Desde 'Do Rzeczy' acusan a los brigadistas de haber sido "mercenarios de Stalin"

“Eran fanáticos comunistas”: una revista polaca habla sin rodeos de las Brigadas Internacionales

Mientras en España se levantan monumentos a los miembros de las Brigadas Internacionales que lucharon en la Guerra Civil española, una revista polaca habla sin rodeos sobre su lado más oscuro.

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Este miércoles, la revista cristiana y liberal-conservadora Do Rzeczy, una de las más populares de Polonia, anunció la edición de septiembre de su suplemento de Historia con una portada dedicada a los “Dąbrowszczacy”, que es como conocen en Polonia a los miembros de la XIII Brigada Internacional o Brigada Dabrowski que combatió en el bando republicano durante la Guerra Civil española. La portada de la revista evoca la ayuda que prestaron esas brigadas a un bando que perpetró una brutal persecución contra los católicos, con la imagen de una monja siendo apuntada con un revólver por un brigadista. El titular de portada, en letras grandes, llama a los Dąbrowszczacy “Najemnicy Stalina”, mercenarios de Stalin.

Unas brigadas controladas por la versión soviética de la Gestapo

Piotr Zychowicz escribe en esta revista que los Dąbrowszczacy no eran “soldados de la libertad”, sino “żołnierzami zniewolenia”, soldados de la esclavitud. Durante la dictadura comunista instaurada por Stalin en Polonia, a los Dąbrowszczacy se les dedicaron muchas calles y monumentos, que están siendo retirados de una Polonia que no olvida los horrores que vivió bajo el comunismo. La revista recuerda cómo se formaron esas unidades de voluntarios: “Las Brigadas Internacionales fueron organizadas por la Comintern”, es decir, la Internacional Comunista, controlada por Stalin desde Moscú. “Y una gran parte de sus miembros eran fanáticos comunistas“, añade la revista. “Las brigadas tenían sus representantes políticos, y el NKVD los controlaba”.

El NKVD era el equivalente soviético de la Gestapo nazi. Creado por Stalin en 1934 como sucesor de la siniestra Cheka leninista, fue el ejecutor de muchas de las atrocidades cometidas por los comunistas en la URSS, entre ellas las famosas purgas perpetradas entre 1936 y 1938, y también la masacre de miles de prisioneros de guerra polacos en Katyn en 1940. En España, el NKVD fue el organizador, junto a dirigentes del PSOE, del famoso robo del oro del Banco de España, y también el responsable, junto a dirigentes del Partido Comunista de España, de la tortura y asesinato de muchos trotskistas del POUM, incluido su líder, Andreu Nin, que fue desollado vivo. No había escasez de viejos funcionarios y criminales bolcheviques al estilo de Karol Świerczewski, señala Do Rzeczy, en referencia al famoso general brigadista polaco también conocido como Walter.

El caso de Świerczewski, un comunista que traicionó a su propio país


Karol Świerczewski con uniforme polaco en una foto tomada en 1946, cuando este general comunista aprobaba sentencias de muerte por motivos políticos en Polonia.

Świerczewski es una figura muy famosa de las Brigadas Internacionales. Este comunista traicionó a su propio país sumándose al bando bolchevique en la Guerra Polaco-Soviética de 1919, en la que Polonia frenó el expansionismo marxista por Europa en la que fue la primera derrota del comunismo en los campo de batalla. Świerczewski siguió formando parte del Ejército Rojo después de esa guerra. En septiembre de 1936 fue uno de los principales organizadores de las Brigadas Internacionales en París. Una vez en España, además de ser comandante de la XIV Brigada Internacional, llevó a cabo actividades encargadas y supervisadas directamente por la inteligencia extranjera soviética, según señala el Instituto Nacional de la Memoria de Polonia (IPN).

En 1938 Świerczewski volvió a Moscú. Tres años más tarde participó en la Segunda Guerra Mundial en las filas del Ejército Rojo. A pesar de la fama que le dio la propaganda comunista en España, sus errores al mando condujeron a trágicas derrotas y a enormes pérdidas entre los soldados, señala el IPN. Desde Do Rzeczy recuerdan que “los ataques dirigidos por él se convirtieron en una masacre de sus propios soldados”. Algunas de estas dificultades fueron provocadas por el consumo constante de alcohol, según el IPN, y los conflictos con sus subordinados. Entre 1946 y 1947 los comunistas le nombraron viceministro de la Defensa Nacional de la nueva dictadura establecida por Stalin en Polonia. Aunque vestía uniforme polaco “nunca dejó de ser un oficial soviético”, señala el IPN.

Un traidor y criminal al que los comunistas dedicaron calles, monumentos e incluso un billete

Según la documentación existente, Świerczewski aprobó 68 sentencias de muerte por motivos políticos, 39 de las cuales fueron firmadas por él entre el 9 de diciembre de 1944 y el 26 de marzo de 1945. Entre los asesinados cuyos nombres han sido publicados por el IPN había dos jóvenes de sólo 19 años. Tras su muerte en marzo de 1947 en un combate con miembros del Ejército Insurgente Ucraniano, la propaganda comunista se dedicó a mitificar a Świerczewski, atribuyéndole hechos heroicos sin ninguna base real. Muchos polacos tuvieron que ver a diario a ese traidor y criminal homenajeado en monumentos, calles e incluso en los billetes de 50 eslotis. Hoy en Polonia su figura ya sólo merece los elogios de la extrema izquierda, lo mismo que las Brigadas Internacionales.

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Comentarios (Blog):

  1. pacococo

    Dado que el marxismo cultural es el que escribe la Historia, se presenta a los brigadistas como visionarios románticos llenos de ideales de libertad y todo eso.

    La realidad fue otra muy distinta, pero la verdad se abre paso poco a poco e incluso en algunos países retrocede, como en España.

    Bueno es que se vaya sabiendo la verdad y la Historia se limpie de propaganda y mentiras. El artículo de esta revista contribuye a ello, pero el trabajo que queda es inmenso.

  2. Gustavo

    Esas brigadas eran comunistas y, al igual que ellos, estaban divididos llegando a luchar unos contra otros siempre por el mismo objetivo: el poder

  3. Quizá no venga muy a cuento, pero después de leerme “El fin de la inocencia”, de Stephen Koch, me queda claro que las policías políticas de Hitler y Stalin establecieron mecanismos de colaboración mutua (aunque la colaboración entre esos regímenes asesinos no se limitó ni mucho menos a lo estrictamente “policial”). Parece mentira que ochenta años después nadie se atreva a decir esto salvo en foros especializados y de poca o ninguna resonancia a nivel general.

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