No sólo fueron masacrados por los alemanes: también por los soviéticos

Católicos polacos: los grandes olvidados al hablar de las víctimas del Holocausto

Tal día como hoy, en 1945, el campo de concentración de Auschwitz cayó en manos soviética. Por ello, hoy se celebra el día internacional de conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto.

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Indudablemente, el pueblo judío fue la principal víctima de la campaña de exterminio organizada por el Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial. Pocos pueblos han sufrido un horror comparable al que padecieron los judíos europeos en aquellos años. Es por ello que los judíos tienen un papel destacado en los homenajes a las víctimas del Holocausto. También es frecuente que esos homenajes recuerden a otros grupos que fueron víctimas de crímenes de genocidio a manos de los nazis: gitanos, homosexuales, disidentes políticos, testigos de Jehová, discapacitados…

Soldados alemanes y soviéticos confraternizando en Brest, donde sus fuerzas se encontraron durante la invasión conjunta de Polonia en 1939 (Foto coloreada por Mirek Szponar).

Católicos polacos: masacrados tanto por alemanes como por soviéticos

Sin embargo, a menudo se olvida que uno de los grupos que también padecieron especialmente el Holocausto fueron los polacos étnicos, en su mayoría católicos, y por partida doble, ya que los crímenes de genocidio que padecieron durante la Segunda Guerra Mundial no sólo fueron perpetrados por los nazis, sino también por los soviéticos. Recordemos que en septiembre de 1939, Polonia fue invadida no sólo por Alemania, sino también por la URSS, siguiendo un pacto secreto firmado por las dictaduras de Hitler y Stalin en agosto de ese año: según el Instituto Nacional de la Memoria de Polonia (IPN), 150.000 polacos murieron a causa de la ocupación soviética, en parte asesinados y en parte durante las deportaciones a Siberia ordenadas por Stalin (en total, unos 320.000 polacos fueron deportados por los soviéticos, un hecho también considerado delito de genocidio según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional).

Sacerdotes y seglares católicos polacos momentos antes de ser asesinados por los alemanes en la Plaza del Mercado de Bydgoszcz, el 9 de septiembre de 1939. Los alemanes asesinaron a más de 20.000 hombres, mujeres y niños polacos en esa ciudad al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Las cifras de polacos asesinados por los nazis fueron considerablemente mayores. Según datos del IPN publicados en 2009, los alemanes fueron los responsables de la muerte de entre 5,47 y 5,67 millones de ciudadanos polacos durante la Segunda Guerra Mundial. El grupo que más padeció los horrores de la ocupación fue el de los polacos judíos: fueron exterminados por el Tercer Reich en torno a 3 millones (la mitad del total de judíos asesinados en el Holocausto). Además, los alemanes mataron en torno a dos millones y medio de polacos étnicos, en unos crímenes contra la humanidad que se iniciaron en los primeros días de la guerra. Un ejemplo de ese afán genocida fue el asesinato de más de 20.000 hombres, mujeres y niños polacos en Bydgoszcz en septiembre de 1939, en parte fusilados y en parte enviados a campos de concentración: el 14% de la población de esa ciudad polaca a comienzos de la guerra. Las matanzas continuaron durante todos los años de la ocupación alemana, llegando a extremos como los 150.000 polacos asesinados por los nazis durante el Levantamiento de Varsovia de 1944, unos crímenes que incluyeron violaciones en masa de mujeres y niñas y la muerte de pacientes de hospitales que fueron quemados vivos en sus camas. En la capital polaca se produjeron matanzas como la del distrito de Ochota, con 10.000 muertos, y la masacre del distrito de Wola, con más de 40.000 víctimas.

El destino de cientos de miles de niños polacos

Por otra parte, de los 400.000 niños secuestrados por los alemanes en los países ocupados, 200.000 fueron niños polacos. Muchos fueron entregados a familias alemanas y germanizados. Otros acabaron en campos de concentración. Ya he hablado aquí otras veces del caso de la niña Czesława Kwoka, de 14 años, una católica polaca cuya foto encabeza este artículo. Czesława vivía en el condado de Zamość, del que fueron deportados 116.000 polacos con el fin de instalar en su lugar una colonia alemana. De los deportados, 50.000 fueron llevados como mano de obra esclava a Alemania, y los demás fueron asesinados en sus aldeas o enviados a campos de concentración. Czesława fue llevada con su madre a Auschwitz. Igual que otros cientos de niños de Zamość, esta niña fue asesinada el 12 de marzo de 1943 mediante una inyección de fenol. Sus ojos llenos de miedo y su rostro golpeado, con el labio sangrando, han quedado para la posteridad como un símbolo del terror que vivieron muchos niños que fueron víctimas del Holocausto.

