En las últimas horas he estado leyendo mensajes de redes sociales en los que el denominador común era la palabra "rusofobia".
La amplia mayoría de esos mensajes son de autores de extrema izquierda o de extrema derecha. Hemos llegado a un punto en el que cuesta distinguirlos, sinceramente. Ambos extremos se han sumado a la estrategia de victimizar a Rusia mientras continúa con su guerra de agresión a Ucrania, una guerra iniciada por el dictador Vladimir Putin en 2014 enviando a soldados rusos a invadir la región ucraniana de Crimea y las zonas orientales de Ucrania, y que el 24 de febrero de 2022 se convirtió en una invasión a gran escala.
Desde hace décadas, la extrema izquierda viene clamando contra el "imperialismo", pero siempre haciendo alusión a Estados Unidos y a la OTAN. Cuando Putin comete un acto claro de imperialismo como es invadir un país vecino, utilizando argumentos nacionalistas y pseudohistóricos para fundamentar un derecho a agredir a un país independiente y masacrar a su población civil, entonces la extrema izquierda enmudece o incluso apoya el imperialismo putinista.
De la misma forma, la extrema derecha insiste mucho en la defensa de la soberanía nacional y el patriotismo frente a la inmigración masiva, frente a los intentos de convertir la Unión Europea en un megaestado y frente al "globalismo". Pero cuando Rusia invade un país independiente y los ucranianos defienden su Patria, exhibiendo un valor y un patriotismo que son dignos de admiración para cualquier persona decente, entonces una gran parte de la extrema derecha se pone del lado del invasor, que esta vez no viene en pateras ni muerto de hambre, sino con tanques, aviones de combate, misiles y drones suicidas.
Para que esta exhibición de cinismo e hipocresía parezca menos evidente, para que su incoherencia quede menos expuesta a los ojos del público y parezca que ellos siguen apoyando sus viejos ideales, la extrema izquierda y la extrema derecha intentan victimizar al agresor denunciando que hay "rusofobia", un argumento tan desvergonzado como lo sería criticar a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial bajo el argumento de que estaban fomentando la germanofobia.
Por supuesto, para victimizar al agresor lo primero es ocultar sus crímenes. Masacres como las de Bucha e Izyum son atribuidas por extremistas de uno u otro lado a los propios ucranianos que las padecieron, sin aportar al respecto ninguna prueba que contradiga las abundantes pruebas que hay sobre la autoría rusa de esos crímenes. La propia palabra "invasión" es omitida sistemáticamente para que parezca que estamos ante una guerra en la que no sabemos quién atacó a quién, como Viktor Orbán afirmó cínicamente en diciembre, fingiendo que no se había enterado de nada de lo ocurrido.
Paradójicamente, los mismos extremistas que consideran que el resto de la gente es víctima de una manipulación, que creen que los demás ciudadanos no les apoyan porque son víctimas de un amplio y sofisticado sistema creado para engañarles, están intentando que creamos que el lado correcto de la historia es la dictadura de Putin, un régimen mafioso en el que aquellos que se oponen al poder son encarcelados o asesinados; un régimen terrorista que asesina a civiles con las manos atadas a sus espaldas, como vimos en los cadáveres hallados en Bucha e Izyum tras la retirada de las tropas rusas; un régimen aliado con dictaduras como Irán, China, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, cuyos tiranos comparten con Putin la misma fobia por la libertad y la democracia.
Mi compositor favorito es el ruso Modest Mussorgsky, y desde hace tiempo siento admiración por intelectuales rusos que han tenido que huir de su país por culpa de la dictadura de Putin. Yo no tengo nada contra el pueblo ruso, que es la primera víctima de un régimen opresor que está enviando a los jóvenes de ese país a morir como carne de cañón en una invasión puramente criminal. Lo que tengo muy claro es que Rusia, bajo el dominio de Putin, se ha convertido en una amenaza para la paz en Europa, de la misma forma en que lo fue Alemania en el siglo pasado bajo la dictadura de Hitler, algo que no me impide admirar a héroes alemanes como Sophie Scholl y sus compañeros de la Rosa Blanca, que se opusieron a ese régimen criminal y fueron ejecutados por él. Y lo que también tengo muy claro es que victimizar al agresor es una forma despreciable de justificar sus crímenes e incentivar nuevas agresiones, que es exactamente lo que los putinistas de extrema izquierda y la extrema derecha están haciendo actualmente.
---
Foto: Gavriil Grigorov / Sputnik.
|
No te pierdas las novedades y contenidos que te interesan. Únete gratis a Contando Estrelas en Telegram: Pulsa aquí para unirte |
Comentarios:
isanchezgil
Victimizar al agresor es la técnica general que utilizan los tiranos y dictadores de toda clase, no solo en el caso de la «rusofobia», sino también en todos los incidentes que ocurren diariamente en nuestro país, un ejemplo clamoroso, entre muchos, es la victimización actual de los terroristas de Hamás, o de la ETA, a base de quejarse de la «ultraderecha» y, si llega el caso, de los USA y, por supuesto, de Israel.
El único caso que no se victimiza es el imperialismo chino, que les da igual ocho que ochenta, y no se paran en barras con los uigures, los tibetanos, y otros pueblos sometidos a su tiranía, incluidos sus propios nacionales. Ellos no se quejan, no les importan las críticas, hacen lo que les da la gana.
11:54 | 15/04/26
Flanker
De los zurdos te esperas que defiendan a un asesino, en el fondo (y no tan fondo) son como Putin.
Pero de una parte nada pequeña de la derecha…
15:31 | 15/04/26
Opina sobre esta entrada: