El objetivo progre: generar una respuesta meramente emocional en el público

Siete formas de contestar a un progresista utilizando sus propias falacias demagógicas

Recientemente Carlos López Díaz definía con acierto al progresismo como “un síndrome de emocionalismo irracional”, una ideología que ha sustituido las razones por las emociones.

Una introducción crítica al progresismo / Carlos López Díaz
Hegemonía de la izquierda y mentira antifranquista / Francisco J. Contreras

Cualquiera que discuta a diario con progresistas en las redes sociales podría aportar, sin mucho esfuerzo, diversos ejemplos que ilustran la definición escrita por Carlos. Yo os voy a presentar siete, y lo haré mostrando qué pasaría si las falacias demagógicas del progresista se utilizasen contra él, intentando -como lo hace el progresista- generar una respuesta meramente emocional en el público. Haré este experimento no como ejemplo a seguir en un debate serio -yo creo en los debates argumentados y bien razonados-, sino como una muestra de lo que pasaría si los detractores del progresismo empezasen a demostrar tan pocos escrúpulos intelectuales como los progresistas.

1ª. La falacia de los niños hambrientos

Da igual que no mueva un dedo por ayudar a los necesitados o por resolver las causas de la pobreza: el progresista cree que serlo le convierte, automáticamente, en más solidario que cualquier misionera de la caridad. Desde esa falsa superioridad moral que ostenta, el progresista no duda usar a los pobres y hambrientos como armas arrojadizas de la forma más burda. Un escenario habitual de esta falacia son los debates con defensores del derecho a vivir desde la concepción. Una discusión típica entre un provida y un progresista suele desarrollarse así:

Provida: “Hay que defender a los niños por nacer”.
Progresista: “A los provida sólo os importan los no nacidos, los niños ya nacidos que se mueren de hambre os importan un bledo.”

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que los progresistas usan a los pobres como excusa para defender el asesinato de seres humanos inocentes e indefensos, y lo hacen con todo descaro. El problema llegaría si a un progresista se le plantea una discusión como ésta:

Progresista: “Hay que proteger los derechos de los animales”.
Conservador: “A los progresistas sólo os preocupan los derechos de los animales, pero los niños que se mueren de hambre os importan un bledo.”

2ª. La falacia de los curas pederastas

La existencia de casos de abusos sexuales entre el clero ha sido utilizada por el progresismo en una campaña colosal de desprestigio contra el cristianismo. Si eres cristiano, en cualquier debate con un progresista corres el riesgo de que aparezcan citados los curas pederastas como argumento para desacreditarte. Ayer mismo un defensor de la eutanasia usó esa falacia para contestarme. Un ejemplo de aplicación de esta falacia podría ser éste:

Cristiano: “La eutanasia es algo moralmente ilícito porque implica acabar con una vida humana.”
Progresista: “Mucho hablas de moral pero los cristianos no decís nada sobre los curas pederastas.”

Obviamente, no sólo hay casos de abusos sexuales entre el clero. También ha habido casos entre las filas progresistas. De modo que si utilizásemos dicha falacia contra el progresismo, podría quedar algo así:

Progresista: “Es inmoral que no exista un derecho a la muerte digna”.
Conservador: “Mucho hablas de moral pero los progresistas no decís nada de los progresistas pederastas.”

3ª. La falacia de la imposición moral

El progresista está convencido de que es el adalid de la democracia y la libertad. Sin embargo, el progresismo siempre va de la mano del intervencionismo estatal y de la imposición de su ideología en las escuelas y en las leyes. Cualquier oposición a esas imposiciones progresistas es tachada de imposición moral, incluso cuando esa oposición pretende amparar derechos humanos como el derecho a la vida, la libertad de educación y la libertad religiosa. Veamos un ejemplo:

Cristiano: “El aborto es acabar con una vida humana y eso no debería ser legal.”
Progresista: “¡Otra vez los cristianos intentando imponer su moral!”

