Los insólitos detalles de un golpe de Estado que pude haber visto en directo

Estos días se está hablando mucho del 23-F, pues mañana se celebra el 30º aniversario de ese golpe de Estado frustrado. Entonces yo sólo tenía cinco años y apenas recuerdo que al ver la tele pensé que aquello era una película. Recuerdo mejor algo ocurrido cuatro años después. El 2 de junio de 1985 estaba yo con mi familia en La Coruña, en lo que recuerdo como un día soleado y muy bullicioso. Tengo en mi memoria la imagen de los barcos de la Armada ante la ciudad y los tanques haciendo temblar el suelo cuando pasaban por donde veíamos el Desfile del Día de las Fuerzas Armadas (el único que he presenciado). Aquel día estuvo cargado de emoción -yo tenía nueve años, y para mí fue todo un acontecimiento-, pero esa jornada se recuerda por algo de lo que no nos enteramos hasta seis años más tarde.

El País da información falsa sobre un golpe ocultado por el gobierno

El 17 de febrero de 1991, El País titula en su portada: “Militares golpistas planearon matar al rey durante un desfile en La Coruña en 1985“. El periódico de PRISA indica, además: “Un grupo de militares golpistas diseñó un plan para volar la tribuna del Rey en el Día de las Fuerzas Armadas de 1985. Esta información ha sido mantenida en secreto hasta ahora por el Gobierno y un reducido número de dirigentes de la oposición.” El atentado habría consistido en “la colocación de una carga explosiva al pie de la tribuna desde donde don Juan Carlos iba a presenciar un desfile en La Coruña, acompañado de la Reina, Felipe González, Narcís Serra y los miembros de la cúpula militar”.

El País no dice la verdad -como veremos más tarde- al asegurar que el atentado fue “abortado por los servicios de Información del Estado, después de estudiar estos artículos publicados en el diarlo El Alcázar, órgano de extrema derecha, donde se mencionaban las palabras el zambombazo y la Cosa Tremenda en el contexto de un trabajo dedicado a la geografía, la historia, el folclor y la gastronomía de Galicia”. Lo que el periódico de PRISA venía a decir es que el CESID se enteró por la prensa, algo que no se cree nadie que conozca bien la capacidad de los servicios de inteligencia. Como fuente de la información, ese periódico, muy próximo al gobierno socialista de Felipe González, apunta lo siguiente: “Los datos mencionados han sido obtenidos por este periódico en el curso de una investigación sobre las redes involucionistas que permitieron el 23-F y las que sobrevivieron al golpe de Estado, del que se cumple una década.”

Un periodista próximo a los servicios de inteligencia tras la noticia

Este cuento de El País sobre el origen de esa información se viene abajo nada más ver que uno de los autores de la crónica era José Luis Barbería, un periodista muy cercano al poder durante los gobiernos socialistas, tanto el de González como el de Zapatero. Ignacio Arsuaga le dedicó una entrada el mes pasado, refiriéndose a Barbería como “un periodista alimentado de información por los Servicios de Seguridad e Inteligencia del Estado”. De hecho, y en relación con el aniversario que se celebra mañana, Barbería firmaba anteayer una crónica en El País desvinculando al CESID del 23-F y calificando de “rumores y ficciones” las cada vez más numerosas fuentes que relacionan a ese servicio de inteligencia con dicho golpe.

Ese mismo día acude a Veo7 el ex-coronel Juan Alberto Perote, jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) del CESID entre 1983 y 1991, y echa por tierra la tesis de Barbería. Perote declara: “El golpe del 23-F habría sido imposible sin la colaboración del CESID”. Además, señala que “el asalto al Congreso estaba planificado en líneas generales por Tejero, pero la fecha y la hora se decide por el propio comandante Cortina. Se refiere a José Luis Cortina Prieto, jefe de la AOME durante el 23-F.

