En la derecha de Estados Unidos están ocurriendo algunas cosas que hace sólo unos años parecían impensables.
En las últimas horas hemos conocido el texto del "Memorándum de Entendimiento" suscribo por Estados Unidos e Irán para poner fin a las hostilidades entre ambos países. Un acuerdo que, entre otras cosas, contempla "un presupuesto mínimo de 300 mil millones de dólares" que será suministrado por EEUU y sus socios regionales a Irán para la reconstrucción y el desarrolo del país, además de comprometerse a "abstenerse de interferir en los asuntos internos del otro".
Se trata de unas concesiones escandalosas a una dictadura que ha asesinado a decenas de miles de ciudadanos iraníes por pedir libertad para su país, una dictadura que seguirá ejerciendo su poder criminal sobre el pueblo persa. Ese acuerdo ha provocado un comprensible disgusto en Israel, el principal aliado de Estados Unidos en la región, que lleva décadas sufriendo los ataques de Irán y del terrorismo financiado y apoyado por esa dictadura islamista. El Estado judío, la única democracia real de Oriente Medio, ve como Trump premia a un régimen terrorista simplemente por prometer cesar su violencia, una promesa que no tiene ninguna credibilidad, como todas las hechas por esa dictadura desde hace muchos años.
Ayer, en otra de sus salidas de tono, el vicepresidente de EEUU, James David Vance, lanzó un furibundo ataque contra Israel, mintiendo abiertamente al hablar sobre el origen de los recursos militares israelíes y al afirmar que miembros del gobierno israelí "han atacado personalmente al presidente de los Estados Unidos", lo cual es un bulo. Obviamente, Vance no dice estas cosas en representación propia: habla en nombre de Trump y lo hace para defender un acuerdo humillante.
Pero más allá de su afán por defender ese acuerdo, el ataque de Vance contra Israel también tiene una explicación electoralista. Son muchas las personas conservadoras que han visto con buenos ojos la intervención militar de Estados Unidos en Irán, un gesto de fortaleza contra un régimen terrorista que yo defendí aquí a pesar de mis diferencias por el actual presidente de EEUU. No obstante, esa intervención provocó el rechazo de los partidarios más aislacionistas de Trump, especialmente el movimiento MAGA, en el que se están registrando alarmantes brotes de antisemitismo, de la mano de propagandistas como Tucker Carlon y Nick Fuentes, que casualmente son dos conocidos defensores de la dictadura de Vladimir Putin. Trump y Vance parecen querer congraciarse con los MAGA de cara a las elecciones del 3 de noviembre en la Cámara de Representantes. Tal vez por ello el de Vance no sea el último ataque contra Israel que veamos desde la administración Trump próximamente, con excepciones como Marco Rubio, un representante de la derecha atlantista y proisraelí, y cuya incomodidad con el acuerdo con Irán se hizo ayer muy patente.
Hay que decir que ese ataque de la administración Trump a Israel es lo mismo que ya sufrió Ucrania antes, cuando el actual presidente de Estados Unidos decidió dar un giro drástico a la política exterior de ese país con un acercamiento a la dictadura de Putin que incluso llevó a EEUU a votar junto a Rusia contra Ucrania en la ONU, un acto vergonzoso que ahora tiene su continuación, por lo que parece, en el acuerdo entre EEUU e Irán. Hace un mes Trump también hizo unas declaraciones preocupantes sobre Taiwán tras una reunión con el dictador comunista chino Xi Jinping. Una deriva en la que también podemos enmarcar las constantes críticas de Trump a la OTAN.
Sin duda alguna, el movimiento MAGA se sentirá muy complacido por esa lamentable deriva de Trump, porque a fin de cuentas ese movimiento lleva años dejándose regar por la propaganda rusa, y no debemos olvidar que la China comunista e Irán son aliados del Kremlin. Ese movimiento ha tirado por la borda los principios de la derecha conservadora americana, llenando el hueco con esa propaganda de los enemigos de Occidente, aderezada con teorías de conspiración y ahora, además, con un creciente antisemitismo.
Esta deriva política e ideológica no sólo no hace más grande a los Estados Unidos (recordemos que el lema de Trump era "Hacer grande a América otra vez"), sino que la está debilitando frente a enemigos como Rusia, China e Irán, al degradar los lazos de Estados Unidos con sus aliados occidentales, tanto Israel como los europeos. Las alianzas internacionales de EEUU siempre han sido una parte importante de su fortaleza, que no consiste sólo en poseer unas poderosas fuerzas armadas, sino también en tener la capacidad de desplegarlas muy lejos, una capacidad que precisa de esas alianzas.
Desde que empezó su segundo mandato, Trump parece empeñado en volver a todos sus aliados contra EEUU, con pretensiones tan disparatadas como adueñarse de Groenlandia y Canadá. Su lamentable giro con Ucrania debió haber sido un motivo de alarma para muchos, pero los más entusiastas partidarios de Trump decidieron aplaudirle, igual que han aplaudido sus ocurrencias sobre Groenlandia o Canadá. Ahora llega el bochornoso acuerdo con Irán y muchos trumpistas callan, mientras otros intentan malabarismos imposibles para seguir defendiendo a su admirado líder haga lo que haga. ¿Cuánto tardaremos ahora en ver salir del armario a muchos antisemitas de derechas? Seguramente tan poco como tardamos en febrero de 2025 en ver que gente que decía apoyar a Ucrania arremeter repentinamente contra todos los que seguimos rechazando la invasión rusa, simplemente porque Trump había empezado su idilio con Putin. El ataque de Vance a Israel sólo es el comienzo de un vergonzoso despelote ideológico.
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Foto: The White House. El presidente de Estados Unidos Donald Trump con el vicepresidente J.D. Vance en el despacho oval de la Casa Blanca el 25 de agosto de 2025.
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