Una pataleta del periodismo tradicional por perder su control sobre el relato

El bulo del algoritmo que consigue «que te hagas de derechas sin darte cuenta»

Eng Jue 19·2·2026 · 19:13 3

Uno de los motivos de la crisis de credibilidad de gran parte del periodismo es la publicación de titulares sensacionalistas.

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Hoy el diario El Mundo publica este titular: "Ni 'fake news', ni silenciar cuentas: así consigue la red social X de Elon Musk que te hagas de derechas sin darte cuenta". Éste es un ejemplo de lo que en Internet se conoce como "clickbait", un anzuelo publicado por un medio para obtener visitas. La noticia habla sobre un estudio de una profesora rusa, Ekaterina Zhuravskaya, que trabaja en la Escuela de Economía de París. El estudio fue publicado por Nature, y sobre el mismo El Mundo afirma: "Durante siete semanas, los investigadores manipularon precisamente ese elemento: unos participantes veían un feed cronológico, sin recomendaciones; otros, el feed algorítmico habitual que ordena los contenidos según las probabilidades de interacción del usuario".

A pesar de su titular, la noticia de El Mundo afirma: "El giro no fue radical ni transformó la identidad ideológica declarada de los usuarios, es decir, que nadie cambió de partido por usar el algoritmo". El penúltimo párrafo de la noticia confirma que el titular es un bulo:

"Ni en Estados Unidos ni en España la evidencia disponible permite afirmar que un algoritmo determine el voto o transforme de raíz la ideología de los ciudadanos. Pero sí sugiere algo más sutil y quizá más relevante: que el sistema decide qué temas ocupan el centro del debate, qué voces parecen mayoritarias y qué marcos interpretativos se repiten cada día en millones de pantallas".

Esta última frase tiene cierta gracia. Hace nueve años, el medio izquierdista Eldiario.es publicó un estudio mostrando que el periodismo es una de las profesiones más sesgadas hacia la izquierda. Eso explica que las tesis ideológicas izquierdistas sean las dominantes en la mayoría de los medios. Es algo que también ocurre en El Mundo, un periódico que lleva muchos años defendiendo las tesis progresistas. Los medios que comparten esa ideología la filtran a través de sus noticias a diario durante años, influyendo de forma clara en la opinión pública. Sin embargo, ese periodismo progresista se siente molesto porque en una red social muy concreta existe una tendencia opuesta.

Un ejemplo de esa lluvia fina a la que los medios nos someten en cuestiones políticas e ideológicas podemos verlo en otro artículo publicado hace cinco días por el mismo autor de esa noticia en el que afirmaba que la subida del partido derechista Vox en las encuestas "debe convertirse en un asunto de máxima preocupación para los españoles". Muchos periodistas llevan décadas diciéndonos lo que debemos votar o no, lo que debemos opinar, incluso lo que debemos comer y si debemos tener hijos o no, pero después se escandalizan de que un algoritmo indique que las tendencias de opinión en la sociedad son distintas a las suyas.

Además de eso, El Mundo ha olvidado comentar un detalle del estudio de Zhuravskaya (se puede leer aquí). Esta investigadora señala lo siguiente en la publicación de Nature:

"Un estudio anterior examinó los cambios en el contenido de los feeds de los usuarios en Twitter, cuando la plataforma introdujo el algoritmo de feeds en 2016, mucho antes de la adquisición de Musk, y descubrió que el algoritmo ya priorizaba el contenido de derecha".

Ese estudio de 2016 se puede leer aquí. El Mundo pasa esto por alto en su noticia tal vez porque acabaría de echar por tierra tanto el titular como la foto elegida, que muestra a Elon Musk, actual propietario de Twitter. Al final, la noticia en cuestión queda como una pataleta del periodismo tradicional contra las redes sociales por amenazar su control sobre el relato y su dominio sobre la opinión pública. ¿Hará ese medio un análisis crítico sobre los efectos políticos sobre la opinión pública de manipular noticias de esa forma?

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Foto: NordWood Themes.

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Comentarios:

  1. Clemente Avizores

    Esta es una de las razones por las que no me hago suscriptor del mundo, y eso que ahora tienen una oferta que sale por menos de 1€ al mes.
    Otra, porque es un periódico claramente proabortista.
    Por mí, ni aunque lo pusieran de balde. ¿Qué digo? Ni aunque pagaran por suscribirse.

  2. AlbertoAG

    A todos estos que se alarman de que haya gente cada vez más de derechas habría que decirles: «¿Y qué tiene de malo ser de derechas, si es de lo mejor que hay en el mundo?

    Yo creo que la historia de los últimos 3 siglos no se enseña al detalle en las escuelas porque entonces lo que cala en la población es la verdad, es decir, que la izquierda es en esencia criminal, ya sean jacobina, comunista, fascista o progre. Esto está claro que no les gustaría nada a los políticos y activistas izquierdistas, pues sería su muerte política y además, un triunfo de la Tradición sobre la Revolución.

    Ser de derechas es de lo mejor que hay en el mundo, pues ser derechas es básicamente:

    -Ser hijo de una tradición construida y heredada a lo largo de los siglos, la cual se tiene como deber transmitir a las siguientes generaciones.

    -Considerar que todo ser humano tiene 3 derechos fundamentales: vida, propiedad privada y libertad.

    -Considerar que el poder debe estar siempre limitado.

    -Admitir que el ser humano tiene una naturaleza que no puede ser alterada.

    -Rechazar las doctrinas igualitaristas.

    -Considerar que la sociedad es capaz de organizarse sin que el Estado tenga que controlar todos y cada uno de los aspectos de la vida de los demás.

  3. isanchezgil

    La cuestión de fondo de este complicado artículo, es el problema de las redes sociales. Si tanto los periódicos impresos, como los investigadores discuten, analizan, arguyen y argumentan sobre el cómo y qué de los algoritmos en las redes sociales, es que el problema son estas estupendas vías de comunicación e información, que pueden modificar, por medio de algoritmos, las tendencias y las ideologías del público que las usa.

    Hay que tener un muy, muy fino olfato analítico para no dejarse influir por tales algoritmos, y, lamentablemente, el público en general no se para a diseccionar lo que las redes sociales, y sus algoritmos, le presentan.

    Este es el enorme problema con que el público tiene que lidiar. Ojala sea para bien.

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