El mundo está viviendo una época en la que las alianzas estratégicas americanas de antaño se tambalean. Primero fue Europa y ahora Israel.
Este martes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo un importante anuncio: Israel dejará de recibir 4.000 millones de dólares en ayuda estadounidense para finales de año, aunque aún podrá comprar armas americanas. El anuncio ha tenido lugar en el mismo día en el que Estados Unidos celebraba sus elecciones de medio término, marcadas por una dura campaña contra Israel del candidato del ala izquierdista demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, musulmán e hijo de inmigrantes egipcios.
Trump ha alegado que Israel ya no necesita esa ayuda porque es un país muy próspero. Es una verdad a medias. Ciertamente, el Estado judío ha evolucionado mucho en cuestiones militares desde la mala experiencia vivida con el veto de Francia a sus exportaciones militares a Israel el 2 de junio de 1967 (tres días antes del estallido de la Guerra de los Seis Días), que obligó al Estado judío a hacer un esfuerzo para dotarse de autonomía en esta materia, esfuerzo que dio lugar, por ejemplo, al desarrollo de la primera versión del excelente tanque Merkava y del caza IAI Kfir (desarrollado gracias a que el Mossad se hizo con los planos del caza francés Mirage 5) en la década de 1970.

No obstante, la ayuda militar americana a Israel siempre ha tenido una importancia considerable, no ya por su importe (ya que hoy supone una parte pequeña del presupuesto de defensa de Israel, que en 2026 es de más de 38.000 millones de dólares) sino por su simbolismo, ya que esa ayuda representa un compromiso de apoyo de EEUU hacia un país pequeño y que desde su independencia se ha visto constantemente atacado por sus vecinos: primero por las naciones árabes con gobiernos panarabistas y después por Irán y sus tentáculos terroristas de Hezbolá (Líbano) y Hamás (Gaza).

Nada indica que EEUU vaya a retirar su apoyo político a Israel en este momento, pero la actual deriva de una parte del Partido Demócrata, asumiento actitudes abiertamente antiisraelíes muy habituales en la izquierda europea, significa que ese apoyo podría peligrar a medio o largo plazo. En el capítulo de defensa, esa pérdida de apoyo americano para Israel podría tener algunas consecuencias no deseadas que ciertos políticos de Estados Unidos parecen no haber calculado.

Hay que señalar, de hecho, que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, planteó en junio reducir la dependencia armamentística de Israel respecto de EEUU, un planteamiento para el que daba un plazo de diez años. Indudablemente, eso tendría ciertas desventajas para el país de Oriente Medio, pero al mismo tiempo esa autonomía permitiría un mayor desarrollo de la ya potente industria militar israelí, hasta ahora bastante dependiente de las decisiones de Washington en algunas cuestiones de importancia estratégica.

Un ejemplo de ello es lo ocurrido en la década de 1980 con el caza israelí IAI Lavi, un avión diseñado para ser el sustituto del IAI Kfir. Con un diseño parecido al del F-16, Israel Aircraft Industries (IAI) llegó a construir cinco prototipos de este avión. Finalmente el programa fue cancelado por presiones de Estados Unidos e Israel acabó comprando el F-16. La Fuerza Aérea Istaelí se dotó así de un excelente caza, pero su industria aeronáutica perdió una gran oportunidad de seguir desarrollándose. Hoy Israel Aerospace Industries (nombre de IAI desde 2006) es una potente empresa que fabrica algunos aviones civiles, misiles, drones y otros sistemas de armas, pero no ha desarrollado ningún caza desde 1987, cuando el IAI Lavi fue cancelado.

Con una mayor autonomía estratégica, IAI podría empezar a desarrollar aviones de combate y no sólo para Israel. Este país exporta gran cantidad de los sistemas de armas que fabrica, ya que tiene una industria de defensa muy avanzada y que es especialista, además, en sistemas sofisticados. Eso supondría más competencia para la industria aeronáutica americana, que por otra parte correría el riesgo de perder a un excelente cliente como Israel, que ha comprado cazas como el ya citado F-16, el F-15A, el F-15E Strike Eagle, el F-35 y el F-15IA Eagle II.

Por otra parte, Israel se ha convertido en un país puntero en sistemas de defensa antiaérea, como ha demostrado con su famoso Iron Dome (basado en misiles superficie-aire Tamir) y en el más reciente Iron Beam, un arma láser que puede derribar misiles, drones e incluso granadas de mortero a un precio mucho más módico que su predecesor. Para Estados Unidos y para su industria de defensa, contar con la colaboración de Israel es tan importante como para Israel la ayuda americana. Es ciertamente chocante que políticos americanos de distinto signo estén olvidando esto en medio de la vorágine de unas elecciones.
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Foto principal: Fuerzas de Defensa de Israel. Un caza F-15I Ra’am de la Fuerza Aérea Israelí.
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Comentarios:
AlfaEco
Error estratégico de primer orden.
Hace tiempo que me parece que Europa y EEUU vamos a dos velocidades. Normalmente las tendencias salen de EEUU y llegan aquí con algo de retraso, como el wokismo, aunque permanecen algo más.
Sin embargo, en este caso ha sido al revés. Es el antisemitismo el que ha pasado a EEUU desde Europa, vía infiltrados musulmanes en el Partido Demócrata.
Israel, a parte de muchas otras cosas, es una cuña de cultura occidental, una democracia en mitad del barbarismo de Oriente Medio. Y militar mente un gran portaaviones en mitad de zona enemiga.
Dejar de apoyarles, o hacerlo menos, es un fallo. Es un tiro en el pie. EEUU y Europa, EEUU e Israel, no son enemigos. Debería ser una alianza, una gran alianza.
El enemigo es el mahometanismo, infilatrado cada vez más peligrosamente en las instituciones occidentales (véase caso Die Linke en Berlín). En España tenemos a dos figuras políticas de izquierda, Sidi y la ministra Regó, al menos.
Permitir que esta gente acceda a nuestras instituciones y que su opinión cuente lo pagaremos caro. El Islam permite la taqqiya, la mentira al infiel, por interés de los musulmanes o de su propia religión. No puedes creer a alguien así, porque la mentira -y esto es algo que muchos no entienden- no es algo culturalmente malo o pecaminoso para ellos. Están legitimados por su cultura. Esto quiere decir que sus intereses y planes a largo plazo no los van a revelar necesariamente.
Debemos echarlos a todos y estar muy alerta. Promover la falta de apoyo a Israel hoy, o los desencuentro con Europa, nos divide y les beneficia.
Es un error. Necesitamos que el discurso político se vuelva sobre ellos. Si no, mirad Reino Unido, que va a ser, a este paso, el segundo país musulmán y muclear.
7:30 | 4/11/26
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