, integrando al Reino de Polonia y al Gran Ducado de Lituania. Fue una nación muy peculiar que llegó a ser uno de los mayores y más populosos estados de Europa, una potencia de primer orden que perduraría durante más de dos siglos, para acabar desapareciendo -tras un largo declive- con la última partición de Polonia en 1795.

Una “democracia aristocrática” muy avanzada para su época

La idea de que “el Rey reina y no gobierna” -que es la traducción de la frase latina pronunciada por Zamoyski- es hoy una forma habitual de explicar el funcionamiento de las actuales monarquías democráticas, pero entonces era un concepto muy revolucionario. Igual de infrecuente era la forma que tenía esta República de limitar la autoridad del monarca, la llamada “democracia de los nobles” presidida por el concepto de la Złota Wolność, o “Libertad Dorada”, que incluía no sólo una amplia autonomía y toda clase de privilegios y derechos para los nobles, sino también una serie de libertades para el pueblo que no encontraban nada parecido en la mayoría de los países de la Europa de su tiempo.

Aunque este sistema era muy deficitario en términos democráticos si lo comparamos con las democracias que conocemos hoy en día, era algo mucho más avanzado que otras democracias que existían en su tiempo e incluso en épocas posteriores. Para que nos hagamos una idea, mientras en la República de las Dos Naciones el 10% de la población -los conocidos como “szlachta”- tenía derecho a votar, en la primera monarquía constitucional francesa (1830-1848) ese derecho sólo lo poseía el 1% de la población, y en el Reino Unido sólo el 3% en una fecha tan tardía como 1867. Además, hay que añadir que los “szlachta” no sólo elegían al Sejm (parlamento), sino también al Rey, al ser una monarquía electiva. El Rey, además, tenía muy limitadas sus competencias: no podía crear nuevos impuestos, ni ordenar levas en masa, ni declarar la guerra o la paz sin el visto bueno del Sejm.

Leyes de tolerancia religiosa e importante comunidad judía

Además, las leyes de la República de las Dos Naciones promulgaban una tolerancia religiosa muy infrecuente por entonces. Hay que tener en cuenta que en ese instante, igual que ahora, Polonia y Lituania eran dos naciones en las que el Catolicismo había arraigado con fuerza, pero en ellas también existían importantes minorías de religión ortodoxa, luterana, judía y musulmana. La República de las dos Naciones fue, de hecho, uno de los pocos sitios de Europa en los que se dio una relativa paz y convivencia entre comunidades de distintas creencias en un continente sacudido por las guerras de religión.

El caso judío es especialmente llamativo: habían sido expulsados sucesivamente de otros países europeos como Francia (1182), Inglaterra (1290), Austria (1421), España (1492), Sicilia (1493), la propia Lituania (1495), Portugal (1497), Navarra (1498)… Sin embargo, desde la fundación de la República de las Dos Naciones hasta su desaparición, este peculiar estado albergó la mayor comunidad judía del viejo continente: a mediados del siglo XVI el 80% de los judíos de todo el mundo vivían en Polonia.

Poseían un derecho que ni siquiera tenemos hoy en día

Pero lo más insólito y revolucionario del sistema político de la República de las Dos Naciones es que tenían un derecho que ni siquiera existe en las democracias modernas. Al ser investido, el Rey tenía que firmar un contrato, los Artykuły henrykowskie (Artículos de Enrique, conocidos así por ser Enrique de Valois, primer Rey electo de Polonia y el primero en firmarlos). El contrato se componía de 21 artículos, el último de los cuales decía:

“A jeśliby (czego Boże uchowaj) co przeciw prawom, wolnościom, artykułom, kondycjom wykroczyli albo czego nie wypełnili, tedy obywatele koronni obojga narodów od posłuszeństwa i wiary nam powinien wolne czynimy i panowania.”

