«Cuidar la herencia recibida exige conservar sus avances y corregir sus cargas»

La herencia que nos está consumiendo

Eng Vie 9·10·2026 · 16:38 5

Por Álvaro J. Díaz-Mella

¿De qué sirve decirle a un joven que vive en una España más moderna si no encuentra la manera de salir de casa de sus padres? Ha estudiado, trabaja y hace cuentas cada mes, pero el sueldo no le alcanza para independizarse. La discusión sobre el futuro del país empieza ahí: en la distancia entre lo que celebramos haber conseguido y lo que hoy cuesta poner en marcha.

Padres contra hijos
El carrusel de los becarios: cuando la subvención sustituye al empleo

Casi cincuenta años después de la Constitución de 1978, mirar atrás ya no es solo un ejercicio histórico. La Transición abrió una etapa de estabilidad y modernización cuyos avances merecen reconocimiento. Pero reconocer lo que funcionó no obliga a conservar lo que ha dejado de funcionar. Una herencia se cuida cuando permite vivir mejor, no cuando exige a los hijos sostener indefinidamente las decisiones de sus padres.

El PSOE y el PP han sido los grandes protagonistas de la alternancia política de estas décadas. Son partidos distintos, pero determinadas inercias sobreviven a sus relevos. Ambos han negociado con partidos nacionalistas, incluidos los separatistas, para sostener mayorías. El Majestic basta para recordar que el PP tampoco fue ajeno a negociar financiación y transferencias a cambio del apoyo nacionalista para gobernar. La legitimidad de un acuerdo no elimina la obligación de explicar qué se entrega, a quién beneficia y quién responde por sus consecuencias.

Guardando las distancias históricas, esa persistencia recuerda al turnismo de Cánovas y Sagasta. No porque la democracia actual sea equivalente a aquel sistema, sino porque cambiar de Gobierno puede resultar insuficiente cuando quedan intactas las reglas y los intereses que merecerían revisión. La alternancia importa, pero debe permitir algo más que repartir por turnos la responsabilidad de administrar lo heredado.

El Estado autonómico también debe someterse a ese examen. Que un organismo tenga presupuesto y ocupe un edificio no demuestra su utilidad. Cada administración debe explicar qué resuelve, cuánto cuesta y por qué no puede hacerlo de una manera más sencilla. La continuidad de una estructura pública no puede convertirse en un objetivo por encima del servicio que presta. Esa exigencia alcanza a las subvenciones y a los nombramientos. Hacen falta criterios públicos, responsabilidades claras y resultados comprobables para distinguir una ayuda útil de un reparto de favores, o una designación justificada de una colocación. La rendición de cuentas no puede ser un arma contra el adversario y una molestia cuando toca gobernar.

¿Qué tiene todo esto que ver con aquel joven? La dificultad para encontrar vivienda o mejorar los ingresos no tiene una causa única. Precisamente por eso hay que examinar qué puede corregirse desde cada ámbito de responsabilidad. El Banco de España ha señalado que la demanda de vivienda ha crecido más que la oferta y que las dificultades de acceso afectan especialmente a los jóvenes. Hablar de emancipación exige, por tanto, hablar de viviendas disponibles y de posibilidades reales de pagarlas, no limitarse a anunciar ayudas. Estas deberían facilitar la independencia, no convertirse en el horizonte permanente de quien las recibe. Y una regulación tiene que justificar su utilidad antes de imponer otro coste. El ciudadano necesita saber qué cambia en su vida después de cada anuncio, cada plan y cada nueva ley.

La misma regla vale para quienes quieren producir. Un empresario, un autónomo o una familia necesitan normas comprensibles, trámites proporcionados y respuestas en un plazo razonable. La crítica a la maraña administrativa tiene fundamento: el Banco de España advierte de que una normativa densa y fragmentada eleva costes y dificulta el emprendimiento y el crecimiento empresarial. Revisarla exige distinguir las reglas necesarias de las cargas que pueden simplificarse o eliminarse. La complejidad no demuestra rigor. A veces solo traslada al ciudadano el trabajo que la administración no ha sabido simplificar. Por eso reducir la burocracia debe significar algo concreto: identificar el trámite que sobra, corregir una duplicidad y cumplir un plazo.

Lo mismo cabe exigir a los fondos europeos. Las inversiones deben juzgarse por la capacidad que dejan, no por el anuncio de su llegada. La agricultura, la pesca, la industria y los servicios necesitan un entorno en el que trabajar y competir resulte viable. Importa qué queda cuando los recursos se han gastado.

