Hace cuatro años, en la madrugada del 24 de febrero de 2022, Rusia inició una invasión a gran escala y no provocada contra Ucrania.
No puedo dejar de recordar que algunas personas afirmaron entonces que Ucrania caería en unos días o, como mucho, en unas semanas, que los ucranianos no tenían ninguna posibilidad contra una gran potencia como Rusia y que debían rendirse. Cuatro años después Ucrania no sólo sigue resistiendo, sino que incluso está recuperando el territorio ocupado mientras Rusia está sufriendo una cantidad colosal de bajas humanas y pérdidas materiales, llegando a un punto en el que sus medios de lucha son cada vez más precarios.
Ucrania ha dado y sigue dando una admirable lección de valor y patriotismo al mundo. Desde hace cuatro años, ese país se ha convertido en la primera línea de defensa de la civilización occidental frente a la barbarie. El deber moral de los países libres es ayudar al pueblo ucraniano a resistir y vencer a los invasores, hasta que el último soldado ruso haya abandonado el territorio de un país en el que su ejército nunca debió entrar. La de Ucrania es una causa justa: la de un pueblo que defiende su Patria de una invasión que no provocó, frente a un enemigo muy superior y que se cree con derecho a propiarse de los países vecinos invocando delirantes argumentos nacionalistas.
La valerosa resistencia ucraniana no sólo provoca admiración entre quienes venimos apoyando su causa desde el primer día. Hay que reconocer, además, que esa causa justa ha ido provocando la caída de muchas caretas en otros países, dejando en evidencia los discursos y principios que algunos venían afirmando con solemnidad. Era una reacción previsible, al menos en algunos casos.
El caso más evidente es el de la extrema izquierda, siempre dispuesta a apoyar y favorecer a dictaduras y a criminales de todo tipo, con el único requisito de que compartan su odio por Occidente. Los ultraizquierdistas vienen utilizando palabras como "imperialismo" en sus discursos desde hace mucho tiempo, dirigiéndolas siempre contra los países occidentales y democráticos. Una vez más, como ya ocurrió con la Unión Soviética, cuando el verdadero imperialismo muestra su rostro, la ultraizquierda calla o incluso se pone del lado de los imperialistas, como ha venido haciendo desde hace cuatro años (y antes de eso desde la anexión rusa de Crimea) con absoluta desvergüenza.
Más inesperada ha sido la actitud de una parte de la derecha. No me refiero ya a la extrema derecha, la de verdad, la que odia el liberalismo y la democracia y admira a tiranos como Putin. Me refiero a gente que se ha llenado la boca hablando de patriotismo y soberanismo, recordando las admirables gestas de héroes nacionales de nuestro pasado frente a todo tipo de invasores, pero ahora, por motivos diversos, pretenden que el pueblo ucraniano se rinda y se dedican a atacar a quienes apoyamos a Ucrania, diciéndonos que lo que debemos hacer es irnos a luchar contra los invasores, un argumentos estúpido y demagógico que demuestra que una parte de la derecha ha acabado situándose en la misma indigencia intelectual y moral que la extrema izquierda.
Ya he advertido alguna vez que esas rastreras reacciones están suministrando argumentos a los propagandistas que el día de mañana, si España fuese atacada, dirían lo mismo que ellos dicen ahora sobre Ucrania. Quienes de verdad defendemos la paz rechazamos que ésta consista en el triunfo del matonismo. Una paz sin respeto por la soberanía e independencia de los países vecinos de Rusia no es paz: es opresión, es decir, lo que ya sufrieron los ucranianos y otros pueblos que se liberaron del yugo soviético con la caída de la URSS.
El falso pacifismo de los putinistas, tanto los de izquierdas como los de derechas, no pretende que Ucrania viva en paz. Si fuese así rechazarían a quienes han atentado contra la paz, que son los invasores, y apoyarían la causa del pueblo ucraniano. Lo que pretende es el triunfo del régimen terrorista de Moscú, una dictadura cuyo ejército viene cometiendo toda clase de atrocidades contra el pueblo ucraniano, atacando sistemáticamente a la población civil y cometiendo masacres en las que hombres, mujeres y niños han sido brutalmente ejecutados con las manos atadas, como se pudo ber en massacres como las de Bucha e Izyum. Unos crímenes que recuerdan cada vez más a las salvajadas cometidas por las dictaduras de Hitler y Stalin.
Ucrania lleva cuatro años resistiendo sola contra esa barbarie, y lo mínimo que podemos hacer quienes vivimos en otros países y apoyamos su causa es exigir a nuestros políticos que movilicen todos los recursos posibles para ayudar al pueblo ucraniano a resistir y vencer a los invasores. Ucrania ya ha demostrado que Rusia puede ser derrotada, igual que lo fue la URSS en Afganistán en 1989 por un pueblo más pobremente armado que el ucraniano. Para ello hace falta voluntad política y dejarse de vacilaciones. Occidente no puede dejar que un matón como Putin se salga con la suya, no sólo porque moralmente sería algo repulsivo, sino también por sus implicaciones para nuestra propia seguridad: Rusia ha demostrado ser un peligro para la paz en Europa y no debemos permanecer impasibles ante eso, porque si lo hacemos, mañana otros países, incluso algunos miembros de la OTAN, podrían correr la misma suerte que el pueblo ucraniano.
Por supuesto, sé que la amenaza de una Rusia fuerte frente a un Occidente débil es algo que no preocupa ni a los falsos antiimperialistas ni a los falsos patriotas, porque unos y otros están convencidos de que pueden sacar tajada de la posible victoria de un criminal como Putin contra Ucrania. No pretendo convencer a gente así sobre nada. Ya han demostrado de qué lado están en la lucha entre la civilización y la barbarie. Lo único que espero es que su deseo de ver al pueblo ucraniano derrotado y a Putin victorioso acabe fracasando.
¡Gloria a Ucrania!
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Foto: Volodymyr Leush. Estatua de la Madre Ucrania en Kiev.
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Comentarios:
calatravo
Героям слава!
8:29 | 24/02/26
isanchezgil
El pueblo ucraniano demuestra un valor inquebrantable, ante un enemigo que, aparentemente, parecía muy superior. Lo que evidencia esta duración de cuatro años de resistencia, es, no solamente el superior nivel personal de los ucranianos, que no se amilanan ante un tirano, sino también que la tiranía debilita y hace ineficaces a los pueblos que la sufren,
Rusia, castigada durante casi ochenta años por el comunismo soviético, salió de aquel régimen hecha trizas y degenerada hasta el tuétano. Y no parece que se haya podido sanar de aquella herida, pues ha quedado en manos de mmafiosos y canallas, como el actual Putín.
Lo que no entiendo es cómo las personas que se autodicen «de izquierdas», que tengan dos dedos de frente, siguen empecinados en esa ideología rancia, que ha demostrado en la práctica que solo sirve para destruir. Mejor ejemplo, no podemos exponer.
1:13 | 25/02/26
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