Igual que otros amores, el patriotismo es algo bello y a la vez incómodo, porque te exige recordar que hay cosas más importantes que tú.
Al igual que millones de españoles, el 24 de diciembre celebré la Nochebuena con mi familia, esta vez con un enorme hueco en mi casa. Un hueco imposible de llenar y por el que he preferido brindar atención a mis seres más queridos y no a los temas de actualidad, pues para mí la familia está muy por encima de cualquier asunto político.
Este año no he escuchado el discurso de S.M. el Rey Felipe VI. Sinceramente, estoy en un momento de mi vida en el que encuentro mucha más tranquilidad en una televisión apagada. No obstante, he leído el discurso en el sitio web de la Casa Real y, al igual que muchos españoles, he echado cosas en falta, entre ellas una mención expresa a la corrupción. Me disgustó, ¿para qué mentir? Ayer, incluso un medio tan juicioso y sereno como El Debate recordaba que el Rey fue más exigente en otras ocasiones al hablar sobre la corrupción.
La noticia de El Debate también señaló algo que a muchos, y me incluyo el primero, se nos pasó por alto sobre los mensajes del Rey: "Aunque los Mensajes de Navidad del Rey se escriben en el Palacio de La Zarzuela y son los más personales de Don Felipe, también los supervisa y retoca Moncloa. Nunca trasciende qué parte ha añadido o censurado el Gobierno". Así pues, tenemos un gobierno sin escrúpulos y con capacidad para quitar o añadir cosas en un discurso del Rey, un discurso por el que las críticas después se las lleva en exclusiva Felipe VI, como se ha podido ver en las últimas horas en las redes sociales.
Ayer llamé a un amigo que al igual que yo tiene cosas mucho mejores en las que pensar, por motivos familiares, que en los asuntos políticos. Es un amigo al que conocí en mi colegio, que siempre está ahí en los malos momentos, con el que puedo hablar de todo (algo especialmente valioso en una sociedad como la actual, donde lo habitual es que casi todos se ofendan por alguna cosa) y con el que coincido en casi todas las cosas importantes. Y digo "casi" porque él es fan de Star Trek y yo soy fan de Star Wars, una diferencia abismal -¿qué digo abismal? Es una diferencia galáctica- pero por la que nunca tenemos discusiones.
Después de abordar otros temas más importantes (porque los hay), hablamos sobre el discurso del Rey. Le comenté mi decepción con el discurso de Felipe VI y, como un buen amigo, tuvo la honradez de llevarme la contraria, recordándome una de esas partes casi olvidadas de la Constitución Española, esas partes que casi nunca aparecen en los debates, a pesar de su importancia. Me refiero al Artículo 64:
1. Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. La propuesta y el nombramiento del Presidente del Gobierno, y la disolución prevista en el artículo 99, serán refrendados por el Presidente del Congreso.
2. De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden.
Mi amigo me vino a decir, con gran acierto, que los españoles pudieron haber elegido tener un Rey con más poder y capacidad de decisión, pero eligieron esto. Personalmente no creo que eligiesen mal. De hecho, a pesar de todos sus defectos, la transición a la democracia en España sigue siendo algo digno de admiración, especialmente por su capacidad de reconciliación entre españoles tras las profundas heridas dejadas por una brutal guerra civil. La alternativa habría sido un Rey que interviniese mucho más en los asuntos públicos, con sus ventajas y sus inconvenientes. La amplia mayoría de las monarquías parlamentarias de Europa eligieron el mismo camino que España. Las monarquías que cayeron fueron precisamente las otras, aquellas en las que el monarca tenía amplios poderes: Alemania, Austria-Hungría, Rusia...
Hoy en día son muchos los que cuestionan la existencia de la monarquía. No entraré a desgranar el acierdo o error de las razones de cada uno, pero sí que me atrevo a recordar que entre los detractores más acérrimos de la monarquía están la extrema izquierda y los separatismos, y no por casualidad. A fin de cuentas, y aunque algunas personas de derechas pasen esto por alto, la monarquía es una institución esencialmente conservadora en el más estricto sentido de la palabra. Representa unos valores tradicionales y una permanencia de España como Nación que explican ese odio entre la extrema izquierda y los separatismos. El Artículo 56 de la Constitución lo deja claro: "El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia".
