Formó parte de la resistencia polaca como parte de la organización Żegota

Irena Sendler: la historia de una enfermera católica polaca que salvó a 2.500 niños judíos

La historia de la Segunda Guerra Mundial está llena de personajes perversos y criminales, pero en ella también hay personas heroicas y admirables.

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La infancia y juventud de Irena

Este 27 de enero, Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, quiero recordar a una de esas personas heroicas, a un auténtico ángel. Irena Stanisława Sendlerowa, de soltera Krzyżanowska, nació en Varsovia el 15 de febrero de 1910. Su padre era el médico Stanisław Krzyżanowski. Su madre, Janina Krzyżanowska, era ama de casa. A los dos años de edad, Irena enfermó de tos ferina, por lo que la familia decidió mudarse y pasó su infancia hasta los siete años en el balneario Otwock. En 1917, su padre murió de tifus, contagiado de pacientes durante una epidemia de esta enfermedad.

Tres años después, Irena se mudó con su madre a Piotrków Trybunalski, donde vivía su abuelo y el hermano de su madre, Ksawera Grzybowski. Irena asistió allí a la escuela secundaria de Helena Trzcińska, se unió al movimiento scout. Tras graduarse de la escuela secundaria en 1929, partió hacia la capital y comenzó sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Varsovia, y después en Humanidades. En 1931 Irena se casó con Mieczysław Sendler, un filólogo clásico. Un año después, comenzó a trabajar en la Sección de Ayuda Materno Infantil del Comité Cívico de Asistencia Social.

Irena de joven (Foto: Yad Vashem).

Su labor en la resistencia polaca durante la Segunda Guerra Mundial

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Irena era trabajadora social. Tras la derrota polaca, Irena se unió a la resistencia polaca, usando el seudónimo de “Jolanta”. Ayudó económicamente a profesores de la Universidad de Varsovia (clausurada por los alemanes) y a las familias de personas encarceladas o fusiladas. Proporcionó medicamentos y suministros sanitarios a quienes se escondían en los bosques, y también ayudó a amigos judíos. Esta ayuda en Polonia implicaba un gran riesgo. En noviembre de 1939, los alemanes emitieron un decreto que prohibía ayudar a las familias judías. Sendler eludió esa orden. Cuando los nazis decidieron asesinar al pueblo judío, no pude mirarlo con indiferencia, recordaba.

Dentro de su labor clandestina, en el invierno de 1940, consiguió acceder al gueto de Varsovia, llevando dinero, comida, ropa, medicinas y vacunas contra el tifus. Aunque Irena era católica, entró en el gueto llevando un brazalete con la estrella de David para no llamar la atención entre la multitud, pero también como muestra de solidaridad con los habitantes del gueto, donde ella tenía muchos amigos. Con su ayuda empezó a salvar a niños y adultos. Irena llevó a cabo esta ayuda movida por sus profundas convicciones. Siempre llevaba consigo una estampita de Jesús Misericordioso que decía: “Jesús, en vos confío”.

Algunos de los niños salvados por Irena durante la Segunda Guerra Mundial (Foto: Muzeum Historii Żydów Polskich).

La creación del Żegota y su rescate de niños judíos

El 22 de julio de 1942, los alemanes iniciaron la deportación de más de 300.000 personas del gueto judío al campo de exterminio de Treblinka. Ese mismo año, el Armia Krajowa (Ejército Nacional), la principal organización de la resistencia polaca, formada mayoritariamente por católicos, formó el Żegota, la única organización de ayuda a judíos formada por un movimiento de resistencia no judío durante la Segunda Guerra Mundial. Irena se encargó de su Departamento de Infancia, logrando salvar a muchos niños judíos -se calcula que unos 2.500- con la ayuda de otros miembros de la resistencia polaca.

Irena rescató a esos niños de las formas más variadas e ingeniosas, incluso sacándolos del gueto a través de las alcantarillas y de sótanos de casas cercanas a ese recinto. Una vez rescatados, los niños eran acogidos por familias católicas polacas (lo cual implicaba para ellas el riesgo de que los alemanes ejecutasen a toda la familia) y por instituciones religiosas de Varsovia, Anin, Chotomów, Henryków, Płudy y Turkowice. El Żegota no sólo rescataba a los niños, sino que les proporcionaba documentos de identidad, alimentos y medicinas.