Felipe González habla del golpe en un mitin y El País le sigue

Del golpe de 1985, cuyos detalles son un gran misterio, apenas se habla más hasta otros seis años después de aparecer esa noticia en El País. España ya ha asistido a la derrota electoral de Felipe González y a su salida del poder. El 16 de octubre de 1997 González da un mitin en La Coruña junto a Francisco Vázquez, entonces alcalde de la ciudad, y Abel Caballero, que se presenta como candidato del PSOE a la presidencia del gobierno autonómico gallego. El ya expresidente no tiene mejor ocurrencia que referirse por primera vez en público a la intentona golpista en ese acto de partido, con estas palabras: “Los coruñeses sabrán en el futuro qué pasó en 1985, cuando celebramos aquí el Día de las Fuerzas Armadas. Lo contaré cuando no haga daño a mi país, porque yo no haré política de tierra quemada.” Faltan tres días para la jornada de votación y no parece, desde luego, una declaración hecha precisamente para relajar el tono de la campaña electoral.

Dos meses después, el 9 de diciembre de 1997, El País vuelve a dedicar una noticia al asunto con este titular: “Militares y civiles ‘ultras’ planearon asesinar al Rey y al presidente en el desfile de A Coruña de 1985.” Esto repetía la misma información publicada por el diario de PRISA seis años antes, pero en la entradilla se explica la novedad: “Hasta hoy, sin embargo, han permanecido ocultos los nombres de los civiles y militares que formaban aquella trama, contra la que el Gobierno prefirió no tomar medidas una vez desarticulada.” Barbería no firma esta nueva crónica que difiere bastante de la escrita por él y por Joaquín Prieto seis años antes. Esta vez El País vincula a tres participantes del 23-F, entonces todos en prisión, con la preparación de esta nueva intentona golpista: Jaime Milans del Bosch, Antonio Tejero Molina y Ricardo Pardo Zancada, y también a uno de los implicados en la intentona golpista del 27 de octubre de 1982, José Crespo Cuspinera. El diario de PRISA va aún más allá y cita declaraciones de uno de los implicados en la intentona golpista de 1985, conocida como “el Zambombazo” (por la velada alusión que se hizo al mismo en el diario franquista “El Alcázar”). Dicho individuo declara lo siguiente a El País “a condición de no publicar su nombre”:

“Después de 1981 quedó claro que el golpe no podía hacerse con el Rey ni pese al Rey, sino contra el Rey. Para nosotros, era un perjuro y un traidor”.

Una operación de bandera falsa para desencadenar el golpe

Además, El País cuenta que la trama se inspiró en el atentado que perpetró ETA en Madrid el 20 de diciembre de 1973 contra el almirante Luis Carrero Blanco. En este caso también se emplearía un túnel para colocar “100 kilos de explosivo bajo los pies de las autoridades para hacerlos estallar en mitad del desfile, transmitido en directo por televisión”. Las brutales consecuencias del atentado las explica dicho periódico en el siguiente párrafo:

“De haber tenido éxito, habrían muerto seguramente el Rey, la Reina, las infantas Elena y Cristina, el presidente del Gobierno, Felipe González, el ministro de Defensa, Narcís Serra, y los jefes de la cúpula militar, los almirantes Angel Liberal y Guillermo Salas y los tenientes generales José María Sáenz de Tejada y José Santos Peralba. Eso sin contar las probables víctimas entre soldados y público.”

Además, El País añade: “Respecto a los explosivos, se descartó recurrir a los arsenales militares, pues se pretendía atribuir a ETA la autoría del atentado.” Se trataría, así pues, de una operación de bandera falsa, que es como se denominaba antiguamente a los ataques militares que se hacían luciendo inicialmente la bandera enemiga para engañar al oponente. Hoy en día se conoce con este término a las operaciones encubiertas y atentados terroristas hechos para atribuírselos a otros, a fin de enervar a la opinión pública y ponerla en su contra.

El CESID da un chivatazo a los golpistas por orden del gobierno

Tras citar diversos nombres de implicados en la trama golpista, tanto miembros de las Fuerzas Armadas como civiles de la ultraderecha, El País da una información que contradice la que había publicado en 1991. Recordemos que entonces aseguró que el atentado fue “abortado por los servicios de Información del Estado”. Ahora, sin embargo, El País dice que “el plan fue abortado por sus propios promotores hacia la Semana Santa de 1985”. Según ese periódico uno de los implicados, sin dar el nombre, había recibido un escueto mensaje que decía: “Nos han descubierto, todo está suspendido”. Lo más alucinante es lo que el periódico socialista dice a continuación: “El Cesid hizo saber a los conspiradores que estaban estrechamente vigilados y serían detenidos al primer paso en falso.” Así pues, no es que el CESID abortase el golpe, sino que dio un soplo a los conspiradores y les permitió salir impunes. Unos párrafos más adelante, el diario revela quién ordenó este chivatazo:

“Yugulada la operación, el Gobierno no quiso adoptar ninguna medida contra los implicados, ni siquiera contra los oficiales en activo. “Eran pocos, estaban bajo control, no representaban ningún riesgo y lo último que necesitábamos era convertirlos en mártires”, explica un ex ministro socialista. En ese momento estaban en prisión los condenados por dos intentos de golpe de Estado. ¿Para qué un tercero?”

