El mismo engaño que impulsó al comunismo y al nazismo en el siglo XX

El engaño que intenta captar apoyos para dictaduras y que renunciemos a la libertad

Eng Mar 25·8·2026 · 6:51 1

A la hora de apoyar unas tesis ideológicas o políticas, una de las cosas que más debería preocuparnos es el coste de su implementación.

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No me refiero sólo al coste económico, sino sobre todo al humano. La historia nos muestra lo ocurrido con movimientos totalitarios como el comunismo y el nacional-socialismo, pero hay mucha gente que ignora cómo fue el ascenso al poder de esos movimientos y su permanencia en él. Comunistas y nazis no lograron conquistar el poder sólo con promesas que, en muchos casos, eran perversamente utópicas, ya que ofrecían un paraíso en la Tierra a cambio de sacrificar a chivos expiatorios a los que se culpaba de todos los males: los ricos en el caso del comunismo y los judíos en el caso del nazismo.

Comunistas y nazis tuvieron y tienen un denominador común: su desdén por la democracia liberal, un sistema que permite al pueblo elegir a sus representantes y que establecer unos límites al poder político para frenar sus abusos. Los totalitarios se esforzaron en desprestigiar a la democracia de todas las formas posibles, identificándola con la decadencia, el caos, la desigualdad y otros males. Su receta era sencilla: acabar con la democracia solucionaría todos los males. Los totalitarios exigían sacrificar la libertad individual por el bien del proletariado, del pueblo, de la clase obrera, de la nación o de la raza.

Hoy conocemos sobradamente los resultados de ese engaño: comunistas y nazis asesinaron a millones de personas simplemente porque no encajaban en su perverso modelo de sociedad o, en muchos casos, por el mero placer de asesinar, una tendencia común a esos dos movimientos criminales. Todo eso no ocurrió hace mil años ni hace varios siglos: muchos testigos de ese horror aún están vivos y son un recordatorio de lo que el totalitarismo es capaz de hacer si llega a conquistar el poder. A pesar de ello, hoy sigue habiendo comunistas y nazis (en muchos casos disfrazados con distintas marcas electorales y que ocultan sus odiosos discursos bajo términos como el "anticapitalismo", el "antiimperialismo" o el "antisionismo") que insisten en volver a cometer ese engaño, que siguen demonizando a los ricos y a los judíos y que aún intentan convencer a la gente de que eliminando a esos chivos expiatorios resolveríamos todos nuestros problemas.

Cada persona puede tener la ideología y las opiniones que quiera, pero hay una línea en la que deberían saltar todas las alarmas: la que separa la libertad de la tiranía. Obviamente, los países democráticos no son perfectos. Ningún país lo es, y entre los peores están, sin duda alguna, los países sometidos a dictaduras. Utilizar los defectos habituales de la democracia como pretexto para promover regímenes autoritarios es un engaño criminal, y digo esto porque quienes cometen ese engaño pretenden instaurar un tipo de régimen en el que un gobierno pueda hacer cualquier cosa, incluso recurrir al asesinato, para conservar el poder. No hablo de un régimen hipotético, al que sólo podamos aproximarnos desde el ámbito de la imaginación: eso es lo que ocurre en dictaduras como Rusia, Bielorrusia, Cuba, Venezuela, la China comunista, Corea del Norte o Irán.

Hay una diferencia enorme entre las democracias y las dictaduras. En un país democrático puedes criticar libremente al gobierno. En una dictadura esa crítica te puede costar la vida. Ésa es la gran verdad que los totalitarios intentan enmascarar con sus campañas de desinformación para demonizar a los países democráticos. Lo que pretenden quienes apoyan a dictaduras como las citadas es que renunciemos a la democracia y la libertad para imponernos a todos su voluntad por cualquier medio, incluido el asesinato. Esto es válido para cualquier tipo de extremismo político, ya sea de izquierda o de derecha.

Quienes odian a democracias como Estados Unidos y a Israel y a la vez apoyan a dictaduras como Rusia, a Irán, a China o a Corea del Norte -algo que ya era típico en la extrema izquierda y que ahora se ve cada vez más en la extrema derecha- son unos aspirantes a tiranos que disfrazan su infame aspiración para que no parezca tan repulsiva. Yo lo tengo muy claro: quienes apoyan a dictaduras y demonizan a democracias no son idealistas ni patriotas ni otras palabras bonitas que utilizan cínicamente para maquillar sus malas intenciones. Son enemigos de la libertad y de la democracia y pretenden convertir países enteros en prisiones, como ya hicieron los totalitarios en el siglo pasado.

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Foto: AFP-JIJI. Un desfile militar en Pyongyang el 10 de octubre de 2015.

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Comentarios:

  1. isanchezgil

    No se trata solo de que sean dictaduras donde no se repetan los derechos humanos ni las libertades. Desde el punto de vista práctico han demostrado después de un montón de años en el gobierno, que sus planteamientos no funcionan y los paises que se autodenominan proletarios, del puelo, etc., etc., han quedado arruinados para los siguientes siglos.

    Al único país que le va bien es a los chinos que se aprovechan de una población numerosísima para tener unas condiciones de trabajo esclavistas, pero altiempo, manteniendo una especie de economía capitalista que les permite salir adelante por un tiempo. Habría que verlos cuando transcurran unos cuantos años más.

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