Irena con su uniforme de enfermera durante el Levantamiento de Varsovia de 1944 (Foto: Instytut Pamięci Narodowej).

Su detención y tortura por parte de la Gestapo

Irena pagó un alto precio por esta impresionante labor. En octubre de 1943 fue detenida por la Gestapo. Una amiga que estaba con ella en ese momento pudo ocultar a tiempo la lista de niños salvados escondiéndola bajo el brazo. La Gestapo torturó a Irena en la prisión de Pawiak durante semanas e incluso llegó a condenarla a ser ejecutada, pero ella no reveló ninguna información sobre los niños rescatados. El Żegota logró rescatarla, y una vez fuera ella continuó su labor de rescate de niños judíos. Durante el Levantamiento de Varsovia de 1944 trabajó como enfermera en un hospital de campaña de la resistencia polaca.

Logró sobrevivir a la guerra, y en 1945 entregó al Comité Nacional Judío la lista con los nombres de los niños judíos rescatados (y con los nombres polacos que les habían puesto para ocultarlos). Algunos pudieron volver con sus familias. Otros acabaron yendo a Israel, y hubo también niños que, al haber sidos asesinados sus padres, permanecieron con sus familias adoptivas. En la postguerra, Irena continuó trabajando para ayudar a niños que habían perdido a sus familias. Se jubiló en 1968.

Irena ya de anciana, en 2007, un año antes de su muerte, mostrando dos libros dedicados a ella, uno en polaco y el otro en alemán (Foto: Instytut Pamięci Narodowej).

Su reconocimiento como Justa entre las Naciones

En 1965 Irena fue una de las primeras personas polacas en ser reconocidas como Justos entre las Naciones por el Yad Vashem, una institución israelí creada en 1963 para honrar a las víctimas del Holocausto y a quienes ayudaron a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Recibió numerosas condecoraciones, entre ellas la Cruz de Comandante de la Orden de Polonia Restituta, y la Orden del Águila Blanca de Polonia. En 1979 se encontró con el recién elegido Papa polaco Juan Pablo II. Irena le regaló aquella estampita de Cristo Misericordioso que la había acompañado en la clandestinidad y que había conservado consigo durante su detención a manos de la Gestapo.

Irena llegó a ser nominada dos veces al Premio Nobel de la Paz, en 2007 y 2008, pero dichos premios fueron otorgados al estadounidense Al Gore y al finlandés Martti Ahtisaari. A pesar de la impresionante labor humanitaria que hizo, Irena siempre fue una mujer muy modesta. “Podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera”, dijo. Falleció el 12 de mayo de 2008 en Varsovia, siendo enterrada en el cementerio católico de Stare Powązki, en la capital polaca. Sirva esta entrada como homenaje a esa gran mujer.

Cześć jej pamięci!
¡Honor a su memoria!

La tumba de Irena en el cementerio de Stare Powązki, en Varsovia (Foto: Adrian Grycuk).

Bibliografía:

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Comentarios:

  1. calatravo

    Buenos días,

    Los avatares por los que transita Polonia y su pueblo a lo largo de la Historia imprimen carácter, no me cabe duda. Y produce personas como Irena o Jan Kozielewski, capaces de entrar voluntariamente en el infierno-en-la-tierra que fueron los ghettos y los campos de concentración/exterminio de la Polonia ocupada. La existencia de estos seres humanos redimen, de largo, los comportamientos abiertamente criminales de otros compatriotas suyos, incluso ya acabada la 2GM. Justos entre los justos; justos entre las Naciones.

  2. Alfonso

    Cześć jej pamięci!

  3. wladimir

    ¡Honor a su memoria!…Viva Polonia!….

  4. Aguador

    Dejé de creer en la “Academia Sueca” cuando le dieron a Obama el dichoso premio la noche antes de enviar 30.000 soldados a la guerra. Que se lo dieran al payaso fantasmón de Gore en vez de a esta mujer confirma mis impresiones. Pero da igual. El “premio Nobel de la Paz” se lo han dado todos esos niños a los que ayudó. Y se lo han dado todas las personas de bien que saben lo que ella hizo. Los “payasos de la Academia” son lo de menos en este caso.

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