Entregó sus armas en Svalbard cuatro meses después de la caída del Tercer Reich

La curiosa historia de la última unidad militar alemana que se rindió en la 2ª Guerra Mundial

Hoy se cumplen 75 años de la celebración del Día de la Victoria en Europa, con el que se completó la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

Jānis Pīnups: un soldado letón para el que la Segunda Guerra Mundial acabó en 1995
Así se disolvió el ejército de la Alemania comunista tras la caída del Muro de Berlín

Las últimas unidades alemanas que se rindieron en la Segunda Guerra Mundial

La mayor parte de las fuerzas alemanas se rindieron ante los Aliados entre el 2 y el 7 de mayo de 1945. En los días siguientes fueron cayendo los últimos focos de resistencia alemana en Polonia, Grecia, Checoslovaquia y Yugoslavia, y los destacamentos alemanes que habían quedado aislados en Francia (en Dunquerque y en las bases de submarinos de La Rochelle, Lorient y Saint-Nazaire) y en las Islas Anglonormandas. Todavía el 23 de mayo se rindió el último destacamento alemán en los islotes de Minquiers, un territorio de la corona británica en el Canal de la Mancha.

Así mismo, varios u-boots alemanes se rindieron a los americanos en los días siguientes a la rendición en Europa. Uno de ellos, el U-858, se entregó el 14 de mayo cerca de Fort Miles, en Delaware, EEUU. Otros submarinos tardaron meses en aparecer. El U-530 se entregó el 10 de julio de 1945, dos meses después de la rendición alemana, en el puerto de Mar del Plata, en Argentina. En ese mismo lugar se rindió otro submarino alemán, el U-977, el 17 de agosto de 1945, cuando ya habían pasado más de tres meses del fin de la guerra en Europa. Las curiosas historias de estos dos submarinos han hecho correr todo tipo de historias sobre la posibilidad de que altos dirigentes del Tercer Reich, e incluso el propio Hitler, llegasen a huir a Argentina.

El teniente Wilhelm Dege, jefe militar y científico del destacamento alemán en Svalbard, tomando notas de campo el 24 de marzo de 1945 (Foto: Wilhelm Dege).

La Operación Haudegen: una misión alemana de alto secreto en Svalbard

A pesar del tiempo transcurrido desde la rendición alemana, a comienzos de septiembre aún había un destacamento alemán que no había entregado sus armas. Durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes intentaron instalar bases meteorológicas en Groenlandia, en la islas noruegas de Jan Mayen y Bjørnøya y también en Spitzbergen, en el archipiélago noruego de Svalbard, situado en el Océano Ártico. Este último era un lugar frío e inhóspito, pero de una gran importancia estrategia, porque su situación permitía emitir partes meteorológicos de gran importancia para las operaciones militares en Europa.

El 5 de agosto de 1944, un destacamento de once hombres partió a bordo del submarino U-307 desde la base naval de Narvik, en el norte de Noruega, con dirección a Spitzbergen en una misión de alto secreto denominada Operación Haudegen. El jefe de la expedición era el teniente Wilhelm Dege, de la artillería naval, un científico que ya había viajado a Spitzbergen en viajes de investigación antes de la guerra, en 1935, 1936 y 1938. Dege regresó a Noruega en 1940 ya como miembro de la Wehrmacht durante la ocupación alemana del país. En 1944 fue seleccionado para encabezar la citada misión meteorológica, de la que sería jefe militar y científico. Con él iban Herbert Rieche como jefe adjunto; Wilfried Maass, jefe adjunto científico; Arthur Baumann, meteorólogo; los cabos Hannes Semkat, Heinz Schneidr, Werner Schlösser, Siegfried Czapka y Heint Grams, radioperadores y miembros del servicio meteorológico; el soldado de la artillería naval Gustav Scheidweiler, del servicio meteorológico; y el soldado Josef Reyer, encargado del campamento.

De izquierda a derecha, el soldado Josef Reyer, el teniente Wilhelm Dege y el cabo Heint Grams en la estación de radio de emergencia del destacamento alemán, el 23 de abril de 1945 (Foto: Wilhelm Dege).

El papel decisivo del destacamento alemán en la Batalla de las Ardenas

Según relató el propio teniente Dege, en un testimonio publicado en el libro “War North of 80: The Last German Arctic Weather Station of World War II”, a excepción de él y de Rieche, la edad media de la expedición era de 21 años. El más joven, Czapka, sólo tenía 19. La misión consiguió llegar a Spitzbergen, instalando una estación meteorológica en el fiordo de Rijpfjord, en la isla de Nordostland, y comenzando inmediatamente a enviar informes sobre el tiempo a la base alemana de Tromsø, en el norte de Noruega.

El cabo Hannes Semkat (izquierda) y el soldado Josef Reyer con dos cachorros de oso polar el 22 de abril de 1945 en Svalbard (Foto: Wilhelm Dege).

Aunque tenían comida para dos años, la vida en Svalbard no era fácil. Las temperaturas en invierno llegaron a bajar de los -40ºC, y los miembros del destacamento tenían que ir armados no sólo por un posible enfrentamiento con fuerzas aliadas, sino también por la amenaza de los osos polares. Durante un año estuvieron enviando sus informes, que tuvieron una gran importancia en la ofensiva alemana de la Batalla de las Ardenas entre diciembre de 1944 y enero de 1945.

