Hará falta algo más que una derrota electoral y un mero cambio político

¿Cómo cayó España en el pozo del PSOE y qué debe hacer para salir de él y no volver a caer?

Eng Jue 28·5·2026 · 7:04 2

España está viviendo algo ya más que simples escándalos de corrupción: esto ya es una colosal erupción de estiércol político.

Pedro Sánchez niega su caída y bromea con ello: ya hubo otro hundimiento como éste
España, la finca particular de los socialistas: la lista de instituciones que han colonizado

La situación es francamente preocupante. El auto del juez Pedraz de la Audiencia Nacional conocido ayer (ver PDF) deja en evidencia algo mucho peor que simples políticos sin escrúpulos intentando enriquecerse a costa del resto de los españoles. Lo que revela es una mafia que ha utilizado el poder político para presionar y amedrentar a jueces, fiscales y policías para impedir que investiguen los casos de corrupción relacionados con el gobierno de Pedro Sánchez y su partido, el PSOE.

Esto no es algo que pille por sorpresa a los españoles, o no al menos a los que se informan por medios distintos al aparato de opinión sincronizada del gobierno y del PSOE. Bastaba con observar las conductas de los miembros del gobierno para detectar un comportamiento que debería ser anormal en una democracia: ataques públicos a jueces y a medios de comunicación por parte del gobierno, persecución contra periodistas incómodos, proyectos de censura en los medios e incluso en las redes sociales... Sánchez y su banda vienen desarrollando su agenda autoritaria de forma clara y a la vista de todos, y si algunos aún no se han enterado es porque no se han querido enterar.

Lo que muchos se estarán preguntando ahora es: ¿cómo pudo España caer en este pozo lleno de estiércol en el que se ha convertido el PSOE? No es algo que haya ocurrido una vez o dos: en este medio siglo de democracia ya es la tercera vez que los españoles caen en este pozo socialista, siempre con pésimos resultados. Aunque el PSOE esté pasando ahora por su peor momento, nada indica que los españoles no puedan volver a caer en la misma trampa al cabo de unos años si los socialistas finalmente son desalojados del poder.

La causa de esta caída no es únicamente imputable al PSOE y a la falta de escrúpulos morales que muestran los dirigentes de ese partido. Lo que España padece es un fallo de los contrapesos democráticos, y lo sufre por una concepción del poder político que no sólo es defendida por el PSOE y por sus aliados de extrema izquierda: el Partido Popular ha estado repartiéndose durante años el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional con los socialistas, estableciendo una estructura de poder que era el caldo de cultivo ideal para la corrupción. Una estructura basada en una concepción paternalista del Estado que sirve para que nuestros gobernantes tengan niveles de control de la sociedad propios de una dictadura, como demuestra el reiterado abuso de las sanciones administrativas en España y su utilización para censurar opiniones sin pasar por un juez, como ya expuse aquí hace tres años.

Si alguien cree que con una derrota electoral del PSOE se acabará el problema, se equivoca. Necesitamos no sólo una depuración de todas las instituciones colonizadas por el PSOE, un partido que ha convertido al Estado en una agencia de colocación para sus militantes, sino también impedir que puedan volver a ser colonizadas por ése u otros partidos. Eso sólo se logrará restando poder a los políticos y adelgazando el Estado.

Por lo demás, mientras millones de españoles sigan viendo con buenos ojos las políticas de "pan y circo" (una compra descarada de votos que no sólo practica el PSOE, sino también el PP), las posibilidades de salir de ese pozo seguirán siendo escasas, y en caso de que consigamos salir, será probable que caigamos de nuevo en él.

Necesitamos algo más que un cambio político: un cambio cultural que nos haga radicalmente intolerantes con la corrupción, venga de donde venga, pero especialmente de los políticos a los que apoyamos; un cambio que nos haga renegar de un pecado cardinal, la envidia, que es una costumbre muy arraigada en España y que lleva a muchos a desear los bienes ajenos en lugar de celebrar y aplaudir el éxito de quienes se esfuerzan y se arriesgan. Un cambio que regenere nuestro sistema educativo y vuelva a primar en él la búsqueda de la excelencia, en vez de incentivar la vagancia y la mediocridad.

Obviamente, un cambio así no es fácil. Los socialistas han dedicado décadas a degradar nuestra nación y esto no se arreglará en dos días, pero debemos asumir el reto por una cuestión de patriotismo entendido con sentido crítico. Si queremos lo mejor para nuestro país debemos ser exigentes con él y con nosotros mismos. Un buen país es algo que no viene regalado. Es el fruto del trabajo bien hecho, de elegir lo correcto y lo difícil en vez de lo cómodo y lo fácil, de aspirar a metas más altas y renunciar al conformismo. Necesitamos un país en el que los charlatanes y demagogos no tengan a nadie que les escuche, porque todos nos hayamos dado cuenta ya de las consecuencias de ceder ante ellos, sin importar cuáles sean sus pretextos ideológticos.

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Foto: PSOE.

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Comentarios:

  1. Flanker

    Si resiste hasta el año que viene condenará a la mafia socialista al hundimiento por mucho tiempo.

    A cualquier persona con dos dedos de frente se le antoja casi imposible resistir un año más cuando se preside una mafia que lo ha podrido todo.

  2. isanchezgil

    He releído este verano los Episodios Nacionales del mejor escritor en castellano después de Cervantes. En sus cinco series se puede observar la progresiva degradación de la idea de España a manos, sorprendentemente, de los partidos que se van formando en oposición al poder real y en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad copiando de la reciente revolución en Francia.

    Todos estos partidos, vemos, a lo largo del siglo, como se aglutinan o agrupan en nombre de tan bellas finalidades (a veces con riesgo de la vida y la libertad) para acabar siendo unos mercachifles cuya única finalidad es llenarse los bolsillos a costa de los bienes comunes del país.

    La llamada a la democracia es bastante tardía en nuestro siglo XIX, pero está latente a lo largo de todo el siglo. Y, sin embargo, todos terminan igual: utilizando el nombre de España y del bien común para forrarse. Tal tendencia continúa prácticamente hasta nuestra sangrienta guerra civil, y la dictadura del General Franco.

    Lo curioso del asunto es que, conseguido (pacíficamente) el final de tal dictadura, volvemos a lo mismo. Los partidos aluden a la democracia, pero ocupan puestos de gobierno en los que se enriquecen, no es nuevo, ni, desgraciadamente, parece que vaya a cambiar.

    El Sr. Elentir nos plantea sus encomiables aspiraciones, compartidas por muchos de nosotros, pero la historia no le da la razón. Esto parece el suplicio de Tántalo aspirando a un bien inalcanzable.

    Me excuso por una reflexión tan larga y pesimista, pero no veo salida (no hay líderes, ni gente solvente y bien formada), y encima la corrupción ahora se hace mundial, gracias a Zapatero y sus mariachis.

    Perdonad, otra vez.

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