El olvido de la masacre y el disfraz puesto sobre ella por la corrección política

11-S: el mayor ataque terrorista sufrido por Occidente y el tabú del islamismo

Eng Vie 11·9·2026 · 6:51 1

Era un martes. Yo había empezado a comer y estaba viendo las noticias del canal Antena 3, presentadas por el periodista Matías Prats.

La historia de la mujer española asesinada en las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001
El remoto túnel del Metro de Nueva York que aún conserva el polvo de los ataques del 11-S

Un martes de septiembre de 2001

El presentador comunicó: "Al parecer, una avioneta acaba de estrellarse en Nueva York contra las conocidas Torres Gemelas". El programa conectó en directo con Ricardo Ortega, corresponsal de ese medio en EEUU, que reafirmó la información de la avioneta (era lo que se suponía en ese momento, pocos minutos después de la colisión).

El informativo empezó a retransmitir imágenes en directo del enorme incendio en la Torre Norte. El boquete en el edificio indicaba que aquello no era el efecto de la colisión de una simple avioneta. De momento no se sabía si era un accidente o un acto terrorista. En ese momento, al igual que millones de personas en todo el mundo, vi en directo la gran explosión en la Torre Sur. Aquello no podía ser un accidente.

Ese día fue incapaz de seguir comiendo. El informativo de Matías Prats duró horas. Al caer la tarde, unos amigos y yo quedamos a tomar algo en una cafetería de la calle Oporto que por entonces frecuentábamos (ya no existe). El sitio se llamaba "Madison" y estaba llena de fotos de Nueva York. Cuando llegamos, habían puesto una vela delante de la foto que tenían de las Torres Gemelas. Aún no dábamos crédito a lo que acabábamos de ver. Después de décadas contemplando el horror de los crímenes de ETA, por primera vez habíamos visto un atentado terrorista en directo, retransmitido en directo.

El mayor ataque terrorista sufrido por Occidente

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York y contra el Pentágono, en Washington, sin olvidar el Vuelo 93 de United Airlines (los terroristas que lo secuestraron no alcanzaron su objetivo, el Capitolio de Washington, al rebelarse los pasajeros y caer el avión en Shanksville, Pensilvania), asesinaron a 2.996 personas y dejaron más de 25.000 heridos. Entre las personas asesinadas en las Torres Gemelas había una mujer española, Silvia de San Pío, que estaba embarazada de siete meses y medio. Con ella fueron asesinados su marido, John Thomas Resta, y su hijo por nacer, Dylan.

Aquel ataque terrorista, el mayor sufrido por Occidente, desencadenó la llamada guerra contra el terror, con el objetivo de capturar a los autores del colosal crimen, la organización terrorista Al Qaeda. Su cabecilla, Osama Bin Laden, fue eliminado en una operación especial de EEUU en Abbottabad, Pakistán, el 2 de mayo de 2011.

Han pasado 25 años de aquellos brutales atentados. Cuesta imaginarlo, porque me acuerdo de lo ocurrido como si hubiese ocurrido ayer. Yo tenía 25 años entonces, hoy tengo 50. A menudo me encuentro con personas jóvenes que ya tienen más de 20 años y siempre que las veo pienso lo mismo: ellos ni siquiera vivieron aquella tarde de horror el 11 de septiembre de 2001, ¿cómo explicarles algo así? El problema ahora ya no es contar lo ocurrido, en toda su profundidad, a quienes no lo vivieron, sino evitar que quienes fueron testigos de lo ocurrido hayan acabado olvidándolo. Y en este punto creo que estamos fallando.

Un terrorismo disfrazado por la corrección política

Después del 11-S, muchos políticos, periodistas y académicos insistieron en la necesidad de no criminalizar a todos los musulmanes por el hecho de que los autores de aquel ataque terrorista fuesen islamistas radicales. Ciertamente, es injusto generalizar y personas inocentes no deben sufrir represalias por crímenes que no cometieron.

Esa alerta contra la "islamofobia" se mantuvo cuando el islamismo continuó asesinando en Occidente durante años, con ataques muy mortíferos en Occidente. Indiferentes al origen del problema, y con la llegada de gobiernos izquierdistas a varios países, la corrección política empezó a poner objeciones a toda referencia al islamismo al hablar sobre el terrorismo de ese signo. En vez de combatirlo, algunos pretendían cerrar los ojos a su naturaleza ideológica, convirtiendo cualquier referencia a ella en un tabú.

Yendo un poco más allá, a menudo se ha convertido esa alerta contra la "islamofobia" en un afán de censura contra cualquier crítica al Islam, incluso etiquetando como "extrema derecha" a quienes alertan contra la progresiva islamización de algunos países occidentales y sus efectos, por ejemplo, para las mujeres o la libertad religiosa.