Me perdonaréis la exquisitez de copiar el original polaco, pero creo que es un texto tan precioso que debería formar parte de la legislación de todo estado democrático. Lo entenderéis al leer la traducción: “Si algo (qué Dios lo prohiba) es hecho por Nos contra los derechos, libertades, artículos o costumbres, entonces los ciudadanos de ambas naciones serían liberados de su obediencia y su fe hacia Nos”. O dicho de otra forma: el monarca reconocía el derecho a la desobediencia e incluso a la “rokosz” (rebelión) si él incumplía sus obligaciones como Rey. Para que un político actual firmase un pacto como éste habría que someterlo antes a una gran ingestión de aguardiente, me temo…

Una gran potencia que acabó dos veces borrada del mapa

La máxima extensión de la República de las Dos Naciones dejaría pequeño a cualquier país actual de Europa, a excepción de Rusia y Ucrania. La parte polaca de la República se correspondía con la Polonia actual, salvo las regiones occidentales que el país se anexionó de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. A eso habría que añadir Lituania, Letonia, Bielorrusia, la mayor parte de Ucrania, la mitad sur de Estonia, el actual exclave ruso de Kaliningrado, la parte más septentrional de Moldavia y un pequeño cacho de Rumania. A pesar de alcanzar un dominio tan extenso, tanto la República como Polonia misma acabaron borradas del mapa en 1795, a causa de la anarquía en la que degeneró el sistema de democracia nobiliaria, un caos que aprovecharon las potencias vecinas para invadir el país y repartírselo.

Se estima que a comienzos del siglo XVII esta República tenía 10 millones y medio de habitantes (en ese momento España, una potencia mundial, no llegaba a los ocho millones y medio). Tras la desaparición de la República, Polonia no volvió a aparecer en los mapas como país independiente hasta 1918, tras la Primera Guerra Mundial, volviendo a ser nuevamente sino la gran potencia de antaño, sí un estado con un poderío militar muy importante. Ese mismo año, los países antes hermanados en la República iniciaron una guerra entre sí, por la que Polonia se anexionó parte de Lituania, incluida su capital, Vilnius, permaneciendo ambos países en estado de guerra hasta que la invasión germano-soviética de Polonia volvió a borrar a ese país del mapa, cayendo Lituania en manos de las tropas de Stalin. Polonia volvería a existir como nación independiente tras la victoria aliada de 1945, pero Lituania tendría que esperar hasta 1990, tras la caída de la URSS.

Imagen: recreación moderna de los húsares polacos del siglo XVII. Eran la unidad de élite de la caballería pesada de la República de las Dos Naciones y el exponente más formidable de su poderío militar. Fueron muy conocidos por los dos característicos adornos de madera adornados con plumas de águila que ponían en sus sillas de montar, a las espaldas del jinete.

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Comentarios (Blog):

  1. hipajiba

    Una maravilla el post. ¡Gracias!

  2. Marcial

    Muy buen post Elentir. Se nota que te lo has currado. Como bien dices, la decadencia polaca y lituana vino de la mano de la clase dirigente, de la misma nobleza indolente que elegía a sus reyes.
    En cuanto al “tejido social” no sé qué decirte: recelos contra los prestamistas y comerciantes judíos, desconfianza hacia los luteranos, fundamentalmente prusianos, etc. Sin contar con la amenaza musulmana, sueca y rusa.
    Para quien quiera iniciarse en la Historia polaca, tremenda, la trilogía de Sienkiewicz es fundamental (aunque eso sí, sólo para apasionados de la tragedia). Yo comencé a leerla cuando vi un comentario en Hispanidad del profesor Marcin Kazmierczak. Hay personajes muy “españoles” como el hidalgo Zagloba.
    Enhorabuena por la fotografía de los húsares polacos. Ahora entiendo por qué las cargas de caballería polacas eran tan celebradas.

  3. JFM

    Ese estado tan “avanzado” tenia una gran debilidad: las decisiones eran a unanimidad. Por ello en una accion anterior al sitio de Viena Jan Sobieski que cababa de derrotar a los Turcos tuvo que despedir sus tropas y se encontró sin nadie caundo loos Turcos contraartacraon. Ademas que Rusos, Prusianos y Austriacos no tardaron en descubrir que les bastaba sobornar a uno de los mimebros de la Dieta para paralizir a Polonia.

    Por lo demas es falso decir que el derecho a rebelion es unico a Polonia. Está reconocido en la Declaracion de Independencia de Estados Unidos (la Segunda Enmienda nace en parte de este reconocimiento) sino en el articulo 2 de la Declaracion de Derecho humanos francesa el caul enumera los derechos fundamentales (libertad, la propriedad, la seguridad y la resistencia a la opresion). Es verdad que ya en el articulo 3 es vaciado de contenido (el cudadno se hace culpable por resistirse a su arresto). En le caso estadounidense la

  4. Elentir, no estoy a vuestra altura, pero se lo que siento y valgo:)
    Nuna estaré con vuestras ideas, sencillamente porque tengo las mias, buenas me parece, pero nunca consentiré que nadie me diga que debo hacer.
    Perdón, no lo digo por ti 🙂
    Un abrazo )

  5. JFM

    cuestion fué puesta sobre el tapete en los meses que precdeieron la Guerra de Secesion pero tento Confederados (obviamente) ni Unionistas reafirmaron ese derecho. Lo que Lincoln y los suyos negaban es que las condiciones de ejercicio de ese derecho estubiesen reunidas: recordemos que el Sur Profundo hizo secesion antes de que Lincoln hubiese siquiera jurado su cargo. Tambien que meses despues abrió fuego sobre Fort Sumter a pesar de la ausencia de todo acto agresivo (movimentos de tropas, movilizacion, bloqueo) de parte del Norte: los dirigentes confederados temian un enfriamiento de la poblacion ademas de que querian galvanizar al Alto Sur (donde estaba toda la industria y el talento militar) que se habia negado a hacer secesion.

  6. Afrikaner

    La democracia de los nobles en Polonia se ha autodestruido por dos motivos:
    1. Como bien dice JFM en su comentario de las 11:34, las decisiones del parlamento tenian que ser tomadas por unanimidad.
    Un sólo noble que participaba en las deliberaciones del parlamento podia invocar el derecho del “Liberum Veto” para tumbar cualquier
    proyecto de la nueva ley.
    2.Las grandes familias aristocraticas de Polonia (Zamoyski, Potocki, Radziwill, Lubomirski) no estaban dispuestos a elegir cómo
    Rey de Polonia a uno de sus miembros y preferian elegir a un extranjero (Valois, Habsburgo, Vasa, Bathory).
    La democracia de los nobles acabó totalmente corrompida por Rusia, Prusia y Austria lo que
    trajó la desaparición del pais durante los 200 años de su historia.
    Muy buen post. Mis felicitaciones.

  7. JFM

    Nota: Los huzars (con Z) polacos, que eran caballeria pesada con coraza y lanza no tenian nada que ver con los husares hungaros o a imitacion hungara que eran caballeria ligera (de hostigamineto en vez de rotura) sin coraza y con sable.

  8. Alucinado me quedo con las aportaciones que hacéis los lectores. Menudo nivel. Enhorabuena.

    JFM, tanto al español como al inglés los húsares polacos han llegado con S en vez de con Z, supongo que por analogía con los húngaros, que en occidente son los más famosos. Por eso lo he puesto con S.

  9. Marcial

    Claro, por lo que contáis ahora entiendo que las cargas de los húsares polacos que tan bien describe Sienkiewicz (jinetes de hierro adornados de plumas y vivos colores) fueran tan distintas a la de los húsares a la húngara con sus dolmans y sables curvos que yo tenía en mente.
    La Historia de Polonia es muy trágica. Buenos hombres en manos de una clase dirigente egoísta.

  10. El Tíol Bastón

    Es un buen artículo histórico.

    Yo creo que sí tuvimos en la legislación española un cierto derecho a rebelión, o por lo menos algo parecido, y mucho antes que los polacos. Hay un famoso pasaje histórico-literario que lo atestigua.