Ejemplos como éste los he visto a montones. El progresista se arriesga a que le devuelvan su propia falacia de este modo, por ejemplo:

Progresista: “El fraude fiscal está mal y debe ser perseguido por la ley.”
Liberal: “¡Otra vez los progresistas intentando imponer su moral!”

4ª. La falacia de la tolerancia

El progresista considera que serlo ya le convierte en la persona más tolerante del mundo. Palabras como tolerancia y pluralismo han sido manoseadas y manipuladas por el mismo progresismo que las pisoteaba en la práctica. Muchas veces presumen de tolerantes y de plurales progresistas que luego no tienen reparos en apoyar a dictaduras como las que sufren los cubanos y los venezolanos. Pero veamos un ejemplo típico de este recurso demagógico:

Conservador: “Los ultrajes a España no deben permitirse.”
Progresista: “Hay que ser tolerante con todas las ideas, aunque no te gusten.”

Una vez más, el progresista se arriesga a que le demos la vuelta a la tortilla:

Progresista: “Las expresiones xenófobas no deben permitirse.”
Conservador: “Hay que ser tolerante con todas las ideas, aunque no te gusten.”

5ª. La falacia de la paz

Uno de los recursos demagógicos más despreciales que ha venido usando el progresismo en España, y con bastante insistencia, es la apelación a la paz como excusa para arrodillar a la democracia ante bandas terroristas de ultrazquierda. Según las consignas progresistas, si te opones a ceder ante las pretensiones de esos criminales, entonces es que no quieres la paz. Incluso han llegado a acusar a víctimas del terrorismo de desear “venganza” y hasta de querer que los terroristas sigan matando, y todo por el mero hecho de oponerse a esa claudicación. Veamos una discusión típica:

Conservador: “ETA debe ser derrotada y sus marcas electorales ilegalizadas.”
Progresista: “Hay que apostar por el diálogo, lo que pasa es que tú no quieres la paz y quieres que ETA siga matando.”

¿Qué pasaría si aplicásemos esa falacia demagógica a otro escenario de violencia? Veamos:

Progresista: “El maltrato debe ser perseguido y los maltratadores encarcelados.”
Un tocapelotas: “Hay que apostar por el diálogo, lo que pasa es que tú no quieres la paz y quieres que los maltratadores sigan matando.”

6ª. La falacia del derecho a elegir

Los progresistas se consideran a sí mismos como proelección, pero lo hacen simplemente porque consideran que los padres tienen derecho a decidir si desean deshacerse de sus hijos por nacer. Es decir, a abortarlos. En este debate prescinden totalmente de toda consideración científica y jurídica sobre el inicio de la vida humana. Para un progresista un niño abortado tiene el mismo significado moral que un tiesto o una silla. A menudo nos encontramos con respuestas falaces como ésta:

Provida: “Un feto humano es un ser humano nuevo, como demuestra la ciencia, y como tal su derecho a vivir debe ser protegido por las leyes.”
Progresista: “Si no quieres abortar, no abortes, pero deja a los demás que decidan lo que les dé la gana.”

El progresista no cree que ese derecho a elegir se extienda a la educación religiosa o a la libertad de idioma en las escuelas, por poner dos ejemplos. Pero ya que abordamos un ejemplo como el aborto, en el que una decisión de la madre implica lesionar los derechos de un tercero -el hijo por nacer-, el progresista se arriesga a verse en una situación como ésta:

Progresista: “Fumar está mal, porque perjudica la salud de los que tienes a tu alrededor. Hay que crear leyes que prohiban el consumo de tabaco en lugares públicos.”
Fumador: “Si no quieres fumar, no fumes, pero deja a los demás que decidan lo que les dé la gana.”

