Joseph Ratzinger escribió esas palabras en una carta que fue publicada en 2008

Las palabras del Papa Benedicto XVI sobre la relación entre liberalismo y catolicismo

Eng Lun 1·12·2025 · 18:34 2

Periódicamente surgen críticas al liberalismo desde ámbitos católicos, a veces haciendo afirmaciones categóricas sobre él.

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Por supuesto, me parece del todo respetable que un católico critique una ideología, un régimen político o un sistema económico, sea el que sea, al menos siempre que lo haga desde el rigor y la coherencia con la fe. A fin de cuentas, ser católico no implica respaldar una determinada ideología. El catolicismo es una religión, no un programa político, aunque su doctrina tenga proyección también en el debate de las ideas políticas.

El problema siempre llega cuando algunos intentan apropiarse del catolicismo para ponerlo al servicio de posiciones políticas discutibles, presentando esas posiciones como las únicas compatibles con la fe católica y condenando cualquier otra posición, incluso algunas totalmente legítimas. En este sentido, es frecuente ver a antiliberales diciendo que el liberalismo es "pecado", aunque en todo el Catecismo de la Iglesia Católica no se diga tal cosa y aunque no se hayan emitido contra esa ideología condenas expresas y rotundas como las emitidas contra ideologías totalitarias como el comunismo y el nazismo.

Yo soy católico y liberal-conservador. Lo primero es mi religión y lo segundo es mi posición ideológica dentro de los amplios márgenes que los católicos tenemos para optar por una u otra solución política. Esto es lo que algunos no acaban de entender. Sobre la relación entre liberalismo y catolicismo, hay prestigiosos autores católicos que han hecho observaciones dignas de ser leídas, o al menos mucho más dignas de ser leídas que cualquier cosa que pueda escribir yo. Uno de ellos fue Joseph Ratzinger, que además de ser un gran Papa con el nombre de Benedicto XVI, fue también un excelente intelectual cuyas obras recomiendo al que quiera disfrutar con brillantes argumentaciones.

En 2008, Benedicto XVI envió una carta al filósofo y político italiano Marcello Pera, que fue publicada como introducción en un libro de éste titulado "Perché dobbiamo dirci cristiani. Il liberalismo, l’Europa, l’etica" (Por qué debemos llamarnos cristianos. Liberalismo, Europa, ética). Esa carta fue publicada por Zenit el 2 de diciembre de 2008. En ella, Benedicto XVI afirmaba:

"Con un conocimiento estupendo de las fuentes y con una lógica contundente, usted analiza la esencia del liberalismo a partir de sus fundamentos, mostrando que en la esencia del liberalismo se encuentra el enraizamiento en la imagen cristiana de Dios: su relación con Dios, de quien el hombre es imagen y de quien hemos recibido el don de la libertad. Con una lógica irreprochable, usted muestra cómo el liberalismo pierde su base y se destruye a sí mismo si abandona este fundamento. También me ha impresionado su análisis de la libertad y el análisis de la multiculturalidad, en el que usted muestra la contradicción interna de este concepto y, por tanto, su imposibilidad política y cultural. Es de importancia fundamental su análisis sobre lo que pueden ser Europa y una Constitución europea en la que Europa no se transforme en una realidad cosmopolita, sino que encuentre, a partir de su fundamento cristiano-liberal, su propia identidad".

Más adelante, el Papa alemán añadía lo siguiente:

"Por lo que se re]ere a la contribución sobre el signicado de todo esto para la crisis contemporánea de la ética, considero importante lo que usted dice sobre la parábola de la ética liberal. Usted muestra que el liberalismo, sin dejar de ser liberalismo, más bien, para ser el a sí mismo, puede referirse a una doctrina del bien, en particular a la cristiana, que le es familiar, ofreciendo así verdaderamente una contribución para superar la crisis".

En estas palabras de Benedicto XVI encontramos una actitud muy distinta a la adoptada por católicos antiliberales. Como podemos ver, el Papa Ratzinger no rechazaba sin más el liberalismo ni mostraba la puerta de salida de la Iglesia a cualquier católico que se dijese liberal, sino que establecía condiciones para que el liberalismo fuese compatible con la fe y no se traicionase a sí mismo, con lo cual Benedicto XVI no sólo exhibía un concepto más abierto a distintas posiciones políticas que el de los antiliberales, sino que además demostraba tener un fiel conocimiento de la tradición liberal.

Obviamente, no todas las posiciones liberales son iguales, como tampoco lo son todas las posiciones que se presentan con etiquetas conservadoras, democristianas o tradicionalistas, por poner algunos ejemplos. Gran parte del liberalismo francés que desencadenó la Revolución de 1789 era abiertamente anticristiano, una militancia combinada a menudo con la pertenencia a una rama de la masonería, la francesa, que ha sido históricamente atea y muy hostil a la religión. Por el contrario, el liberalismo de la Revolución Americana de 1776 fue muy distinto: estaba fuertemente movido por el Cristianismo.

Esa distinción también se dio en España, donde hubo un liberalismo abiertamente hostil al catolicismo, pero también hubo muchos liberales católicos. De hecho, las Cortes de Cádiz, que promulgaron la primera constitución liberal de España en 1812, estaban formadas por 307 diputados de los cuales 97 eran eclesiásticos. Esto se plasmó en la citada constitución, que empezaba así: "En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad". Su Artículo 12 afirmaba:

"La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohibe el ejercicio de cualquiera otra".

Esta afirmación estaba plenamente en línea con las posiciones defendidas entonces por la Iglesia Católica, que acabó aceptando la libertad religiosa en su declaración "Dignitatis humanae", aprobada por el Concilio Vaticano II el 7 de diciembre de 1965. Lo hizo con una brillante declaración que encajaba de lleno en la tradición liberal:

"Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural. Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil".

Lo que acabamos de leer es un párrafo que cualquier liberal firmaría gustosamente, o al menos aquellos liberales que defienden la libertad religiosa. La pregunta que cabe hacerse es: cuando algunos antiliberales rechazan este concepto de la libertad como ausencia de coacción, creyendo que con ello dejan fuera del templo a muchos católicos que somos liberales, ¿acaso no se dan cuenta de que también están rechazando lo que la propia Iglesia afirma?

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Foto: WDKrause. Benedicto XVI en su visita a Berlín el 22 de septiembre de 2011.

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Comentarios:

  1. isanchezgil

    Benedicto XVI ha sido uno de los pocos grandes teólogos de nuestra época. Su capacidad intelectual y sus muchas lecturas se demuestran en estas citas de Su Santidad.

    Gracias por traerlo aquí, es un alivio tener delante esta magnífica mentalidad, frente a la pobreza intelectual reinante.

  2. FaramirGL

    Sólo una puntualización:

    Yo cambiaría el párrafo que reza » a una rama de la masonería, la francesa, que ha sido históricamente atea y muy hostil a la religión.» por » a una rama de la masonería, la francesa, que ha sido históricamente atea y muy hostil a las restantes creencias religiosas.»

    El ateísmo ES una creencia religiosa. La de aquellos que CREEN que no existe Dios.

    El ser humano es esencialmente religioso, y los ateos no pueden eludir esta realidad, por mucho que chillen.

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