Yo tenía 37 años. El 24 de julio de 2013 estaba en Santiago con mi familia cenando en un restaurante de la calle del Franco.
Habíamos ido a la capital de Galicia para ver los fuegos artificiales que se lanzan en esa noche, en la víspera de la fiesta de Santiago Apóstol. Mientras cenaba, vi el móvil y me enteré de que un tren había descarrilado en Santiago, en un sitio llamado Angrois. Lo que pasó después os lo conté aquí hace 13 años. Nunca olvidaré unas imágenes que no quise publicar: los cuerpos cubiertos con sábanas sobre las vías. 80 personas murieron y 144 resultaron heridas en aquel desastre.
Estas últimas horas, al igual que muchos gallegos, aquellos recuerdos están reapareciendo en mi memoria con las terribles imágenes del accidente ferroviario de Adamuz, en Córdoba. Yo ya tengo 50 años, una edad en la que crees tener la piel lo bastante gruesa como para que casi nada te impresione ya, pero ver la tragedia de Adamuz es como revivir emocionalmente aquella terrible noche en Angrois.
Pero aunque parezca increíble hacer una reflexión así en unas horas como éstas, hoy quiero fijarme en ese hilo de luz que a veces penetra las nubes más oscuras, para recordarnos que más allá de la tempestad siempre hay una esperanza. A veces ese hilo de luz parece difícil de ver, pero otras veces brilla de una forma deslumbrante.
Unas horas después de aquella tragedia en Santiago, pude ver ese hilo de luz en esta imagen. Es una foto que hice en Angrois al día siguiente del accidente. Como fotógrafo aficionado, me gusta pensar que a veces en los detalles hay cosas bellas que se nos escapan, y por eso suelo escudriñar mis fotos para ver qué es lo que se me ha escapado. Pero aquel día lo tuve claro. Lo que quería fotografiar era esto:
Lo que vemos aquí son las mantas, sábanas y toallas cedidas por los vecinos de Angrois para cubrir a los fallecidos en aquel terrible accidente ferroviario. Aquella es una zona rural de Santiago, un sitio en el que vive gente corriente y sin grandes lujos. Esas mantas, sábanas y toallas fueron un gesto de enorme generosidad, pues la mayoría de quienes las cedieron no las recuperaron.
En las últimas horas hemos visto algo igual en Adamuz, un pueblo cuya existencia muchos desconocíamos pero cuyo nombre, como el de Angrois, ya nunca se nos olvidará. Cuando tuve las primeras noticias de este nuevo accidente, pensé: pobre gente, ahora el nombre de su pueblo va a quedar asociado a una tragedia. Pero vivimos en un país en el que las buenas personas aparecen a montones cuando hace falta ayuda. Lo hemos visto ya en muchas ocasiones.
Cada vez que leo en nombre de Angrois me acuerdo de aquella gente generosa que se desvivió por ayudar a quienes habían sufrido una experiencia terrible junto a sus hogares. Ahora Adamuz forma parte de esos nombres en los que debemos pensar cuando nos preguntemos si en España aún queda buena gente.
Desde luego, igual que hice con el desastre de Angrois, seguiré escribiendo sobre el accidente de Adamuz y sobre sus responsables, sean quienes sean, incluso cuando otros se hayan olvidado, porque es lo mínimo que merecen las víctimas de esta tragedia. Pero hoy, saturado de ver tanto dolor, quiero pensar que incluso en días tan tristes hay motivos para la esperanza. La mía la tengo clara en este momento, y me gustaría que siempre la recordemos, especialmente cada vez que nos quejemos genéricamente de "la gente".
Imagina lo que se siente al saber que has nacido en el país de la gente de Angrois y de la gente de Adamuz, un país donde en un desastre un desconocido viene y te cubre con su mejor manta, ofreciendo su ayuda de forma desinteresada a personas a las que nunca había visto. Hay muchas cosas que mejorar en España y creo que el patriotismo implica ser exigente con quienes nos gobiernan, pero también reconocer a la gente buena que hay entre nosotros, gente como la de Angrois y Adamuz, que hacen que España, a pesar de todo, siga siendo un gran país, un país por el que nunca debemos perder la esperanza.
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Foto principal: Rafael Jiménez.
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Comentarios:
Lunaa
Pensé algo parecido cuando supe sobre el comportamiento de los vecinos de Adamuz y cómo habían sido los primeros en llegar con ayudas, trasladando en sus propios coches a muchos heridos para ganar tiempo.
El hombre aquél que entra en un vagón dando instrucciones también me impresionó muy gratamente porque es un comportamiento ejemplar, el vídeo que corre por internet podría emplearse en un manual de primeros auxilios por la corrección con que hace todo lo necesario: tranquilizar a los accidentados, hacerles tomar consciencia de la situación, orientar el comportamiento y sentir colectivo, la necesidad de coherencia…. Es un profesional como dice, y aunque viene con los equipos de rescate y no es de Adamuz merece también una mención especial.
Hay algo que queda para siempre de las tragedias y que en el fondo tampoco quiere olvidarse, como en el pueblo de Vega florida, que cambió su nombre al de Vegaquemada tras un incendio que arrasó todo su entorno. Si hay un Vivar que todavía es -y será para siempre- del Cid o un Sos del Rey Católico, bien podría haber un Angrois del accidente por estas mantas, recordando esta entrega imborrable; un Adamuz de los trenes que diga a todos cómo se entregó en lo necesario y en todo lo que pudo. Porque los nombres de los pueblos a veces exaltan la nobleza de su gente.
8:00 | 20/01/26
isanchezgil
Mis recuerdos terribles se remontan, además de a la tragedia de Angrois, a otro momento espantoso: los atentados del 11-M, con 1.000 muertos y 2.000 heridos, lisiados para siempre. También aquí el pueblo se echó a la calle, desde bajar mantas, cosas, ayuda de todo tipo, en mitad de la calle, a las enormes colas que se formaron en los hospitales para dar sangre.
Sin embargo, al día siguiente de los atentados, alguien hizo desaparecer los trenes destrozados, impidiendo estudiár qué explosivos se habían utilizado e impidiendo, por tanto, descubrir quién y cómo se habían planeado las explosiones.
Espero que HOY, dejen en su sitio, o pongan bajo custodia los raíles (rotos o no) y los trenes destrozados. Única forma de poder llegar a un diagnóstico real, SIN BULOS, como dice nuestro pseudopresidente.
En estos momentos terribles, la solidaridad humana se hace fuerte e intensa. Gracias al pueblo de Adamuz, igual que, en la distancia, agradezco a todos los madrileños que se movilizaron en aquellos horribles momentos.
20:31 | 20/01/26
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