7ª. La falacia del franquismo

A los ojos del progresismo español, defender toda idea, concepto, creencia o planteamiento que fuese sostenido durante el franquismo te hace sospechoso de franquista. Esto incluye cosas como ser católico, amar a España, sentir admiración por las Fuerzas Armadas, defender la unidad de la Nación o incluso reivindicar la memoria de los asesinados por la izquierda durante la Guerra Civil Española. Una discusión típica sería la siguiente:

Patriota: “Hay que defender la unidad de España haciendo cumplir lo que establece la Constitución Española, frente al desafío separatista de Artur Mas.”
Progresista: “¡Eso apesta a franquismo!”

El problema es que el franquismo no sólo está ligado a ideas como las citadas. La dictadura de Franco también creó la Seguridad Social, la Renfe y la SEAT, por ejemplo, además de crear un importante sector industrial propiedad del Estado. De modo que el progresista, en su afán por correr delante de los grises 40 años después de muerto Franco, se arriesga a una respuesta como ésta:

Progresista: “Hay que potenciar la Seguridad Social y fomentar la inversión pública en la industria.”
Liberal: “¡Eso apesta a franquismo!”

Si te animas a usar estos ejemplos en un debate, que sea siempre para tomarte a chirigota las falacias progresistas. El público se merece argumentos mejores y más serios que los usados tan a menudo como los progresistas.

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Comentarios (Blog):

  1. Carlos

    Desde su remoto origen en los círculos de discusión del siglo XVIII, la comunidad de los revolucionarios y progresistas, alegando siempre hablar en nombre de todos los hombres y romper las barreras sociales que los separan, ha sido una de las más excluyentes y discriminatorias, hasta el punto de profesar abiertamente la doble moral: una para “nosotros”, otra para “ellos”.
    Leer más:
    http://www.olavodecarvalho.org/espanol/2004/20040117nsotrosyellos.htm

  2. sanabria

    Sencillamente no los tomo en consideracion.Los considero “INMADUROS”

  3. Carlos, muy bueno el enlace, gracias por ponerlo.

    Sanabria, yo creo que el progresismo es una forma de inmadurez ideológica que pretende instalar a la gente en la eterna adolescencia. Obviamente no se pueden esperar argumentos maduros de quienes mantienen posiciones tan infantiles como las señaladas.

  4. pacococo

    Como bien dices son formas burdas pero es que los progres no merecen la mínima finura. En realidad no merecen siquiera dirigirles una palabra. Pero como burla está bien, aunque seguro que muchos ni se dan cuenta que te ries de ellos.

    No se puede establecer una mínima discusión cuando no hay igualdad moral. Lo que dice el enlace que pone Carlos sobre Lenin, explica lo que quiero decir. Ellos te consideran como algo inferior solo apto para la eliminación física, mientras que tú lo consideras como un ser humano, medio tonto, pero humano. Y así no se puede.

    Y cuando hablo de eliminación física no es algo del pasado, aún en estos tiempos puede darse o al menos los progres, usando su gran inteligencia lo dan como un hecho, aunque hablen en broma. Encontré lo siguiente:

    Antonio Baños Company, periodista agitador de oficio, ha saltado a la política activa encabezando la lista de la CUP. Y este buen hombre dice:

    Salvador Sostres. Ojo con Sostres!! Le hice una promesa. Que si había otra guerra civil yo le ayudaría a huir de los nuestros antes de que le dieran un paseo. Y la pienso cumplir.

    O sea que aunque sea en broma, que vaya usted a saber, contemplan la posibilidad de los paseos.

    http://www.gaceta.es/noticias/banos-rahola-basura-sionista-rellena-ignorancia-pomposidad-30092015-1330

  5. BLANCA ESTEBANIA MARIN CHORQUES

    La ideología izquierdista siempre ha sido sinónimo de MENTIRA y MANIPULACIÓN. Solo hace falta ir a la hemeroteca y ver la frase del NACIONALSOCIALISTA Joseph Goebbels: “Una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”, o también el gran “libertador” y “pacificador” COMUNISTA, Josef Stalin: “Una mentira repetida mil veces, se convierte en realidad”

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