Es decir, que se deja impunes a los participantes en un delito de conspiración que tenía como fin un atentado brutal, con docenas de víctimas, y todo por un cálculo político.

El CESID redactó un informe secreto y sin hechos probatorios

Al día siguiente de publicarse esa noticia en El País, el diario de PRISA recoge unas declaraciones del Ministro de Defensa, Eduardo Serra, diciendo que el informe hecho por el CESID sobre esta trama golpista es secreto y “carece de elementos probatorios”, por lo que no se puede imputar judicialmente a los supuestos implicados.

El periódico incluye en primer término la defensa que Juan Manuel Eguiagaray, portavoz del PSOE en el Congreso, hace del chivatazo a los golpistas, “un importante servicio a nuestro país”, según el diputado socialista, que añade: “quienes tenían la responsabilidad hicieron todo lo posible para que eso no tuviera ningún efecto negativo y, naturalmente, también fue la prestación de un servicio a nuestro país la desarticulación de una trama que existió. El País también cita las declaraciones del exjefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, tachando de “inexplicable” que no se adoptaran medidas judiciales contra los implicados y calificando de “teoría extraña” el argumento de que no se quería crear mártires.

El 12 de diciembre, Cuspinera niega la información de El País, negando su implicación en un intento de magnicidio.

El País ocultó la existencia de un infiltrado: el “Lobo Azul”

El caso es que el diario de PRISA no cuenta ni en 1991 ni en 1997 la verdad sobre como se conoció aquella intentona golpista. Me refiero, en concreto, a estos dos párrafos publicados por El País en 1997:

“En este caso, el Cesid contó además con la inapreciable colaboración de uno de los implicados. Aunque el servicio secreto presumía de tener infiltrados los grupos ultras, no fue un agente doble, sino un franquista hasta la médula quien, seguramente tras reflexionar sobre la magnitud de la carnicería que se preparaba, decidió evitarla.

Su identidad constituye el secreto mejor guardado de toda esta historia, aunque el antiguo miembro de la trama con quien habló EL PAÍS apunta a “Enrique López Durán, un paisano [es decir, un civil] de Murcia”.”

Esto es una nueva intoxicación del diario socialista. La verdad al respecto llega 20 años después de la fecha señalada para el atentado de La Coruña. El 3 de julio de 2005 El Mundo publica la primera parte de un reportaje sobre Francisco Lerena Zambrano bajo el título de “Los secretos del ‘Lobo azul’“. Lerena es un antiguo miembro de la Guardia Civil y el 23-F era agente del área de Involución en el CESID (Centro Superior de Información de la Defensa, el servicio de inteligencia español, rebautizado como Centro Nacional de Inteligencia en 2002), con el nombre en clave “Alejandro”. Decide sacar a la luz lo ocurrido cuando el gobierno deja de abonarle el sueldo que le habían prometido por los servicios prestados al Estado.

El Mundo da todos los detalles de como Lerena “controló, para frustrarlo desde dentro, el atentado contra la Familia Real y el Gobierno de Felipe González en pleno, durante un desfile en A Coruña”. En la segunda parte del reportaje, publicada al día siguiente con el título de “Así intentamos matar al Rey”, Lerena da todos los detalles de esta operación de infiltración (o al menos de su versión de los hechos). El reportaje amplía datos de la operación de bandera falsa preparada para La Coruña, y relata lo ocurrido en una reunión previa celebrada por los golpistas en Murcia:

“En la reunión se revisan los planes del golpe de A Coruña. Se decide que hay que involucrar sólo a gente que no esté quemada. Se trata de crear un vacío de poder y echarle en un primer momento la culpa a ETA o el Grapo. Comentan que es esencial controlar los medios de comunicación para manipular a la opinión pública.

