La izquierda parece sentir una gran nostalgia por los tiempos en los que comisarios políticos dictaban lo que se podía decir y lo que no.
El viernes, el periódico digital dirigido por el izquierdista Ignacio Escolar -uno de los medios más afines al gobierno de Pedro Sánchez- publicó este titular: "La ultraderecha se 'cuela' en los libros de historia para ensalzar mitos nacionalistas". La noticia hace referencia a "un estudio recién publicado que analiza el auge en los últimos años de la publicación de libros que reproducen una visión de la historia acorde con la ultraderecha. El artículo apunta a un proceso de “desprofesionalización académica” y a un aumento de obras que no siguen las metodologías propias de la historiografía, pero que se presentan como rigurosas".
La noticia de ese medio izquierdista señala, entre otros, a historiadores como Fernando Díaz Villanueva, Javier Santamarta del Pozo y Javier Rubio Donzé. A este último le atribuye una serie de citas que Eldiario.es dice que han sido publicadas en su libro "España contra su leyenda negra: mitos, agravios y discursos". Ayer Javier Rubio señaló que esas citas no figuran en su libro. De hecho, el estudio en cuestión (PDF) señala que las publicó otro autor. Una curiosa forma de dar lecciones de rigor.
En cuanto al estudio, entre otras cosas afirma lo siguiente, recurriendo a varias redundancias: "Frente a los avances realizados por la historiografía pro-fesional, la extrema derecha ha vuelto a traer al debate público interpretaciones, relatos y discursos completamente sobrepasados por la historiografía profesional, valiéndose para ello de metodologías anticientíficas y referentes historiográficos sobrepasados" Los dos autores del estudio acusan a la "extrema derecha" de "glorificar el pasado medieval y moderno de la Península Ibérica", y añaden: "Con ello intentan generar un sentimiento de nostalgia hacia esa versión manipulada del pasado".
Lo más surrealista es que, como señala Javier Rubio, uno de los autores de esas afirmaciones tiene una cuenta de Twitter decorada con la hoz y el martillo, el símbolo del movimiento comunista, uno de los movimientos totalitarios que más gente han matado en el último siglo. No parece, desde luego, la mejor posición para dar lecciones de rigor a nadie, teniendo en cuenta de que el comunismo es uno de los movimientos políticos que más ha recurrido a la manipulación de la historia para blanquear sus crímenes e incluso justificarlos.
En esa misma línea, este hombre que pretende aleccionar a otros historiadores ha escrito en su cuenta de Twitter mensajes como "Viva Fidel Castro", "Gloria eterna a Fidel y Raúl Castro", "Viva Stalin", "Slava Stalin" (Gloria a Stalin, en ruso), "Que vuelva la URSS y que nos gobierne Stalin", "Stalin salvó a Polonia" (se refiere al mismo dictador soviético que pactó con la Alemania nazi invadir Polonia en 1939) o "Stalin no provocó ninguna hambruna" (recordemos, por si alguien ignora este dato, que el genocidio perpetrado por ese dictador en Ucrania entre 1932 y 1933, el Holodomor, consistió en matar de hambre a varios millones de personas, haciendo requisas masivas de grano que dejaron a las víctimas sin recursos para sobrevivir).
En abril de 2022, en una respuesta a Antonio Maestre, ese mismo autor afirmó que la URSS era "una dictadura del proletariado, una dictadura sangrienta y durísima para la burguesía, y por tanto la forma más amplia y pura de democracia para el proletariado".
Es decir, que un tipo que ahora critica a historiadores que no comparten su visión del pasado, calificándolos como "extrema derecha" y acusándoles de "generar un sentimiento de nostalgia hacia esa versión manipulada del pasado", hace sólo cuatro años calificó como "la forma más amplia y pura de democracia" a una brutal dictadura que gobernó a millones de personas durante 74 años sin elecciones libres, violando los derechos humanos, invadiendo a países vecinos y deportando a gran parte de su población a Siberia y muchas otras atrocidades.
Desde luego, el afán de la izquierda mediática por promover la leyenda negra antiespañola está llegando a extremos cada vez más grotescos. Lo de recurrir a un nostálgico de Stalin para esto es un ejemplo más de la curiosa idea del rigor y del extraño concepto de "memoria histórica" que tienen los medios izquierdistas. ¿Quién será el próximo al que fichen para dar lecciones de historia? ¿Tal vez un antisemita dispuesto a decir cualquier barbaridad sobre los judíos? A lo mejor no tienen que buscar muy lejos. En julio de 2022, el citado autor de ese estudio contestó con la expresión "Masacrar judíos" a un tuiteo que afirmaba: "Empieza por M y os encanta". ¿Ésta es la clase de gente a la que el diario de Escolar busca para alertar contra la "extrema derecha"?
P.D.: de ese último mensaje antisemita he hecho una copia automática y una copia en PDF por si los amigos de ACOM estuviesen interesados en presentar acciones ante la Justicia. Hay expresiones que son intolerables en una democracia.
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Comentarios:
AlbertoAG
Los izquierdistas son los mayores entusiastas de la dictadura, siempre y cuando sea del proletariado.
La izquierda, cuando defiende abiertamente la persecución de quienes piensan diferente a ellos, vuelve a los orígenes, al jacobinismo de la nefasta Revolución Francesa.
8:10 | 27/04/26
FaramirGL
Otro ejemplo de que el mejor lugar para un comunista es una celda acolchada. O la sección psiquiátrica de una prisión.
Y que no hay nada más parecido a un comunista que un nacional-socialista, un nazi. Ambos socialistas, totalitarios, genocidas y socialistas.
9:06 | 27/04/26
isanchezgil
Aunque un poco tardíamente, quiero añadirme a quienes han comentado este interesante artículo.
Interesante, para mí, porque no sabía quién es este individuo (no tengo el disgusto de frecuentar los medios en los que se exhibe) y he tenido que recurrir a internet para enterarme de su infinita sabiduría, y su formación como historiador, que le permiten criticar a algunos historiadores de verdad, a los que pone la pegatina de «extrema derecha».
Su problema es que se le ve el plumero, como a casi toda la progresía analfabeta que nos aqueja, colocando apelativos sin ton ni son, como el de «extrema derecha», o «fascista», que son los más utilizados, y que en su total ignorancia ni saben ni se van a enterar nunca, de lo que significan. Porque para eso hay que leer y estudiar, y ellos no han hecho nunca ni lo uno, ni lo otro.
17:31 | 29/04/26
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