Al final, todas estas cuestiones vuelven a la posibilidad de hacer planes. Después de una década marcada por el descenso de los nacimientos, y pese al ligero repunte provisional de 2025, la preocupación por el relevo generacional necesita algo más que discursos. Las instituciones no deben decidir cómo han de vivir los jóvenes. Deben facilitar que quienes quieran formar una familia puedan encontrar vivienda, sostener un trabajo y organizar su futuro con autonomía.

Los avances materiales del pasado no garantizan por sí solos un camino más fácil para quienes vienen después. Por eso la pregunta política sigue siendo inevitable: ¿por qué esperar que quienes contribuyeron a consolidar estas inercias las corrijan sin una exigencia distinta? Haber gobernado durante décadas obliga a responder por lo hecho; no concede un crédito indefinido.

Mi apuesta por Vox nace de esa necesidad de cambiar las prioridades. Quiero que revisar el tamaño y la eficacia del Estado, reducir trabas y defender la igualdad entre españoles ocupen el centro de la acción política. Ese es el rumbo que apoyo, pero a Vox habrá que pedirle decisiones y resultados cuando asuma responsabilidades de gobierno. Si reclama revisar el gasto, deberá explicar qué elimina y por qué. Si promete simplificar, tendrá que demostrar qué trámite desaparece. Y si defiende la libertad, deberá respetarla también cuando el ciudadano discrepe. Ninguna sigla está por encima de esas obligaciones.

Las elecciones generales del 29 de noviembre ofrecen la oportunidad de impulsar ese cambio. La medida del próximo Gobierno será el margen que devuelva a las personas para decidir sobre su vida, no la contundencia de sus discursos. El voto abre una oportunidad; no certifica de antemano el resultado.

Cuidar la herencia recibida exige conservar sus avances y corregir sus cargas. Cuando aquel joven encuentre un camino más accesible hacia su propia casa y pueda hacer planes con mayor autonomía, tendremos una razón concreta para hablar de progreso. No porque el poder le haya prometido un futuro, sino porque las instituciones cumplan su función y le dejen espacio para construirlo.

Álvaro J. Díaz-Mella
Vigo, octubre de 2026

Fuentes

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Imagen: Grok.

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Comentarios:

  1. isanchezgil

    El peor de los males que nos aquejan, que son muchos, es la enorme deuda pública que asfixiará hasta a los nietos de nuestros nietos. Ella se debe a un Estado de tamaño desorbitado, donde las Comunidades Autónomas también se endeudan.

    En su momento, decidí votara Vox porque dijeron que iban a eliminar las Autonomías, pero ahora no rechistan al respecto.

  2. Maria

    isanchezgil, habrá que revisar el programa de Vox. Yo, votante fiel desde su fundación, ahora me lo voy a pensar. Están cambiando su discurso en algunos aspectos. Me ha llamado especialmente la atención el giro de 180 grados que han dado en el tema de las pensiones. En 2023 hablaban de mantener el sistema reduciendo gastos en otras partidas. Ahora hablan de dejarlas en la mitad, y el resto a saber. Del tema tan sensible del aborto… está por ver.
    Hace años obtuvieron casi 60 diputados con su programa original. Ahora el tema de la inmigración les está reportando beneficios transversales y, quizás (ojalá me equivoque), se están amoldando o relativizando en otros temas.

  3. isanchezgil

    María, tenemos muy pocas posibilidades. Yo he jurado no volver a votar nunca al PP. Pero hay que echar a Sánchez como sea, that is the question, o sea, ese es el dilema.

  4. Maria

    isanchezgil, todos damos por hecho que van a gobernar PP-Vox. Sabemos que es la única posibilidad de Vox, pero me asusta volver a regalar mi voto, aunque sea indirectamente, al PP.
    Mi objetivo no es echar a Sánchez para tener a un Sánchez II que mantenga intactas todas sus leyes ideológicas, que es lo que se ve venir y de lo que ya tenemos antecedentes.
    Además, tenemos un problema añadido en una posible coalición. Ambos partidos van a echar la culpa al otro para no cumplir lo que prometan. Por eso, aunque sé que es una ilusión, me gustaría que dejaran claro cuáles serían sus líneas rojas en un pacto. Pero estoy segura de que no lo van a hacer. Nos piden una especie de «carta blanca» con la única promesa de echar a Sánchez y para mí eso no es suficiente.

  5. La alternativa de tener cuatro u ocho años más de Sánchez para mí deja muy claro lo que pienso votar en estas elecciones. Y no al PP que, efectivamente, nunca quiere cambiar nada, sino al partido que tiene la posibilidad de forzar ese cambio.

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