Despotismo laicista en Francia: prohíben rezar en las calles de París y Marsella

Tras la reciente prohibición de taparse la cara en lugares públicos, Francia continúa con su catarata de medidas para recortar las libertades individuales. Ayer se anunció que se prohibirán las plegarias religiosas en las calles de París y Marsella, las principales ciudades de ese país. La prohibición afecta a todas las religiones, a pesar de que los únicos problemas al respecto han surgido con los musulmanes, pues ocupaban calles enteras los viernes, impidiendo la normal circulación por ellas. La medida es tan absurda y abusiva como si se prohibiese hablar de política en la calle para evitar que algún grupo radical se manifieste sin previo aviso entorpeciendo la circulación. Bastaría con caldear bien el ambiente, hacer tabla rasa de todas las ideologías y estigmatizar la política tal como algunos hacen con el hecho religioso, como si todas las religiones fuesen iguales y sus respectivos seguidores actuasen igual.

Por otra parte, no hace falta ser adivino para darse cuenta de que estas medidas, lejos de evitar la propagación del Islam en Francia, sólo servirán para que sus fieles se sientan víctimas de un atropello y ganen aún más adeptos. Sarkozy y su gobierno han tenido la oportunidad de promover un discurso de principios frente al Islam, pero han optado por la medida torpe y cobarde de equiparar a todas las religiones y reprimir a todos los creyentes, simplemente para no tener que reconocer su rechazo hacia las costumbres musulmanas. Una vez más está quedando claro que el discurso relativista, ése que sostiene que todas las creencias son igual de respetables, acaba dando lugar a flagrantes injusticias por su empeño en no reconocer lo obvio. Francia es un país que ha hecho del relativismo su confesión estatal, usando el laicismo como una mordaza para impedir que la realidad cuestione los dogmas de esa doctrina oficial. Así, si hay religiones compatibles con la libertad individual y con la aconfesionalidad del Estado, y hay otra religión que no acepta esos principios de convivencia, la solución relativista y laicista es cargar contra el hecho religioso en general, haciendo pagar a justos por pecadores simplemente para no tener que reconocer la verdad.

El Islam es una religión cuyos preceptos me provocan rechazo, pero también me lo provoca que con la excusa de las costumbres musulmanas se inicie una campaña de acoso a los creyentes de todas las religiones. Y es que si los musulmanes no entienden de separación entre poder civil y religioso, los laicistas ni siquiera aceptan que las personas podamos tener una inquietud religiosa, y no dudan en hacer todo lo posible por criminalizarla. Tan peligrosa para la libertad es la amenaza de la sharia como la intolerancia laicista.

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Comentarios (Blog):

  1. Es una forma de decir: “Soy tolerante («Todo er mundo é güeno»), pero si alguno no lo es, tampoco soy delator”. Y en vez de denunciar concretamente al ‘malo’, establezco unos criterios más amplios y generales (para que no se vea que sólo apunto a uno), de tal manera que se acaba afectando a todos (aunque no sean ‘malos’).
    Lo que suele pasar con estas prácticas cobardes es que los devenidos en ‘malos’ son los perseguidos, mientras que el ‘malo’ original, no, y encima, se envalentona.
    Muy bien traído el ejemplo de la crítica política: cuando una ley se lleva al límite y se manifiesta absurda (e, incluso, peligrosa), es la mejor forma de demostrar que ya en su origen lo es, y por tanto, no debiera existir.
    Pero claro, para darse cuenta de esto hay que pensar en algo más que en lo inmediato. Y los políticos y legisladores no creen estar para eso, ¿verdad?
    Un saludo.

  2. Dices:
    «La medida es tan absurda y abusiva como si se prohibiese hablar de política en la calle para evitar que algún grupo radical se manifieste sin previo aviso entorpeciendo la circulación. Bastaría con caldear bien el ambiente, hacer tabla rasa de todas las ideologías y estigmatizar la política tal como algunos hacen con el hecho religioso, como si todas las religiones fuesen iguales y sus respectivos seguidores actuasen igual.»

    Pues, francamente, creo que ésa ha sido siempre la idea. Les ha dado a los laicistas e izquierdosos siempre muy buenos resultados. Ejemplo en España: vándalos izquierdosos asaltan una capilla en la UB; resultado: se cierra la capilla. Otro: manifestaciones por el 20-N en Barcelona asaltadas por anarquistas antisistema con destrozo de mobiliario urbano; resultado: se prohíben las manifestaciones.

  3. Los musulmanes nos tienen tomada la medida a los europeos. Y es cosa sabida que van a por nosotros. En Francia se actuó, tal vez, demasiado tarde; pero aquí, en España, estamos aún a tiempo de evitar males mayores. Vayamos por delante con la legislación, y dejemos los problemas a la espalda.

  4. Kantonio

    ¿¿Desde cuando los liberales son fervientes defensores de las religiones??, yo pensaba que los liberales estaban siempre a favor de la razón. Que decepción!!!.

  5. Kantonio

    La laicidad de un estado no significa que se vaya a perseguir las religiones, simplemente que deben ejercerse en el ámbito privado como tiene que ser.

    Saludos.

  6. Declaración Universal de Derechos Humanos, Artículo 18: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”

    Kantonio, tu idea del laicismo es incompatible con los derechos humanos, que como ves no recluyen la libertad religiosa al ámbito de lo privado.

    Dicho sea de paso, ha habido y hay muchos liberales cristianos, judíos, etc. Más que decepción, lo tuyo es simple y llana ignorancia.

  7. Kantonio Estoy cansado de los que habláis del ámbito privado para cualquiera de las religiones: A mi me molesta ciertos políticos que, públicamente dicen lo que le apetecen y cuelgan símbolos que pueden gustar más o menos en el espacio público. Es más, creer en un partido político – porque se cree en ellos, se hacen actos de fe en lo que dicen sus dirigente – que si ganan ellos las cosas van a ir mejor, pero que jamás podrás demostrar de manera matemática y con ecuaciones. Y no por ello voy reclamando que el espacio público sea apolítico.

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