Fue un miembro del movimiento scout en la Polonia ocupada por los alemanes

Zenek Borowski: la historia de un niño polaco asesinado por rescatar libros durante la SGM

En todos los años que llevo aprendiendo cosas sobre el pasado de Polonia ya es muy habitual algo curioso: encontrarme con historias conmovedoras que siento que están pidiendo ser contadas.

Armia Krajowa: la historia del mayor movimiento de resistencia de la SGM
Los aspectos menos conocidos de la vida en Polonia tras la ocupación germano-soviética

Un pequeño scout en la Polonia ocupada por los nazis

Sobre la historia que os traigo hoy yo no sabía absolutamente nada. La conocí anoche por un canal sobre historia polaca en Instagram. Salvo ese canal, que publica sus contenidos en inglés, sólo he encontrado fuentes en polaco, algo frecuente al hablar de Polonia. El protagonista de esta historia se llamaba Zenuś Borowski (aunque su familia y sus amigos le llamaban Zenek), y nació el 20 de mayo de 1930 en Białystok, una ciudad polaca situada en el voivodato de Podlaquia, en la parte oriental del país. Zenek tenía 9 años cuando alemanes y soviéticos invadieron Polonia.

Niños del movimiento scout polaco desfilando por la calle Kilińskiego de Białystok en los años anteriores a la invasión germano-soviética. Zenek Borowski era miembro de ese movimiento (Foto: Bolesław Augustis / Zenek – 13-letni bohater z Białegostoku).

La destrucción de la cultura polaca por parte de nazis y soviéticos

Como ya os conté aquí, Hitler y Stalin sentían un gran odio hacia Polonia y se propusieron liquidar la cultura polaca. En las dos zonas de ocupación fueron cerradas escuelas, universidades, librerías, museos y teatros, salvo los reservados para los alemanes. También se prohibió la impresión de libros en polaco y la enseñanza de esa lengua (imponiendo el alemán y el ruso, respectivamente). En ambas zonas se destruyeron libros en polaco e incluso se llegó a prohibir hablar esa lengua en lugares públicos. Por ello, la resistencia polaca creó la Tajna Organizacja Nauczycielska (Organización Secreta de Educación), con el fin de crear un sistema educativo clandestino que salvase de la desaparición a la lengua y la cultura polacas.

Zenek Borowski junto a sus padres y su tía antes de la Segunda Guerra Mundial. El niño lleva una rogatywka, la típica gorra romboidal usada en Polonia por militares y policías y también por los scouts (Foto: Kurier Poranny).

Salvando los libros polacos que los alemanes querían quemar

El padre de Zenek era fotógrafo y pertenecía al Armia Krajowa (AK, Ejército Nacional), la mayor organización de resistencia creada en un país ocupado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, una organización que era leal al Gobierno polaco en el exilio, con sede en Londres. En 1943 toda Polonia había sido ya ocupada por los alemanes. En Białystok, como en el resto del país, las escuelas habían sido cerradas. En 1941 todos los libros de las bibliotecas de la ciudad habían sido llevados al Teatr Palace, una sala de cine en la calle Kilińskiego, con el fin de quemarlos. “Cuando nos enteramos, decidimos ir allí y sacar la mayor cantidad de libros posible”, recuerda Jerzy Koszewski, un vecino y amigo de Zenek (ambos vivían en el mismo edificio en el número 1 de la calle Sobieskiego). “Sentíamos una gran necesidad de leer. No había libros en absoluto en ese momento. Y fue Zenek Borowski quien organizó estas expediciones clandestinas en busca de libros para salvarlos de la destrucción”, recuerda Jerzy. Estamos hablando de niños que estaban dispuestos a arriesgar sus vidas por salvar libros, porque en ellos estaba el futuro de su lengua y su cultura. ¿Es posible imaginar esto en el mundo actual, en el que cada vez se lee menos?

Tres jóvenes miembros de los Szare Szeregi, pertenecientes al Batallón “Miotła” del Armia Krajowa durante el Levantamiento de Varsovia. Muchos scouts se incorporaron a la resistencia polaca, principalmente en labores de propaganda, pero también en misiones de sabotaje y de combate.

