Lo difícil en política es subir al Monte del Destino y arrojar el Anillo al fuego

Quieren que Vox sea otro pedacito más de manteca extendido sobre demasiado pan

“En verdad me siento adelgazado, estirado, ¿entiendes lo que quiero decir?, como un pedacito de manteca extendido sobre demasiado pan. Eso no puede ser. Necesito un cambio, o algo.”

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Como ya sabéis quienes me leéis, mi escritor favorito es Tolkien. Sus libros me han encantado desde que los leí por primera vez cuando era un adolescente, y una de las cosas que más ma atrajeron de ellos fueron las enseñanzas que puedes encontrar en sus líneas. El párrafo en cursiva con el que hablo esta entrada está sacado de “La Comunidad del Anillo”, el primer volumen de “El Señor de los Anillos”. Está concretamente en el Libro Primero, capítulo 1, titulado “Una reunión muy esperada”. Bilbo se acaba de esfumar de su fiesta de cumpleaños, usando el Anillo Único (que le hace invisible), dejando a todos sus vecinos y parientes en parte atónitos y en parte indignados. Regresa rápidamente a su agujero hobbit y se dispone a marcharse, cuando aparece Gandalf, que menciona el Anillo, gracias al cual Bilbo ha llegado a los 111 años sin aparentar esa edad.

En esas páginas, Tolkien escribe una de las conversaciones que más recuerdo de estos libros, sobre todo cuando Bilbo comenta: Quiero ver nuevamente montañas, Gandalf, montañas; y luego encontrar algún lugar donde pueda descansar, en paz y tranquilo”. Pero unas líneas más arriba, el hobbit pronuncia unas palabras que apuntan al origen de su juvenil longevidad: Estoy viejo, Gandalf; no lo parezco, pero estoy comenzando a sentirlo en las raíces del corazón. ¡Bien conservado! -resopló-. En verdad me siento adelgazado, estirado, ¿entiendes lo que quiero decir?, como un pedacito de manteca extendido sobre demasiado pan. Eso no puede ser. Necesito un cambio, o algo.”

Tolkien nunca quiso hacer una obra alegórica, como él mismo señaló. Con todo, hay elementos de su obra que tienen elementos alegóricos, aunque sean involuntarios. El más claro de todos es el Anillo que da título al libro. Muchos años antes, Sauron había volcado su maléfico poder en el Anillo, convirtiéndolo en un poderoso artilugio. Era un símbolo de poder, y por sí solo atraía a todos aquellos que eran corrompibles de alguna forma. En el caso de Bilbo, el Anillo le otorgó una vida larga con un aspecto joven, pero a costa de desgastar su alma: por eso se sentía como “adelgazado” y como un pedazo de manteca “extendido sobre demasiado pan”. En este sentido, las consecuencias de la posesión del Anillo son una clara advertencia del precio del éxito cuando lo buscas a costa de tu alma, de tus convicciones, de eso que te hace una persona íntegra.

Haciendo una proyección alegórica de ese artilugio mágico al mundo de la política, podría decirse que la tentación de todo político, el Anillo que intenta atraerle para llevarle a la perdición, es renunciar a la verdad en aras de la popularidad. Estos días he leído a algunas personas diciéndole a Vox que tiene que aparcar su rechazo al aborto y a la ideología de género y abandonar temas como la defensa de la familia para ser más popular y ganarse su voto. Me pregunto: ¿más votos para qué? ¿Para hacer lo mismo que los demás, para tener a cinco partidos casi idénticos en lugar de cuatro, para acabar siendo -en fin- otro siervo del Anillo? En política lo más fácil es usar ese Anillo y dejarte dominar por él, creyendo que así eres más poderoso. Muchos medios de comunicación te premiarán si lo usas. Tus enemigos dejarán de señalarte con saña, pero tu alma se estiraría como un pedacito de manteca hasta que ya apenas se distinga nada sobre el pan. Añorarías los tiempos en que veías montañas, es decir, cuando eras libre y decías lo que pensabas ante amigos y enemigos. Lo difícil en política es subir al Monte del Destino y arrojar el Anillo al fuego, pero también lo correcto si se quiere derrotar al mal. Un político capaz de mantenerse fiel a la verdad, a la razón y a sus principios frente a los cantos de sirena es el tipo de político al que merece la pena seguir.

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Comentarios (Blog):

  1. Luis Orlando

    Los españoles están ávidos de alguien que sea íntegro, que defienda sus convicciones sin cálculos electorales. Hasta ahora nadie ha probado esa estrategia y todos ensayan el camino fácil. Estoy convencido de que si algún político dice lo que piensa, los españoles sabrán apreciarlo como se valora lo extraordinario y aunque no compartan todo lo que se diga, si pensarán que la nobleza de quien así se comporta vale la pena y merece su confianza. Creo que es una de las claves del éxito de VOX y espero que no cambien.

  2. Jandro

    Confío en que resista el poder corrompedor del anillo. Hay un premio muy grande esperando. Cuando todos los que le dicen cómo tiene que cambiar su discurso lleguen con Vox al final del largo camino, Vox habrá mantenido las ideas y ellos se las habrán replanteado. Y será una meta muy dulce con una satisfacción enorme, en la que recibirán cientos de miles de “teníais razón, y yo que solo os votaba por la unidad de España”.

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