La rendición de Alemania les dejó aislados y olvidados en el Ártico

El 24 de abril de 1944, el mando alemán en Tromsø les pidió preparar una zona de aterrizaje para dos aviones cerca de la estación meteorológica de Spitzbergen. “El fin de la guerra había sido claramente previsto, incluso por nosotros”, comentó el teniente Dege. Seguramente ansiosos pensando en una próxima vuelta a casa, los miembros del destacamento alemán en la isla procedieron rápidamente a retirar las irregularidades del hielo de la bahía y formaron una cruz con largos trozos de tela para que sirviese como señal a los pilotos. Sin embargo, aquellos aviones nunca llegaron.

El 2 de mayo recibieron por radio la noticia del suicidio de Adolf Hitler. El 8 de mayo de 1945, el puesto de mando de Tromsø les informó de la rendición alemana y les ordenó destruir tanto los partes meteorológicos como el resto de la documentación. Cumplieron las órdenes y quemaron los documentos secretos.

El cabo Werner Schlösser junto al cadáver de un gran oso polar. Estos animales dieron más de un susto al destacamento alemán (Foto: Wilhelm Dege).

El 9 de mayo, Scheidweiler interceptó reportes meteorológicos enviados por los soviéticos desde Odessa. Eran los primeros que recibían sin cifrar, una clara señal del final de la guerra. El destacamento de Spitzbergen mantuvo el contacto con Tromsø hasta el 24 de mayo, desobedeciendo las órdenes de los aliados. A partir de entonces no volvieron a recibir noticias del mando en Tromsø ni de Alemania. Se habían quedado solos y abandonados. No tenían posibilidad de regresar a su Patria por sus propios medios, ya que sólo tenían una barca de remos. En los meses siguientes siguieron haciendo observaciones meteorológicas y también exploraron la isla, recopilando información científica. Recopilaron todos esos documentos en una caja metálica que enterraron a 50 metros al sur de la estación meteorológica.

La barca del destacamento alemán, tal como la encontró el hijo del teniente Wilhelm Dege en su viaje a Svalbard en 1985. La barca llevaba 40 años varada en ese lugar (Foto: Eckhart Dege / LandmarkScout.com).

Una rendición solemne a un cazador de focas noruego

El destacamento alemán continuó emitiendo a través de la frecuencia de la estación meteorológica, con la esperanza de que alguien les encontrase, pero no hubo respuesta. Finalmente enviaron mensajes de socorro a través de las frecuencias usadas por los Aliados, que acabaron siendo recibidas por los noruegos. El 2 de septiembre de 1945 la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin con la rendición de Japón.

El 3 de septiembre, el buque noruego Blaasel, capitaneado por Ludwig Albertsen y dedicado a la caza de focas, llegó a Svalbard para rescatarles. Habían pasado cuatro meses de la rendición alemana. Al subir a bordo del barco noruego, el teniente Dege entregó su pistola Luger a Albertsen en un gesto solemne de rendición, algo que impresionó al capitán noruego, que preguntó al oficial alemán si podía quedarse con el arma. Se redactó un documento de rendición que firmaron Dege y Albertsen: era la rendición oficial de la última unidad alemana.

La Estación Haudegen del destacamento alemán en 1985, fotografiada por el hijo del teniente Wilhelm Dege. Todavía hoy es usada como un refugio de emergencia (Foto: Eckhart Dege / LandmarkScout.com).

La postguerra y la Estación Haudegen en la actualidad

Los once miembros del destacamento de Svalbard pasaron varios meses como prisioneros de guerra, y luego regresarona su país, encontrándolo arrasado y hundido en la miseria. Aquellos once soldados quedaron separados por el Telón de Acero que dividió Alemania en la postguerra y nunca más se volvieron a reunir. El teniente Wilhelm Dege trabajó como profesor en la Universidad Pedagógica de Dortmund en la postguerra. Murió el 21 de diciembre de 1979 en Suderburg. En 1985, su hijo Eckhart logró recuperar la caja metálica enterrada en Svalbard con los documentos del destacamento en buen estado, junto a documentos escritos por los miembros del destacamento. Curiosamente, a día de hoy la Estación Haudegen sigue donde la dejaron aquellos soldados alemanes, en las coordenadas 80°02’46.0″N 22°31’04.8″E, y aún es utilizada como un refugio de emergencia.

Bibliografía:

Foto principal: Wilhelm Dege. De izquierda a derecha, el jefe científico Wilfried Maass, el cabo Hannes Semkaty el soldado Josef Reyer en un recorrido por Svalbard en marzo de 1945.

¡Suscríbete gratis a este blog! Ya somos más de 5.000

Comentarios (Facebook):

AVISO: el incumplimiento de las Normas de Participación podrá dar lugar al bloqueo del infractor, de tal forma que sus comentarios quedarán ocultos para los demás lectores.

NOTA: Debido al cambio de URL de http a https, algunos comentarios publicados antes del 9.2.2020 en el blog pueden haberse perdido. Lamento las molestias.

Enlaces desde blogs, webs y agregadores:

Comentarios (Blog):

  1. Jesús

    Te doy la razón en todo menos en la frase de querer y no poder, quisieron y pudieron, sino lo consiguieron fue gracias a las malas decisiones de Hitler, si hubiese dejado la guerra en manos de sus mariscales y generales, te aseguro que medio mundo estaría hablando alemán ahora mismo.

Opina sobre esta entrada:

Al pulsar 'Enviar' aceptas las Normas de Participación.