De las voces contra la 'islamofobia' a una ola de antisemitismo

Exhibiendo una descarada doble vara de medir, algunos que hace años clamaron contra la "islamofobia" hoy alimentan la mayor ola de antisemitismo que ha sufrido Occidente desde el Holocausto, una ola de odio alimentada por el islamismo y la extrema izquierda contra la única democracia real de Oriente Medio, Israel, después de sufrir un ataque terrorista que -proporcionalmente- fue tanto o más grave que el 11-S, ya que mató a un porcentaje mayor de ciudadanos del país que los ataques sufridos por EEUU en 2001.

Muchos que tachan de "ultraderecha" toda crítica al Islam hoy no tienen reparos en demonizar a un país entero, Israel, después de la mayor masacre antisemita perpetrada desde el Holocausto, la del 7 de octubre de 2023. Algunos extienden esa campaña de odio contra toda la comunidad judía, una campaña alimentada por el islamismo, la extrema izquierda y la extrema derecha antisemita.

Esa doble vara de medir queda patente al calificar ciertas guerras. Rusia recibe muy escasas acusaciones de genocidio por sus sistemáticos ataques contra civiles en Ucrania, unos ataques enmarcados en una estrategia de terror que busca expresamente matar a civiles en sus hogares como parte de una invasión rusa. Sin embargo, Israel viene recibiendo una ola de falsas acusaciones de "genocidio" por defenderse en una guerra comenzada por Hamás desde Gaza, una guerra en la que el Ejército Israelí ha tenido que afrontar difíciles combates urbanos con el fin de liberar a 251 personas secuestradas por Hamás.

La alianza de la extrema izquierda con el islamismo

Una gran parte de Occidente no sólo parece haber olvidado en gran medida el 11-S, sino que además una porción considerable de su población ha dejado que el perpetrador de ese colosal crimen, el terrorismo islamista, le imponga su relato y sus prejuicios. La extrema izquierda occidental se ha aliado con el islamismo hasta unos extremos escandalosos, una alianza que se fundamenta en su común odio contra Occidente, contra las raíces judeocristianas de nuestra civilización y contra la democracia liberal. Es una alianza que está ultrajando el mismo corazón de nuestra civilización.

Prueba de ello es que el 1 de enero de 2026 Zohran Mamdani, un islamista de extrema izquierda, se convertía en alcalde de Nueva York después de una campaña electoral bañada en demagogia. Un alcalde que no ha tardado en exhibir su antisemitismo una vez llegado a su cargo, despertando cada vez más inquietud y temor entre la numerosa comunidad judía de esa ciudad. Recordemos que 119 judíos fueron asesinados en los ataques a las Torres Gemelas, a pesar de que los antisemitas de distinto signo llenasen la red de bulos para negarlo.

Los efectos de ese olvido se pueden observar también en el país del que salieron los asesinos del 11-S. Hoy Afganistán vuelve a estar en manos de los talibanes, una secta de fanáticos islamistas, después de la torpe retirada ordenada por el entonces presidente de EEUU, Joe Biden, en 2021. La misma izquierda que clama constantemente contra Israel al mismo tiempo enmudece cuando toca hablar de Afganistán, un país en el que mujeres y niñas sufren unas cotas de discriminación puramente criminales. Como es una discriminación impuesta por fanáticos islámicos, esa izquierda mira hacia otro lado.

Ni siquiera 2.996 muertos y más de 25.000 heridos sirvieron para evitar un hecho absurdo 25 años después: el odio enfermizo de algunos occidentales hacia su propia civilización, gracias a la cual disfrutan de unos altos niveles de libertad, bienestar y prosperidad que contrastan radicalmente con la situación de la amplia mayoría de ese mundo islámico del que hace 25 años salieron los perpetradores de los atentados del 11-S. No quiero imaginar lo que algunos dirían aún hoy si algo así hubiese sido perpetrado por extremistas cristianos o judíos.

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Fotos: U.S. National Archives.

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Comentarios:

  1. isanchezgil

    Creo que todo el mundo se acuerda de lo que hacía en ese momento. En mi casa, estábamos comiendo, y nos quedamos sin habla al ver estrellarse el segundo avión, momento en que tuvimos claro que se trataba de un horrible atentado. Yo ni siquiera recuerdo quien era el presentador del programa, por la enorme impresión de aquellas imágenes.

    Aquella tarde fue muy atareada para mi, porque tenía un grupo de periodistas norteamericanos a mi cargo y no sabía qué hacer con ellos. Acabamos en casa del Consul General (un bello palacete en el barrio de Salamanca), escuchando la radio americana y tomando el té con la señora del Cónsul.

    Desde entonces, el antisemitismo ha engordado en la misma medida que el antiislamismo ha adelgazado. Como mujer, creo que mis congéneres cada vez están más tontas. Y lo siento, pero es así.

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