El racismo es un ataque contra la dignidad humana que ha inspirado terribles crímenes a lo largo de la historia, entre ellos el Holocausto.
Lamentablemente, en el pasado algunos utilizaron perversamente el Cristianismo como disfraz para sus tesis racistas. Lo hizo el nacional-socialismo, el movimiento criminal fundado por Adolf Hitler en Alemania, y hoy vuelven a hacerlo otros con el mismo fin de antaño: engañar a sus seguidores haciéndoles creer que es compatible ser cristiano y racista. Y no, no lo es. En su encíclica "Mit brennender sorge" (Con una preocupación ardiente) de 1937 sobre la situación de la Iglesia en la Alemania nazi, el Papa Pío XI fue muy claro sobre el racismo:
"Sólo las mentes superficiales pueden caer presa de la herejía de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, pueden emprender el intento ilusorio de aprisionar a Dios, el creador de todo el mundo, el rey y legislador de todos los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son tan pequeñas como gotas en un balde de agua, dentro de los confines de un solo pueblo, dentro de la estrechez de lazos de sangre de una sola raza".
En línea con esas palabras, la constitución pastoral "Gaudium et spes" de 1965, el Papa Pablo VI recordó:
"Es evidente que no todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad física y a las cualidades intelectuales y morales. Sin embargo, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino".
En 1980, en su primer viaje apostólico a África, el Papa San Juan Pablo II reafirmó lo dicho por sus predecesores:
"¿Habrá que evocar los problemas ligados al racismo, que tantas voces han denunciado en todo el mundo, y que por su parte la Iglesia católica reprueba de la manera más firme? Mis predecesores en la Sede del Apóstol Pedro, el Concilio Vaticano II y los obispos directamente afectados han tenido innumerables ocasiones de proclamar el carácter anti-evangélico de esta práctica".
En 1984, el Papa polaco insistió en esta cuestión:
"En la redención realizada por Jesucristo la Iglesia contempla una nueva base para los derechos y deberes de la persona humana. Por ello, cualquier forma de discriminación por causa de la raza, bien sea practicada ocasional o sistemáticamente y bien alcance a ciertos individuos o a grupos enteros, es absolutamente inaceptable".
En octubre de 2002, San Juan Pablo II insistó en ello: "exhorto a los padres y a los maestros a combatir el racismo y la xenofobia, inculcando actitudes positivas basadas en la doctrina social católica". En diciembre de 2004, sólo unos meses antes de su muerte, el Papa polaco volvió a insistir: "Pido fervientemente a Dios que hombres y mujeres colaboren para erradicar todas las formas de racismo, a fin de construir así una sociedad que promueva la verdad, la justicia, el amor y la paz".
Así pues, quienes promueven el racismo invocando a Dios o al Cristianismo, como ahora vuelven a hacer algunos grupúsculos antisistema abiertamente racistas y antisemitas, lo que hacen es promover una perversa confusión que es una ofensa a Dios y algo incompatible con los valores cristianos. Ante esa clase de engaños los cristianos debemos mantenernos muy firmes.
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Foto: AFP. San Juan Pablo II sosteniendo a un bebé africano en Mindelo, Cabo Verde, el 26 de enero de 1990.
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Comentarios:
isanchezgil
Los diferentes Papas han dejado clara la doctrina de la Iglesia sobre esta materia tan ardientemente preocupante. Los cristianos que no sigan a sus pastores tendrán que dar cuenta de sus actos cuando les llegue el momento.
Pero, aunque no seas cristiano, éste concepto del racismo va contra todo el derecho natural que reiteradamente ha venido informando toda la mentalidad europea desde su formación, apoyada en el derecho y costumbres romanas.
Ser racista, o antisemita, sigue siendo un atentado contra el sentido común y contra cualquier derecho de las personas de bien.
19:37 | 7/07/26
AlbertoAG
El principal problema del Núcleo Nacional es que pretenden imponer una visión supuestamente nacional que niega la verdadera esencia de España.
La verdadera esencia de España es nacional, ya que tenemos una serie de tradiciones propias cuyo origen se remonta a muchos siglos atrás, pero con una proyección universal, siendo esta proyección universal fruto del catolicismo como eje vertebrador de Las Españas. Lo de la proyección universal es fundamental en cuanto que distingue a España de otras naciones.
El Núcleo Nacional, al querer eliminar esa proyección universal, lo que pretende realmente es acabar con la esencia misma de España a través de una visión perniciosa que maneja un concepto de raza basado en una serie de características físicas.
En cambio, el concepto de Raza de los tradicionalistas españoles, verdaderos custodios de la tradición, es un concepto basado en una cultura cristiana surgida en el territorio de Hispania y proyectada hacia el continente americano y otros territorios a los que llegó España.
Comentar estos 2 conceptos distintos de lo que es la raza es necesario para justificar el hecho de mantenerse alejados de los planteamientos ideológicos del Núcleo Nacional. No obstante, no es lo único para justificar el alejarse de los planteamientos de dicha asociación.
Además, los referentes ideológicos del Núcleo Nacional son quienes muestran realmente que dicha organización no es más que un mero constructo antiespañol que aprovecha el problema de la inmigración masiva para engañar a incautos que, absorbidos por ese problema, se olvidan de otras cuestiones importantes.
0:25 | 8/07/26
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