Una convergencia entre los enemigos de la libertad y de Occidente

El 'rojipardismo' y el eje del mal: tras Moscú, Caracas y Teherán, ¿lo próximo será Pionyang?

Eng Mar 3·3·2026 · 18:43 2

Hace tiempo que en las redes sociales se viene hablando sobre el "rojipardismo" o fascismo rojo, un cóctel de ideologías totalitarias.

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Tradicionalmente la palabra "rojipardismo" se usa para calificar a un sector de la extrema izquierda mayoritariamente formado por comunistas que añoran a Stalin y que adoptan posiciones típicas del fascismo y del nazismo como el nacionalismo y el antisemitismo. No obstante, hay que recordar que Karl Marx publicó un panfleto rabiosamente antisemita en 1844 y que el comunismo ha abrazado abiertamente el nacionalismo en muchos lugares. En España, por ejemplo, hay organizaciones comunistas como la UPG (el núcleo de la coalición separatista gallega BNG) que conjugan el marxismo-leninismo al estilo maoísta con un fanático nacionalismo antiespañol.

Así pues, el "rojipardismo" es una deriva previsible del comunismo de toda la vida. No obstante, creo que ese término queda muy limitado si sólo lo utilizamos para referirnos a personas que exhiben abiertamente una retórica marxista y la simbología tradicional del comunismo. Actualmente hay personas y organizaciones de extrema derecha (la de verdad) cada vez más difícilmente distinguibles de la extrema izquierda, al menos en aspectos como su afinidad con dictaduras antioccidentales como Rusia, la Siria de Asad y ahora también, como estamos viendo estos días, la dictadura islamista de Irán.

Existe la creencia errónea de que extrema izquierda y extrema derecha defiende posiciones radicalmente opuestas, pues en muchas ocasiones una y otra han defendido, respectivamente, el antifascismo y anticomunismo como sus señas de identidad, además de sostener discursos materialistas (en el caso comunista) y moralmente conservadores (en el caso fascista). Esa creencia se basa en la concepción de las diferencias políticas desde una óptica lineal, en la que extrema izquierda y extrema derecha serían los puntos más distantes entre sí. Sin embargo, estamos viendo una aproximación entre esos extremos que se explica bien con un esquema circular, en el que comunismo y fascismo acaban coincidiendo al alejarse por completo de las posiciones que defienden la democracia liberal.

El antiliberalismo ha sido un poderoso aliciente para promover esa convergencia entre extremos. Una convergencia que no es nueva, por cierto. Como ya señalé aquí hace seis años, en 1939 nazis y comunistas no tuvieron reparos en aliarse para invadir Polonia, un país democrático, católico y conservador. Incluso celebraron su victoria sobre los polacos con un desfile conjunto, algo que algunos no acaban de creer a pesar de haber filmaciones y fotografías de aquel hecho.

No cuesta mucho imaginar cuáles serán las próximas paradas de ese "rojipardismo", que hoy es ya un espacio compartido por comunistas, fascistas, nazis e incluso algunos tradicionalistas, cuyo antisemitismo parece ser mucho más fuerte que su rechazo al marxismo. Adoptarán en cada momento cualquier posición hostil a Estados Unidos, a la OTAN y a Israel, a los que vienen señalando como unos demonios a los que atribuyen todos los males del mundo, y seguirán tragándose sin rechistar todas las patrañas de la propaganda del Kremlin, que no sólo sirven para justificar los atroces crímenes de Rusia en su invasión de Ucrania, sino también para defender y justificar a los aliados de Moscú.

Hace dos años señalé que la siguiente parada de la derecha antioccidental sería Corea del Norte. Algunos tal vez creyeron que exageraba, que dentro de la extrema derecha existiría una gran repulsión por una dictadura comunista que es hoy el país en el que más se persigue a los cristianos en el mundo. Hoy esa posibilidad ya no parece tan descabellada, ¿verdad? A finales de enero vimos a uno de los más conocidos referentes de esa ultraderecha antioccidental, Juan Manuel de Prada, defendiendo a Irán después de que la dictadura islamista asesinase a decenas de miles de manifestantes que pedían libertad para su país. Hace dos años ese mismo tipo participó en un evento organizado por el grupo estalinista Vanguardia Española junto a conocidos defensores de Corea del Norte.

A estas alturas el "rojipardismo" ya se ha quitado la careta por completo y no deja lugar a dudas sobre de qué forma establece sus afinidades en la esfera geopolítica: sus activistas son fieles seguidores de ese eje del mal formado por las dictaduras de Moscú, Pekín, Caracas, La Habana, Teherán y también Pionyang. Y la mayor parte de la extrema derecha, que antaño tanto presumía de ser anticomunista, hoy se deja arrastrar ridículamente por charlatanes comunistas que embaucan a sus nuevos socios de viaje, embobados con sus apelaciones al "hispanismo" y sus arengas contra los "anglos" y los judíos.

Al menos esto sirve para tener bien clara la posición de los enemigos de la libertad y de Occidente, que parecen decididos a mostrarnos en cada momento cuál es el lado incorrecto de la historia, que es precisamente el que ellos eligen en todos los conflictos internacionales.

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Foto: AFP-JIJI. Un desfile militar en Pyongyang el 10 de octubre de 2015.

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Comentarios:

  1. AlbertoAG

    Tener muy claros los principios es la clave para no dejarse embaucar por los cantos de sirena rojipardos.

  2. isanchezgil

    Históricamente, ambos movimientos (comunismo y nazismo, o nazionalsozialismo) en la forma que adquirieron a principios del siglo XX, eran idénticos. Los que siguieron la confesión comunista desorientaron al público habilmente haciéndole creer que su finalidad era la defensa de los obreros/trabajadores, y así, y formando parte de la alianza de los paises democráticos contra las tropelías de Hitler, han seguido engañando a los idiotas que creyeron de verdad la entelequia de que los comunistas-socialistas-izquierdistas solo querían defender a la clase obrera.

    Cuando se ha visto que los obreros/trabajadores vivían cada vez mejor en los regímenes capitalistas, han empezado a inventarse «causas» que defender: feminismo, homosexualismo, medioambientalismo, etc., etc.,..

    Ya no engañan a nadie, más que a los que se dejan deliberadamente engañar.

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