Sobre Internet y las redes sociales: culpen a las personas, no al instrumento

Esta semana las redes sociales e Internet en general han recibido ciertas críticas que me llaman la atención. El lunes la crítica -bastante deformada por la mayoría de los medios- llegaba del presidente de la Conferencia Episcopal Española, el Cardenal Antonio María Rouco Varela, durante su discurso de apertura de la XCVII Asamblea Plenaria de la CEE. Anteayer, aunque con menos revuelo que el generado por mi paisano, hacía otro tanto el periodista Iñaki Gabilondo en una rueda de prensa publicada ayer como entrevista en El País. Pongo los enlaces a las fuentes de información en ambos casos –la web del Arzobispado de Madrid y el periódico de PRISA, respectivamente- para que todo el que siga leyendo estas líneas pueda tener, como yo, acceso a las declaraciones originales de ambos. Lo que dijo Rouco sobre Internet y las redes sociales viene en este párrafo (y cito literalmente sus palabras):

“El ideal humano de la libertad reconquistada – bien antiguo y bien nuevo en las particulares expresiones de la moderna cultura de la libertad – ha sido propuesto y explorado por mil caminos en los dos últimos decenios. Entre esos caminos adquiere un puesto relevante el del mundo de la cibernética, cuyo desarrollo y popularización ha llegado a crear una nueva situación de intercomunicación globalizada de la que los jóvenes son actores principales. Prueba de ello son, por ejemplo, los acontecimientos de las últimas semanas y de ahora mismo en el mundo árabe, propiciados en buena medida por la aludida nueva situación. La red se ha convertido en un instrumento poderosísimo de información y de comunicación; pero también de propagación de fórmulas de vida de todo tipo, sin excluir las menos acordes con la dignidad humana. Así, los jóvenes se encuentran particularmente expuestos a la influencia desorientadora del relativismo, es decir, de una actitud guiada por la indiferencia ante el bien, por el “todo vale” y por la preterición de los bienes verdaderos. Al mismo tiempo, la atracción de las “redes sociales” propicia un estilo de vida “virtual”, vacío – paradójicamente – de encuentros y de relaciones verdaderamente personales. Si a ello se suma la coyuntura histórica general, dominada por una crisis económica, socio-política, cultural y ética con pocos precedentes, no es extraño que muchos jóvenes, duramente afectados por tal crisis, sientan sus vidas inmersas en la mayor de las incertidumbres.”

Hasta aquí llega la referencia a Internet y las redes sociales que se puede encontrar en la web del Arzobispado de Madrid. He puesto en negrita las partes que me parecen más relevantes, para no sacar de contexto las palabras del cardenal. Ciertamente, Monseñor Rouco tiene razón al decir que Internet se ha convertido en un poderoso instrumento de “propagación de fórmulas de vida de todo tipo, sin excluir las menos acordes con la dignidad humana”, y al señalar que los jóvenes están especialmente expuestos a esta influencia. De hecho unos días antes del discurso de Monseñor Rouco se daba a conocer un estudio de BitDefender que revela que el 95% de los encuestados había descubierto a sus hijos menores navegando por webs para adultos, y que el consumo de pornografía por Internet se está iniciando a los 11 años.

El error de centrar un discurso en los aspectos negativos de la red

No obstante, creo que la valoración que hace el cardenal sobre la red se centra demasiado en lo negativo. Internet hoy en día también se ha convertido en un poderoso instrumento de evangelización, de transmisión de los valores cristianos y de defensa de la vida y la dignidad humanas. En España tenemos un excelente ejemplo en el movimiento ciudadano iniciado hace ahora diez años por la que entonces era una modesta web: HazteOir.org. La propia Iglesia utiliza ese instrumento como herramienta de comunicación, en especial con los jóvenes: basta con pasarse por la web de la JMJ Madrid 2011 para comprobarlo. Muchas diócesis, movimientos de apostolado y todo tipo de asociaciones católicas usan webs y blogs como instrumentos de comunicación. Creo que la Iglesia debería volcarse en el dominio de esas herramientas más que en centrar sus mensajes en ciertos aspectos negativos.

Hay que recordar que la invención de la imprenta también dio lugar a un proceso de difusión de ideas nunca visto hasta el momento. El protestantismo supo aprovecharla muy bien en la difusión de sus tesis. La aparición de la radio, del teléfono y de la televisión también dieron lugar a auténticas revoluciones en el terreno de la comunicación. Los dos primeros no son hoy objeto de críticas, pero sí lo sigue siendo la televisión, que hasta la llegada de Internet ha sido el instrumento de difusión de ideas más poderoso de la historia de la Humanidad. Es lógico que la Iglesia critique el mal uso que hacen ciertas personas de esos instrumentos, pero lo que no tiene sentido es que critique al instrumento en sí.