Un grupo de niños que arriesgaba su vida visitando a sus amigos judíos

Por aquel entonces Jerzy tenía 9 años. Su amigo Zenek tenía 12 y pertenecía al movimiento scout, que durante la Segunda Guerra Mundial adquirió una enorme importancia en Polonia, pues en sus filas se crearon los Szare Szeregi (Rangos Grises), una de las primeras organizaciones de la resistencia polaca (fue formada el 27 de septiembre de 1939, cuando aún no se había completado la invasión germano-soviética del país). Este grupo estaba formado por niños y adolescentes scouts que colaboraban con el Armia Krajowa, generalmente haciendo tareas de propaganda (por ejemplo, haciendo pintadas), pero también en misiones de sabotaje y, ya en el Levantamiento de Varsovia de 1944, en misiones de combate. Zenek era el líder de su grupo de chicos: “Sentíamos respeto por él y le escuchábamos en todo”, recuerda Jerzy. El grupo se reunía a veces en la esquina de las calles Starobojarska y Sienkiewicz y cantaba canciones, una forma de mantener viva su lengua (es por ello que la resistencia polaca fue musicalmente muy fecunda). También se infiltraban en el gueto para visitar a sus amigos judíos, unas visitas en las que también arriesgaban sus vidas.

El Teatr Palace en 1912. El letrero está en caracteres cirílicos porque entonces Białystok formaba parte del territorio polaco en manos de Rusia. Este teatro fue incendiado por los alemanes en 1944 con todos los libros que apilaron en su interior, salvo aquellos que pudieron salvar los habitantes de esa ciudad (Foto: Kurier Poranny).

El asesinato de Zenek durante una acción de rescate de libros

Jerzy recuerda que el Teatr Palace, donde estaban apilados los libros, era custodiado por un soldado ucraniano. Los niños conseguían colarse en el teatro por la parte de atrás, en el lado del río Biała, entrando en el auditorio a través de una ventana. “La vista era asombrosa. Miles de volúmenes yacían en una masa aleatoria, llegando al techo”, recuerda Jerzy. Como eran niños, Zenek y su banda solían rescatar novelas juveniles de Kornel Makuszyński, Janusz Meissner, James Oliver Curwood y Jack London. Escondían los libros debajo de sus ropas, dentro de la camisa, y salían de allí intentando llevarse la mayor cantidad de libros que pudieran ocultar sin que el centinela sospechasen al verles. El 17 de abril de 1943, Zenek y sus amigos volvían a casa después de rescatar libros. Estaba anocheciendo, y en la calle Kościelna, cerca del teatro, el centinela les vio y les gritó “¡Alto!”. Zenek gritó a sus amigos: “¡Corramos! Nos pueden disparar”. El niño empezó a correr hacia el río Biała cuando el centinela le disparó por la espalda. El tiro alcanzó a Zenek en la cabeza. El niño cayó muerto al río. La policía militar alemana se llevó a los niños a la calle Warszawska, donde fueron interrogados. Después les dejaron libres, volviendo a casa muy asustados.

La tumba de Zenek Borowski en el Cementerio Parroquial de Białystok. Todavía conserva la pequeña estatua representando a un scout que colocó el padre del niño (Foto: Białystok według Ani).

Un niño recordado como el pequeño héroe de Białystok

Alguien rescató el cuerpo del niño en secreto y lo depositó en la morgue de la calle Ogrodowa. Allí lo encontró la madre de Zenek. El padre del niño había sido detenido por la Gestapo, la policía secreta alemana, por lo que no pudo asistir al entierro de su hijo. Jerzy recuerda que el soldado que disparó a Zenek acudió, arrepentido, a pedir perdón a la madre del niño por lo que había hecho. Cuando fue liberado, el padre de Zenek colocó un monumento sobre la tumba de su hijo, con una pequeña estatua blanca de un scout arrodillado ante una cruz, rezando. Allí sigue, en el Cmentarz Farny (Cementerio Parroquial) de Białystok, y sobre su lápida la gente sigue depositando flores, porque a día de hoy en esa ciudad y en Polonia recuerdan a Zenek como lo que fue: un pequeño héroe. El Teatr Palace fue incendiado por los alemanes junto a los libros que contenía en 1944, pero los habitantes de Białystok lograron salvar una parte de ellos antes de que eso ocurriese. En este vídeo (en polaco, subtitulado en inglés) podemos ver a su amigo Jerzy, ya un anciano, recordando a Zenek y su asesinato en el lugar donde ocurrió:

Hace un año, el rapero polaco Cira publicó este tema titulado “Zenek”, dedicado al pequeño héroe de Białystok, con una recreación de las hazañas de ese grupo de niños intentando salvar libros de la destrucción:

Desde España, dedico esta entrada al pequeño Zenek y a ese grupo de niños que arriesgaron sus vidas para apoyar a sus amigos judíos y para salvar la cultura de su país.