Ahora mismo hay personas de derechas que creen que estaríamos mejor con una república. Algunos piensan que en España una república podría ser como Polonia, Finlandia o Suiza, países que con sus más y sus menos, gozan de una notable estabilidad institucional. Sin embargo, en España ha habido dos efímeras repúblicas y ambas fueron periodos muy turbulentos. La última de ellas acabó en un baño de sangre -la ya citada guerra civil- provocada en gran medida por los mismos que intentaron convertir esa república democrática -con muchos defectos- en una dictadura al estilo soviético.
Por supuesto, cada uno es muy libre de defender lo que le parezca mejor, ésa es una de las grandezas que tiene la democracia. No obstante, me atrevo a recordar que el patriotismo nos exige recordar que hay cosas más importantes que nuestras opiniones más o menos cambiantes: cosas como la Patria y la Libertad, dos grandes columnas de nuestra sociedad que no deberían sufrir las sacudidas de los cambios de opinión entre españoles. Históricamente, la monarquía ha sido una institución muy importante como argamasa de la unidad de España, y no es casualidad que quienes quieren una España roja o una España rota sientan un especial odio por la monarquía. El problema es que muchas veces los enemigos de España y de la Libertad tienen una vista a más largo plazo que los defensores de ambas.
Obviamente, creer que la monarquía es una institución importante y que merece ser conservada no significa estar siempre de acuerdo con el monarca. España ha tenido reyes magníficos y también reyes nefastos. No sé si Felipe VI estará entre los magníficos (eso ya tendremos tiempo de juzgarlo), pero de momento creo que no está, ni por asomo, entre los nefastos. El problema llega cuando las críticas contra el Rey pasan al terreno del insulto y se suman a la campaña contra la monarquía, una campaña que viene siendo desarrollada por la extrema izquierda y los separatismos desde hace muchos años, sin prisas pero sin pausas.
Tal vez algunos piensen que España estaría mucho mejor con un presidente de la república que fuese conservador y que defendiese todas las ideas que ellos defienden. Como sueño está muy bien, pero la realidad podría ser muy diferente. En caso de tener una república, posiblemente el lugar del Rey sería ocupado por alguien como Pedro Sánchez o como Alberto Núñez Feijóo. Me pregunto si eso es lo que algunos desearían para su país. Actualmente, España tiene todas las características necesarias para que aquí se repita la desastrosa experiencia de Francia, un país con una república presidencialista y que está asomándose a un precipicio institucional.
No puedo evitar recordar el aviso que un gran patriota hizo en octubre de 2019, sobre el plan de la izquierda para "deslegitimar la monarquía" y "derrocar a Felipe VI", como parte de un plan para "destruir la reconciliación de los españoles". Ese gran patriota es Santiago Abascal, presidente nacional de Vox. Ayer, una persona que conoce muy bien a la izquierda por dentro, Hermann Tertsch, eurodiputado de Vox, publicó un mensaje muy sensato sobre el discurso del Rey en Nochebuena:
Ante tanto exégeta de los discursos del Rey Felipe VI como veo por ahí suelto, me apunto un momentito al análisis.
Creo que lo de la ejemplaridad en la función pública viene a ser un rotundo "córtense un poco, ladrones socialistas, dejen de robar a los españoles como lo hacen".
Y lo de los extremismos y sus efectos nefastos que ya hemos conocido en nuestra historia considero que solo puede referirse a los únicos extremistas hoy en España que son la alianza PSOE/ETA y golpistas varios, todos ellos filoterroristas, y sus permanentes evocaciones y llamamientos a emular a los asesinos del terror rojo de la guerra civil.
En otro comentario, Hermann añadió:
"Creo que frente a un mensaje ciertamente tan interpretable solo cabe subrayar y exponer con fuerza la interpretación que refleja la verdad y las posiciones dignas que pueden extraerse del mismo frente a las interpretaciones que responden a los intereses viles y miserables de los gobernantes delincuentes actuales".
En fin, sé que este artículo no me hará ganar muchos amigos. Para mí lo más fácil sería unirme a la ola de críticas al discurso del Rey, olvidando quién tiene capacidad para censurar y añadir cosas en ese discurso. Hace años hice un juramento ante la Bandera de España, con una fórmula en la que me comprometí por mi conciencia y honor a guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, con lealtad al Rey y, si preciso fuera, entregar mi vida en defensa de España. Mi Patria es algo muy importante para mí, igual que lo es mi familia. Es mucho más importante que mis opiniones, que mis críticas y que mis reacciones más o menos acertadas a cualquier tema de actualidad. Es ese orden de prioridades el que me ha llevado a escribir estas líneas. Si has llegado hasta aquí, te lo agradezco de corazón, estemos o no de acuerdo.