Las redes sociales y la importancia de la educación en su uso

Precisamente creo que el error de Monseñor Rouco ha sido abordar las redes sociales olvidando su función instrumental, atribuyendo un valor negativo a lo que no es más que un medio y omitiendo la necesidad de la educación para saber usarlas correctamente. Recuerdo sus palabras al respecto: “la atracción de las “redes sociales” propicia un estilo de vida “virtual”, vacío – paradójicamente – de encuentros y de relaciones verdaderamente personales”. Hay que decir que tan virtual es la comunicación por una red social como lo era, en su momento, la comunicación por correo postal. La diferencia es que en las redes sociales la comunicación es inmediata. Esto tiene indudables ventajas, y pondré sólo una como ejemplo. Hace años yo era un cliente habitual de Correos. Escribía muchas cartas a amigos que estudiaban fuera de Vigo. Cualquier malentendido podías tardar días o semanas en aclararlo. Hoy esa aclaración es inmediata. En ambos casos, tanto en la red como en el correo postal, no vemos a nuestros interlocutores. En ambos casos, el buen uso de esos medios depende de la educación recibida: ahí está la clave del bueno uso de Internet y de las redes sociales.

De la misma forma que un padre no deja al alcance de sus hijos pequeños cualquier lectura, no tiene sentido que les dejen navegar a su antojo por la red. Los padres han de educar a sus hijos en el manejo de estos medios, y los colegios también deben participar en este proceso, lo mismo que enseñan filosofía, literatura o el manejo de un diccionario. Obviamente, esto supone un reto para muchos padres, pues se trata de herramientas de comunicación que manejan mucho mejor las generaciones más jóvenes. La solución, desde luego, no es cerrar el paso a esos instrumentos que nos ofrece la tecnología. Educar es enseñar a caminar y a hacer elecciones en la vida. Tan inútil es impedir a un niño conectarse a Internet como lo es impedirle ver la tele. Hay que enseñarle a manejar bien esos medios, a usarlos para fines positivos, a distinguir la información positiva de la negativa, a tener un criterio propio, en fin.

El choque entre el periodismo tradicional e Internet

Vayamos ahora con las palabras de Iñaki Gabilondo. Éste es el párrafo que citaba ayer El País sobre las referencias a Internet del ex-presentador de las noticias de la Cuatro:

El periodista trata “una mercancía delicada que ha de ser tratada con garantía”. Ahora Internet es “la excusa perfecta para los manipuladores. E Internet es tan solo un instrumento que necesita buenos cocineros que le den la cocción adecuada”.

Me deja estupefacto que diga esto el responsable de la difusión de la noticia falsa de los terroristas suicidas tras el 11-M. Desde luego, manipulaciones y mentiras las ha habido con los libros manuscritos y los impresos, con los periódicos, las radios y las televisiones, y ahora también las hay en la red. La diferencia de Internet es que es mucho más difícil de “cocinar” que los medios de comunicación tradicionales. Para montar y sostener un periódico hacen falta considerables sumas de dinero que no están al alcance de cualquiera, y que provocan que -con demasiada frecuencia- los medios impresos acaben vendiéndose a cambio de ayudas públicas (en forma de publicidad institucional) que les permitan continuar con su actividad. En el caso de la radio y la televisión, en España están directamente sujetas a la concesión de licencias previas, licencias que los políticos administran a su antojo. En Internet, sin embargo, es mucho más barato montar un diario digital y no se precisan licencias para poder transmitir.

Precisamente el problema que del periodismo tradicional con la aparición de Internet es que la red ha roto el monopolio de los periodistas sobre la transmisión de las noticias. Hoy cualquier ciudadano armado con un teléfono móvil puede transmitir a todo el mundo, mediante Twitter o un blog, lo que está ocurriendo en el lugar de la noticia. Evidentemente esto puede dar lugar a intoxicaciones y manipulaciones… exactamente igual que con el periodismo tradicional. El caso es que el carácter masivo de las redes sociales permiten un contraste más rápido de las noticias. Obviamente, no se trata de un medio perfecto, como todo aquello que depende de los seres humanos… Y es aquí, en este punto, donde se conectan el error de Monseñor Rouco al abordar las redes sociales y el de Gabilondo al descalificar Internet. La red es un instrumento en manos de personas. Somos las personas las que añadimos un valor a ese instrumento. La red en sí no es buena ni mala: puede servir para canalizar ayudas al tercer mundo, recabar firmas para una causa noble o difundir ideas acordes con la dignidad humana, y también puede ser utilizada por quienes buscan hacer el mal. Así pues, por favor, no culpen al instrumento: culpen a las personas que lo usan mal.

(Foto original: Barron)

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  1. Elentir, no estoy del todo de acuerdo con la valoración que haces de las palabras de Rouco. Hagamos una comparación: hoy nadie discute la bondad de disponer de un medio de transporte, pero nadie se dedica a cantar estas bondades porque todos las conocemos y sin embargo se habla constantemente de los peligros de la mala conducción o de la conducción bajo los efectos de ciertas sustancias. El que se hable de estas cosas no implica que se considere algo malo en sí mismo, sino que se está advirtiendo sobre la necesidad de la educación en la corrección al volante. Pues lo mismo sucede con internet, que ya todos sabemos las bondades de la red, las ventajas que supone no sólo en la inmediatez de la información sino como herramienta de formación, de trabajo o de ocio.