    Hasta donde se sabe por la Historia, las protomonarquías y monarquías más primitivas fueron electas. Existe el ejemplo de Roma en sus primeros tiempos, y también en España tenemos el de los reyes godos, como estaba reconocido en el Código de Eurico (año 476) y en el de Leovigildo: el rey, aunque cargo vitalicio, era electo, elegibilidad que había sido ratificada por el Concilio de Toledo (589). Una de las partidas o cláusulas de este breviario, reconocía además el derecho a rebelión al dar autoridad a un vasallo para obligar a cualquier noble superior a él, incluido el rey, a jurar que no había tenido parte en un acto de felonía o traición del que su pueblo le hiciera sospechoso; cláusula que, como sabemos, es utilizada por el Cid para hacer jurar al rey Alfonso VI que no había tenido parte en el asesinato de su propio hermano Sancho (¿qué autoridad tenía Díaz de Vivar, si no, para hacerlo?). Hay muchas teorías que son todo papel mojado si pensamos que Alfonso tenía razones para enfurecerse, dado que en ese preciso momento se hallaban en plena pugna entre vasallos y reyes, abogando los primeros por las leyes germanas encarnadas en los códigos visigodos citados, que primaban su poder como vasallos, contra el mucho más romanizante Código de Recesvinto, quien, puesto como rey por su padre, el autoritario y resuelto Chindasvinto, había supuesto en su propia carne un intento de perpetuación en el poder para sus descendientes, dando prebendas al monarca al establecer unas leyes de sucesión que dan autoridad a la consanguinidad sobre prácticamente cualquier otra circunstancia. Hay que recordar que la sucesión hereditaria al trono de los reyes godos, prohibida en la legislación de éstos, había sufrido diversos intentos de instauración por parte de los monarcas más preocupados por sus hijos. Por fin, desde Ervigio (680-687), sucesor de Wamba, la monarquía visigoda se hizo de facto hereditaria. El Código de Recesvinto triunfaría algo más tarde ya de la época del Cid, a partir de su traducción al latín por Fernando III, dando lugar al célebre “Fuero Juzgo”.

  11. aln

    Pues vaya, uno que ha estado viviendo por allí tantos años, y no sabía muchas de estas cosas. Pero se ve que quien tuvo, retuvo, y desde luego que una característica de los polacos de hoy en día es el amor a la libertad y la independencia. Por allí la gente alberga una yo diría que sana desconfianza hacia las instituciones estatales, y son la familia (y la Iglesia), los pilares en que se apoyan.
    Un hecho curioso es que los gobernantes son vistos como unos meros gestores que hoy están y mañana no, en lugar de como una especie de ‘guías espirituales’, porque para eso están los obispos, que son los que de verdad influyen en la opinión pública.

  12. El Tíol Bastón

    Perdón, puse “traducción al latín” donde debí decir “traducción del latín”, obviamente.

  13. Muy buena historia Elentir, la leí a la tarde y por prisas no tuve tiempo de comentar nada.

    Coincido con otras opiniones de aquí en cuanto al amor a la libertad de los polacos, conocí a una chica de allí que me decía que había una especie de antipatía por alemanes y rusos ya que por culpa de ellos su pueblo no había podido disfrutar de su libertad.

    Desgraciadamente para Polonia, le tocó estar en medio de dos países con sendos regímenes siniestros y criminales, no me extraña que hoy en día gobierne la derecha, quieren recuperar el tiempo perdido que les robó el comunismo y el nacionalsocialismo.

    Muy buen post.

  14. spartan

    Muy interesante. Yo si sabía lo del carácter electivo de la monarquía Polaca, y me sonaba Jan Sobieski, pero no conocía el resto de la historia.

    Mi conocimiento de la historia y la actualidad polaca viene de la convivencia con polacos en el año 1999-2000 (10 años sin comunismo mas o menos). Sobre los alemanes decían que tenían una imagen completamente distorsionada de ellos. Un amigo polaco me contaba que en un viaje a Alemania, una familia le quería dar ropa usada (como si fuera un pobre de solemnidad), así como de carteles en los baños de una bar cercano a la frontera germano-polaca donde se avisaba a los polacos de que los lavabos no eran el lugar indicado para orinar (nota: en “La insoportable levedad del ser” de Kundera, se cuenta que los médicos checos tenían esta costumbre, no se si entre los eslavos existía este uso realmente). Y de los rusos, la imagen que tenían de los polacos (aparte de la histórica por las invasiones) era la de un pueblo sin ley tras el comunismo: ladrones, delincuentes, etc.

    Saludos.

  15. spartan

    Ah, se me olvidaba. Sobre la relación de los polacos con los húngaros, un dicho polaco: “Polacos y húngaros, siempre juntos para beber y para luchar”.

    Doy fe de que los polacos son bebedores duros. Tumbaban a cualquiera con los chupitos de vodka (acompañados de un vaso de zumo para el sabor). Y a la mañana siguiente, a las 10.00 arriba y sin resaca.

  16. JFM

    Un autor americano afirmaba que la vodaka no da resaca.

  17. Josmaraj

    En definitiva, un rey en manos de la Dieta de nobles, en la práctica señores de la guerra que tiraban cada uno por su lado, desencadenando revueltas cada dos por tres. Y títeres de Francia. Menudo paradigma. No todo lo que provino de países católicos fue bueno per se.

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