«Tenían gente en agencias de información y hasta en Presidencia del Gobierno. Gente durmiente, infiltrada que saldría a la luz en el momento preciso. Lo alucinante es que cuando dijimos claramente que se va a matar al Rey y a todo el Gobierno los presentes alzaron la voz para gritar ¡Qué bien! ¡Qué bueno!».”

¿Qué es lo que hay que ocultar 26 años después?

Libertad Digital revelaba hace unos días que en una reunión con víctimas del terrorismo el 11 de marzo de 2010, el Rey declaró: “A mí todavía me ocultan cosas del 23-F”. Desde luego, si sobre esa intentona golpista aún se ciernen ciertas sombras, en torno al “Zambombazo” casi todo es oscuridad, lo cual lleva a hacerse una pregunta: ¿cómo se explica que un delito tan grave como el de conspiración se saldara en 1985 con un chivatazo a los conspiradores, sin detenciones ni juicios ni tan siquiera expulsiones de la carrera militar, y con el más absoluto secreto durante más de un lustro?

Aún a día de hoy, y al no haberse celebrado un proceso judicial, los datos que hay sobre el “Zambombazo” son muy escasos. Es de suponer que el CNI tendrá documentación reservada al respecto, entre ella ese informe secreto que mencionó Eduardo Serra en 1997. Ante la existencia de ese informe, surgen otras preguntas: ¿por qué seguir ocultando lo ocurrido 26 años después? ¿En torno a la conspiración de 1985 hay también algo que esconder? Desde luego, el silencio que rodea a este grave hecho es sorprendente y deja en evidencia hasta qué punto se ocultan a los españoles hechos y datos relevantes de nuestra historia reciente, lo cual da una imagen muy pobre de nuestra democracia y arroja aún más interrogantes sobre los cabos sueltos y contradicciones de otros hechos, como por ejemplo el 11-M, los GAL o el chivatazo policial a ETA en 2006.

(Encabeza estas líneas una foto tomada del diario La Opinión de Coruña. Se trata de un momento del Desfile del Día de las Fuerzas Armadas el 2 de junio de 1985. Se distingue en la tribuna de autoridades al Rey, en el centro, y al entonces presidente del gobierno, Felipe González, a la izquierda de la imagen. Esta tribuna la pretendían volar por los aires los integrantes de la trama golpista de la operación ‘Zambombazo’.)

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Comentarios (Blog):

  1. Marcial

    Buen post Elentir. Interesantísimo.
    Creo que ya lo he dicho aquí, pero recomiendo el libro de Palacios. No tengo nada que ver con él y al margen de que se pueda estar de acuerdo con lo que dice en el libro (y en la entrevista que le hicieron en Intereconomía) plantea cosas muy sugerentes.
    A mí todo esto me recuerda el papel que los servicios de información franceses tuvieron en el desenvolvimiento de la crisis de Argelia (aunque no del todo cierta, muy buena la película “Chacal” de Zinnemann).

  2. Me uno a tu recomendación, Marcial.

    Por cierto, si te pareció interesante lo que ves publicado, tendrías que haber leído lo que al final decidí quitar, porque la entrada era aún más larga… Me pareció que era demasiado ladrillo para una sola entrada. A ver si algún día le puedo dedicar otra entrada a lo que se me quedó en el tintero.

  3. El Tiol Baston

    Muy bueno sobre historia reciente. Es muy interesante, un tipo de artículo que debería leer mucha gente de ésa que después habla de algún país mucho más democrático que el nuestro despreciando la democracia que allí tienen como si lo nuestro fuera el no va más, porque si bien es cierto que allí se ocultan cosas también es verdad que son muchas menos porque el sistema lo propicia menos. En realidad, la democracia tal y como está planteada en este momento en el mundo sólo es una mezcla entre pura comedia y un engaño para tener a la gente tranquilita y poder explotarla tranquilamente por parte de quienes detentan el poder (utilizo “detentan” en su significado propio, no en el equivocado que le dan los pedantes). Todo se reduce a una cuestión de escala, en la que hay que distinguir dónde es mayor y dónde menor la democracia, y qué democracias están en el medio del baremo.

  4. Jandro

    Buenísima entrada, merece la pena leerla con detenimiento. Lo peor es el desagradable sabor, cada vez más habitual, que te llevas ante la certeza de estar permanentemente engañado por los que manejan el cotarro.

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