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Comentarios:
isanchezgil
Pues ya tiene Vd. en mí, Sr. Elentir, la primera amiga. Estoy totalmente de acuerdo con usted, y ya he tenido que decir lo mismo en algún otro lugar. Más concretamente, que, en las democracias actuales, con Jefe del Estado perteneciente a la monarquía, que hay varias, y son de las más consolidadas en la historia de Europa, «el Rey reina, pero no gobierna».
Eso significa que el Rey, como Jefe del Estado, está siempre en un difícil equilibrio (dificilísimo para cualquier persona con dos dedos de frente) entre sus propias opiniones, y las ideas que puede hacer públicas. Por eso, creo yo, ha sido tan machacón con la palabra «democracia», a ver si se les mete en la cabeza a algunos supuestos derechista-monárquicos, que no la entienden. Por supuesto, los de izquierda que creen en la Revolución (es decir, el golpe de estado), se pasan la democracia por donde les interesa.
Me pareció estupenda la frase sibilina: ejemplaridad de quienes ejercen las funciones públicas. Auténtico bofetón a toda esta pandilla de mangantes (que no mandantes) que nos rodea.
11:54 | 26/12/25
Maria
Ante todo, Feliz Navidad a tí, Elentir, a tu familia y a todos los lectores.
Comparto, a grandes rasgos, el artículo. No soy una monárquica acérrima pero cuando pienso en la alternativa, me vienen hasta pálpitos. Me fijo. por ejemplo, en Italia. Una vez leí un artículo en el que analizaban los gastos de esa República frente a una Monarquía como la inglesa, y resultaban ser mucho mayores. Sin contar que no es el pueblo el que elige al Jefe del Estado y que, qué casualidad, siempre es un comunista o un socialista.
En cuanto a nuestro Rey, la verdad, desde que habló en la ONU de los derechos reproductivos de la mujer (eufemismo del aborto) como gran logro de España, me echó el cierre (en sentido afectivo). Confirmado el cual con el Toisón de Oro a Felipe González. Me gustaría saber quién decidió otorgárselo. Si para todo la respuesta es: el Gobierno, entiendo que el Rey es, entonces, una mera marioneta de éste. Y, por supuesto, que a Sánchez le encantaría ocupar su lugar.
P.D. Gracias, Elentir, por el artículo. Es muy sensato.
14:46 | 26/12/25
calatravo
Buenas tardes,
Me alegro mucho de que hayas tratado esta cuestión y, sobre todo, de la forma en que lo has hecho. Yo tampoco vi el discurso del Rey y, también, soy más bien partidario de esta monarquía constitucional en lugar de una república a la española, es decir, escorada. No me atrevería a criticar lo que no conozco pero sí a apuntar una opinión bastante extendida a mi alrededor: a saber, que parece que siempre que tiene ocasión, la pareja reinante hace guiños a una parte de la sociedad española mientras que mantiene, por lo general, una exquisita neutralidad con la otra mitad. Ya le anticipo que lo que tengo a mi alrededor está dentro de esta segunda parte. Me ahorro explicitar los calificativos dirigidos a SM el Rey que he oído y leído con ocasión de su discurso de Navidad.
Por cierto, desearte muy felices Pascuas. Y a tus “leyentes” lo mismo, que no se diga.
14:48 | 26/12/25
Jandro
Feliz Navidad. Sé lo que es pasar la primera Navidad sin alguien tan importante, y las siguientes. Te deseo lo mejor y todo el ánimo para ti y para tu familia.
Sobre el Rey y su discurso, yo discrepo. La interpretación de Hermann Tertsch me parece mágica por lo voluntarista y lo deliciosamente reinterpretativa que es, pero el Rey inequívocamente estaba metiéndose con el «extremismo» de Vox, que es la única «amenaza» que en este momento parece cernirse sobre el establishment generado por el bipartidismo y sus garrapatas asociadas.