Soldados alemanes secuestrando a un niño polaco en el condado de Zamość, Polonia, en 1942. 200.000 niños polacos fueron arrancados de sus familias por los nazis. Muchos de ellos acabaron en campos de concentración.

El intento de destruir la cultura polaca por parte de Hitler y Stalin

Las dimensiones de las matanzas perpetradas por los alemanes contra los polacos étnicos se explican, igual que el exterminio de judíos, por motivaciones racistas. Para los nazis los polacos eran “untermensch”, es decir, “subhumanos”, seres inferiores que carecían de dignidad humana. Por eso buscaron no sólo su aniquilación física, sino también la desaparición de los propios pilares de Polonia como Nación. En esto, por cierto, coincidieron las dos potencias totalitarias que invadieron el país en 1939. Tanto Hitler como Stalin quisieron hacer desaparecer la cultura polaca: el nombre del país incluso fue prohibido en las zonas de ocupación alemana y soviética, en las que también fue prohibida la enseñanza de la lengua polaca y la impresión de libros en polaco. Las escuelas, universidades, librerías, museos, cines y teatros fueron cerrados en las dos zonas. Tanto nazis como soviéticos saquearon, robaron y destruyeron el patrimonio artístico de Polonia y quemaron libros en lengua polaca. En la zona de ocupación alemana incluso fue prohibido el uso de la lengua polaca en lugares públicos. De los 175 museos que tenía Polonia en 1939, 70 fueron destruidos, y también desapareció la mitad de las 603 instituciones científicas que tenía el país. El jefe de las SS, Heinrich Himmler, llegó a ordenar que los eslavos de los países ocupados, entre ellos los polacos, no tenían que aprender más que a escribir su nombre, a contar (no más de 500) y a asumir como un mandamiento divino que debían obediencia a los alemanes.

Soldados alemanes expulsando a familias polacas de sus hogares en el condado de Zamość, en 1942. Unos 116.000 polacos de ese condado fueron deportados, y muchos de ellos fueron enviados a distintos campos de concentración, donde finalmente encontraron la muerte.

En su afán por eliminar la cultura polaca, tanto alemanes como soviéticos intentaron destruir otro de los pilares de Polonia como Nación: la religión católica. En la zona alemana miles de sacerdotes y religiosos polacos fueron detenidos, torturados y enviados a cárceles y campos de concentración. De los 14.000 sacerdotes que había en Polonia en 1939, 1.811 fueron asesinados por los nazis. La Iglesia Católica ya ha declarado mártires a 108 de ellos, al entender que fueron asesinados por razón de su fe. Tanto alemanes como soviéticos sometieron al clero católico y a las organizaciones católicas polacas a una dura persecución.

Muchos criminales nazis fueron juzgados: los soviéticos quedaron impunes

Como podemos ver, cuando hablamos de Holocausto en Polonia no podemos limitarnos a recordar los crímenes de lesa humanidad cometidos por los nazis: es un deber moral recordar también los perpetrados por los soviéticos, pues fueron dos países -y no sólo uno- los que invadieron Polonia al comienzo de esa guerra, empleándose con una gran saña contra la población local. Tal vez sea ésta la causa de que los católicos polacos sean los grandes olvidados de muchos homenajes a las víctimas del Holocausto. Aunque muchos criminales de guerra nazis fueron juzgados y condenados después de la guerra, los criminales soviéticos quedaron impunes. El sufrimiento de aquellos polacos deportados y masacrados es hoy un recuerdo incómodo para muchos que, aún a día de hoy, siguen usando expresiones como “liberación de Polonia” para referirse a la ocupación del país por la URSS al final de la Segunda Guerra Mundial y la instauración en él de una dictadura comunista. Una extraña “liberación” a la que hay añadir la violación en masa de 100.000 mujeres y niñas polacas a manos de los soviéticos, unos crímenes cuyas víctimas tenían entre 4 y 80 años: muchas de ellas, además, fueron asesinadas. Ya va siendo hora de que el mundo recuerde a esos católicos polacos y señale, con igual firmeza, tanto a los criminales nazis como a los criminales soviéticos que les sometieron a un colosal genocidio.

(Foto principal: Czesława Kwoka era una niña católica polaca de 14 años. Vivía en el condado de Zamość, del que fue deportada en diciembre de 1942. Murió en el campo de concentración de Auschwitz el 12 de marzo de 1943. Foto coloreada por Marina Amaral)

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