Hace ya tiempo que una pequeña parte de la derecha española está cultivando un discurso tan hostil al liberalismo como los de la izquierda.
Esos discursos identifican a menudo el liberalismo con el llamado "globalismo", un ente difuso cuya esencia es difícil de precisar pero al que se atribuyen toda clase de males. Hace tres años ya advertí aquí sobre los riesgos de ese "antiglobalismo", recordando cómo otros utilizaron el antifascismo y el anticomunismo como disfraces para defender discursos totalitarios. A menudo, muchos antifascistas y anticomunistas son tan enemigos de la libertad como sus rivales.
Esa creciente ola antiliberal ha venido acompañada de alegatos contra el "Régimen del 78" (una expresión que también se escucha a menudo en las filas izquierdistas) pero sin explicar qué alternativa se defiende, aunque a veces no cuesta mucho imaginarla. Así mismo, y como también he señalado aquí, esa corriente ha promovido memeces como el rechazo a los "boomers", como se conoce comúnmente a los que hemos nacidos en la época del llamado "baby boom" de la segunda mitad del siglo XX. La izquierda instiga una absurda lucha de sexos y esa pequeña parte de la derecha promueve una absurda lucha de edades.
No hace falta ser muy listo para comprender que el rechazo al liberalismo, a menudo planteado sin rodeos como un rechazo a la democracia, puede generar monstruos. El siglo pasado es un claro ejemplo de ello, pero parece que muchos lo han olvidado: los discursos más radicalmente antiliberales fueron los de nazis y comunistas, que fueron los dos movimientos totalitarios que iniciaron la Segunda Guerra Mundial con su alianza para invadir un país católico, conservador y democrático: Polonia. Hoy esos discursos antiliberales vuelven a exhibir los mismos vicios que hace 90 años, sin ningún disimulo.
De hecho, el último capítulo de esa deriva antiliberal consiste, por lo visto, en ensalzar a Yukio Mishima, un escritor japonés que es admirado por diversos sectores de la extrema derecha desde hace décadas. Mishima era un tipo que detestaba el liberalismo, la democracia y el capitalismo, identificándolos como los males que estaban corrompiendo a la sociedad japonesa. El 25 de noviembre de 1970, él otros cuatro miembros de su milicia privada nacionalista, Tatenokai, perpetraron un fallido golpe de Estado asaltando un cuartel militar en el vecindario de Ichigaya, Tokio y secuestrando a su comandante.
Durante esa acción, Mishima dirigió una arenga a los soldados de ese cuartel para que secundaran su golpe de Estado. Los soldados no le hicieron caso y el golpe fracaso. Después de su fracaso, Mishima cometió un seppuku, un suicidio ritual famoso por ser parte del bushido, el código de los samuráis. Cabe preguntarse qué idea del honor tiene un occidental que ensalza esa absursa idea samurái del suicidio como algo honorable, teniendo en cuenta que para el Cristianismo, que es la raíz espiritual de Occidente, el suicidio es un grave pecado.
Tengo que reconocer que no es la primera vez que veo a alguien de derechas defendiendo enormes disparates. El sentido común, lamentablemente, recibe patadas desde todos los puntos del mapa político, pero yo esperaba que gente que dice defender las raíces cristianas de Europa fuese algo más sensata. El problema llega cuando se defiende el Cristianismo como una mera "identidad" para rechazar a otros, pero sin creer sinceramente en sus principios e incluso defendiendo cosas radicalmente opuestas a ellos. Unas cosas que, dicho sea de paso, deben hacer feliz a la izquierda. Lo ideal para ella es que haya una parte (afortunadamente pequeña) de la derecha esté empeñada en identificarse con las peores caricaturas que los progres hacen de sus rivales.
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Foto: Yukio Mishima durante la arenga que pronunció en su fallido golpe de Estado el 25 de noviembre de 1970.
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Comentarios:
AlbertoAG
El absurdo del antiliberalismo radica en que el liberalismo es un espectro que abarca desde posiciones comunes con el conservadurismo/tradicionalismo hasta otras que rozan con el socialismo, estando muchas de las posiciones que abarcan el liberalismo enfrentadas entre sí.
Otra cosa muy distinta sería combatir contra ciertas formas de liberalismo, como el liberalismo progresista, tan nefasto como el socialismo.
14:35 | 25/07/25
Carpetano
«…fueron los dos movimientos totalitarios que iniciaron la Segunda Guerra Mundial con su alianza para invadir un país católico, conservador y democrático: Polonia»
Totalmente de acuerdo con su artículo, pero siendo honestos, y sobre todo a la verdad, una de las principales características por la cual estoy subscrito a este blog, Polonia no era una democracia en 1939, era un estado autoritario implantado por el mariscal Pilsudski mediante un golpe de estado en 1926, derrocando precisamente, y apoyado por la izquierda, a un gobierno democrático de centroderecha. Tras el fallecimiento del mariscal Pilsudski en 1935, su movimiento político (Sanacja), siguió gobernando Polonia de forma autoritaria hasta la invasión alemana en 1939.
La simpatía que podamos tener con la actual Polonia (de la cual yo participo), no debe hacernos comulgar con la visión rosa y propagandística que el nacionalismo Polaco nos quiere vender de la dictadura del mariscal Pilsudski, que aunque no fue un régimen totalitario, o fue una «dictablanda» según algunos, tuvo sus claroscuros: fue un régimen que derrocó a una democracia con un golpe de estado cruento con apoyo de la izquierda, persiguió a opositores y discriminó a las minorías étnicas en Polonia, tuvo una política marcadamente nacionalista y expansionista agresivas que le llevó a anexionarse territorios lituanos y participar en el reparto de Checoslovaquia (esto último lo utilizan los putinejos y prorrusos recurrentemente para justificar la invasión de Polonia por parte de la URSS en 1939), y como curiosidad, Polonia (el régimen de Pilsudski) se lucró vendiendo (estafando mayormente) material de guerra obsoleto a ambos bandos en la Guerra Civil española.
18:43 | 29/07/25
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