    Además, Monseñor comienza precisamente alabando las tecnologías con estas palabras: “El ideal humano de la libertad reconquistada – bien antiguo y bien nuevo en las particulares expresiones de la moderna cultura de la libertad – ha sido propuesto y explorado por mil caminos en los dos últimos decenios. Entre esos caminos adquiere un puesto relevante el del mundo de la cibernética, cuyo desarrollo y popularización ha llegado a crear una nueva situación de intercomunicación globalizada de la que los jóvenes son actores principales.”
    Si eso no es alabar la red, no sé lo que es.

    Pero hace bien en advertir de los peligros porque hay muchísimos padres (lo veo en los colegios de mis hijos) que no se mentalizan del peligro y tienen a sus hijos navegando con libertad total. Y no me refiero sólo a que no les pongan filtros para contenidos sexuales o violentos, sino que no se preocupan de controlar las ideas que se transmiten en lo que sus hijos leen en la red. Hay que advertir de esto y aconsejar a los padres que están perdidos.

    Pero esto es un aviso sobre educación y sobre formación, no una crítica a una herramienta. Al menos eso es lo que a mí me parece.

    En lo referente a Gabilondo, es de los periodistas que no ha sabido adaptarse a las nuevas tecnologías, y no le gustan por la sencilla razón de que él es un manipulador nato (véase las reacciones populares consecuencia de lo que tú mencionas sobre los terroristas con muchos calzoncillos). La manipulación en internet es muchísimo más complicada porque antes de que se difunda masivamente la información, alguien se ha dado cuenta de la manipulación y la desmonta en un comentario a la misma noticia o en alguna red social. Estar en la sociedad de la información tiene esas cosas. Los buenos periodistas se han adaptado, tienen blogs, cuentas en tuiter y feisbuc y se mueven con soltura por la red. Es la vida: renovarse o morir, y Gabilondo, profesionalmente, hace años que está muerto.

    Un saludo.

  2. Precisamente he puesto las palabras de Monseñor Rouco en su contexto porque he leído comentarios en ciertos medios que me han parecido de lo más demagógicos. A pesar de ello, insisto en que Rouco no estuvo muy acertado con esta afirmación: “la atracción de las “redes sociales” propicia un estilo de vida “virtual”, vacío – paradójicamente – de encuentros y de relaciones verdaderamente personales”.

    Podría haber hablado del “abuso”, o del “uso irresponsable” o de la “manipulación”, pero dijo la “atracción”. Esa afirmación ha dado pie a comentarios como los que hemos visto estos últimos días en distintos medios. Una afirmación así da a entender que las redes sociales son algo negativo. De hecho, la única mención que hizo Rouco a las redes sociales fue ésa. Creo, desde luego, que mostró una cierta torpeza al resumir su valoración sobre las redes sociales en esa frase.

    Por otra parte, vengo diciendo desde hace tiempo que la Iglesia se encuentra con un serio problema para llegar a los medios, y no se trata de un problema atribuible a los propios medios, sino también de la propia Iglesia. La Conferencia Episcopal ha tenido cuatro días para matizar o aclarar lo que han dicho los medios sobre esa declaración, y no veo que lo haya hecho. Así que la cosa queda ahí como está. Una pena, en fin, sobre todo ahora que se están volcando tantas iniciativas católicas en las redes sociales.

  3. El choque entre el periodismo tradicional y la red es lógico. Lo que hace la red es cargarse los intermediarios y algunos ya no entienden que no son ellos quienes deciden qué es noticia y qué no. O si lo entienden lo quieren evitar. Son los amigos de “controlar” internet. Los de la Ley Sinde.

    Sobre lo de Rouco yo creo que la clave radica en que muchos siguen pensando que la Web 2.0 es una herramienta, cuando no lo es. Es la forma de comunicación entre las personas del siglo XXI. Arremeter contra las redes sociales es como arremeter contra el teléfono. El problema, como magníficamente señalas, son las personas, no Internet.

    En lo de la educación tenemos un grave problema. Y es que la brecha entre nativos digitales (alumnos) e inmigrantes digitales (profesores) se agranda conforme pasa el tiempo. A los chavales hay que educarles en el uso de las nuevas tecnologías como se los educa para usar el teléfono o el correo. El problema aquí vuelven a ser los medios, esos que culpan a la red incluso de crímenes y asustan a los padres.

    Mi hija tiene 10 años y tiene “internet en su habitación” (y en todas, porque en el siglo XXI lo que hay es wi-fi y portátiles, pc-tablets…, lo que contraviene todas las recomendaciones de los inmigrantes digitales. Pero es que la he educado en el uso de las aplicaciones y herramientas que ofrecen las nuevas tecnologías desde pequeña (ni se cruza la calle sin mirar ni se regalan fotos en bañador a desconocidos ¿vale?).

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