Cześć i chwała bohaterom!
¡Honor y gloria a los héroes!

Bibliografía:

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Comentarios (Blog):

  1. Alvaro

    Cómo siempre, nos traes extraordinarias historias de buenos héroes y buenos cristianos durante la terrible invasión nazi-comunista de Polonia.

    Curiosamente, ayer leía un artículo que publicó César Vidal en su blog en el que, junto a una justa oposición a la criminalización de la Historia honrada a manos de la desmemoria propagandística (aunque apoyada en una argumentación más bien discutible), aprovechaba para tirar una piedra al ojo de Polonia:

    “Hasta un día dejará de ser tabú la inmensa culpa de Polonia en el estallido de la segunda guerra mundial, un desastre cuyas semillas llevaba sembrando desde la primera.”

    https://cesarvidal.com/blog/actualidad/exaltacion-del-franquismo

    A este hombre le he oído y leído algunas opiniones sensatísimas, cierto, como también le he oído y leído auténticos disparates, normalmente fruto de su inquina contra todo lo católico (“cesaropapismo” le llama, en su estilo de pastor protestante). De hecho, en el mismo artículo no se ahorra otra pedrada contra la Inquisición (y, me malicio yo, no se referirá a la más sanguinaria, que fue la protestante, sino a la española, más garantista que la Justicia civil de la época)

    En fin, el sr Vidal no concreta más su afirmación, de modo que no sé a qué “semillas” se refiere, o si solo es un burdo intento de blanquear a Hitler y Stalin justificando el pacto Ribbentrop-Mólotov mediante el sencillo trámite de echarle la culpa a otro (mayoritariamente católico, para más señas)

    En fin, nuevamente gracias por estas pequeñas grandes historias.

    Un saludo

  2. Tristemente el señor Vidal sigue con su obsesión con el catolicismo, y Polonia es un país fervientemente católico. Y precisamente la nación que provocó la Segunda Guerra Mundial fue la misma Alemania en la que surgió la Reforma. Hace años ya le contesté desde este blog cuando quiso culpar al catolicismo del antisemitismo, olvidando el tremendo odio de Lutero contra los judíos:

    https://www.outono.net/elentir/2012/01/10/cesar-vidal-el-antisemitismo-la-iglesia-catolica-y-el-protestantismo/

    Sinceramente, no entiendo esa maniquea visión del mundo: católicos malos, protestantes buenos… Y menos aún cuando en muchos países persiguen a ambos por igual. En la historia ha habido católicos tan nefastos como los ustachas croatas y protestantes tan nefastos como muchos nazis. Y también ha habido y hay gente muy buena en ambas religiones (un buen ejemplo de ello fueron los alemanes de la Rosa Blanca, entre los que había católicos, protestantes e incluso un ortodoxo).

    Por otra parte, Vidal viene dedicando toda clase de elogios a Putin, un personaje que está repitiendo como un loro todas las mentiras estalinistas sobre Polonia. No entiendo la fascinación de algunos por Putin, y menos aún la de Vidal, pero me temo que su inquina contra Polonia tiene mucho que ver con ello.

  3. Luna

    Hay dos constantes que encuentro en la historia de Polonia y que me apasionan, creo que igual que hay hispanistas me voy volviendo poco a poco polonialista por vocación.
    Tienen los polacos una visión muy limpia de lo que verdaderamente hay que salvar o mantener cuando se les pretende arrebatar. Pero no son algunos símbolos o los muebles, como siempre intentamos en España, tampoco se limitan al pequeño detalle sino que van a lo que saben que constituye su esencia. Estos niños rescataban libros porque sabían que eran necesarios para mantener su lengua y con ella transmitir sus legados, en Nova Hutta plantaron una cruz pese a las imposiciones antirreligiosas porque sabían que no les podían obligar a renegar del cristianismo. Con todos los malos tratos que han tenido, las represiones comunistas y nazis, ver una familia polaca en la actualidad sigue siendo algo que produce casi veneración por su autenticidad. Creo que ésta es la mejor forma de encontrar los resultados humanos, mirar las familias en cada país. Y por esto no es extraño encontrar polacos felices sino lo más frecuente.

    Su actuación suele ir por todos, no por el grupo que la lleve a cabo, un partido o unas siglas. Y se hace como convenga, ya sea de forma personal o colectiva, pero sin individualismos y con el sacrificio que sea necesario, es una lucha tan digna y consecuente en sí misma que poco importa si pierden, están haciendo lo debido y justo.

    Dios tenga al pequeño Zenek como bibliotecario del Cielo.

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