Y no, yo no reniego del Régimen del 78 y creo que trajo lo más importante y difícil, sobre todo por las renuncias que suponía para tantos: la convivencia y la democracia. Pero ese germen hay que cuidarlo, y a veces es imperativo no ignorar las correcciones de rumbo que deben hacerse para buscar lo mejor para nuestra nación. Porque lo que parecían dos fuerzas o sensibilidades principales en nuestra sociedad han ido fusionándose (con pegamento supranacional, no siguiendo los intereses y deseos de los ciudadanos) en una sola, un único bloque de izquierdas, con una única fuerza oponiéndose a ese bloque.
Lo lamento, sentí con el discurso de Felipe VI una decepción casi tan profunda como cuando el otro día alabó las «conquistas en materia de derechos sexuales y reproductivos». ¿Estaba obligado a decir ese disparate porque la supervisión del Gobierno le obligaba a ello? No lo creo, y no deberíamos apoyarle cuando mete la pata de manera tan notoria. No es bueno para España correr un tupido velo ante un desnorte tan acusado de Su Majestad.
Con respecto al discurso de Navidad, con la corrupción más generalizada y jamás vista en toda la democracia, creo que no podemos quedarnos conformes con una ínfima y vaga alusión a la «ejemplaridad de quienes desempeñan funciones públicas». Eso lo puede decir el mismo Pedro Sánchez mientras aparta a Ábalos o a Cerdán. Y encima viene a decir S. M. que el peor mal de esa falta de ejemplaridad es la desafección de la gente y las respuestas «extremistas». Vamos, como cuando la otra decía que aquel atentado yihadista eran «votos para la ultraderecha». Y aquí disculpo más a Susanna Griso, que seguro que no quería decirlo así, pero no a quien redacte un discurso con una elaboración tan importante.
No es solo que hubiera grandes ausencias en su discurso, es que hubo también grandes presencias que unca debieron aparecer. El Gobierno de España nadando en corrupción y erosionando hasta los cimientos las instituciones y la separación de poderes, y las prioridades del discurso del Rey son desafío climático, Unión Europea (de Von Der Leyen) y que no haya extremismos. En fin.
17:04 | 26/12/25
Elentir
Muchas gracias a todos por vuestras opiniones, sean coincidentes o no con la mía. Sobre las intenciones del Rey, prefiero no juzgarlas, primero por la debida lealtad y segundo porque a mí tampoco me gusta que juzguen las mías. En todo caso, sí puedo decir que los ataques que ha recibido el Rey por este discurso desde la extrema izquierda y el sepatatismo han sido más duros que los recibidos desde la derecha, y eso me parece significativo. Si los enemigos de España y de la Libertad están muy disgustados con el discurso del Rey, tal vez los que estamos en el lado opuesto no deberíamos tener tantos motivos para sentirnos descontentos…
19:00 | 26/12/25
isanchezgil
OK!!!!
20:51 | 26/12/25
Victor
A continuación reproduzco un fragmento del artículo publicado por Alejo Vidal Quadras en Vozpopuli.
«El artículo 56.1 de nuestra vigente y ya muy zarandeada Constitución atribuye al Rey el arbitraje y moderación del funcionamiento regular de las instituciones. Esta fórmula carece de precisión y deja un amplio espacio a la interpretación. ¿Qué significa realmente arbitrar y moderar? ¿Cómo se pueden y deben ejercer tales competencias? ¿De qué mecanismos formales e informales dispone el monarca para influir en la marcha del Estado sin que su actuación rebase los límites de su papel? ¿Cuándo y en qué circunstancias las instituciones operan regularmente? ¿E irregularmente? La Ley de leyes no aclara estos cruciales interrogantes. Además, este nebuloso precepto de la Norma Fundamental nunca ha sido desarrollado o precisado mediante legislación al efecto.
Suelen citarse dos ejemplos para ilustrar la posible aplicación de los mencionados arbitraje y moderación, la decidida intervención de S.M. Juan Carlos I con motivo del intento de golpe militar del 23 de febrero de 1981 y el valiente y firme pronunciamiento de S.M. Felipe VI la noche del 3 de octubre de 2017 saliendo al paso del anuncio de secesión unilateral de Cataluña hecho por el entonces presidente de la Generalitat y ahora prófugo de la justicia Carles Puigdemont. En ambas ocasiones, la contribución de la primera autoridad nacional fue determinante para abortar los propósitos subversivos de los rebeldes. Es obvio que estas actuaciones del Trono fueron una aplicación del artículo 56.1 en su máxima expresión y que sus efectos se revelaron suficientes.»
20:10 | 28/12/25
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