
Este sábado por la noche he ido al cine a ver todo un peliculón: Diamante de sangre, que trata sobre el tráfico ilegal de diamantes extraídos de zonas en guerra (en este caso Sierra Leona, 1999) con el fin de pagar las armas que se utilizan en esos conflictos en el continente africano. Como fui siguiendo la recomendación de Chesk y me identifico con su crítica, os animo a leer lo que ella ha escrito sobre la peli en Adéntrate en el camino de baldosas amarillas.
A lo que comenta Chesk de que el director se centra más en el tráfico de diamantes que en las propias salvajas que se ven en la película, bueno, me parece que es lógico teniendo en cuenta que ese comercio es el que fomenta la explosión de conflictos en África, como señala el protagonista cuando recuerda que, luchando en el Ejército sudafricano en Angola, acabó dándose cuenta de que no combatía contra el comunismo, sino por el control del tráfico de diversas materias primas, entre ellas los diamantes en bruto. Aunque, todo hay que decirlo (y en esto le doy la razón a Chesk), me temo que la sed de poder no necesita de tal o cual arma o de un pretexto determinado para dar lugar a tremendas atrocidades.
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Comentarios:
Olimpia
He intentado escribir comentarios en el blog de Chesk y no he podido. Tal vez, su ordenador piense que soy un virus.
Respecto a lo que plantea la película, desgraciadamente es cierto que en los países subdesarrollados estas cosas pasan.
Hoy empieza la campaña de Manos Unidas y en mi parroquia hemos visto un vídeo sobre Ecuador. Nuestro Arciprestazgo va a ayudar a una ciudad de Méjico para que la población aprenda elementos básicos del Derecho con el fin de que sepan defenderse ante las injusticias. Colabora en ello el Colegio Oficial de Abogados de Cáceres.
Si el lema de Manos Unidas de hace años se cumpliera: «si quieres la paz, trabaja por la justicia», todo sería bien distinto en el mundo.
15:10 | 11/02/07
Chesk
¿Qué fallo te ha dado Olimpia? Es raro que ocurra eso..es un blog en blogger como todos. :S
Elentir, gracias por la referencia.
Cuando escribí que, tal vez, no eran excusas los diamantes para que ciertas personas actuasen de tal forma, te aseguro que me lo pensé dos veces.
Unas personas, que son capaces de cometer tales atrocidades por dinero, me imagino que también lo serán para muchas más cosas.
¿Que está en nuestras manos frenarlo? Sí
¿Que somos los culpables de ese comportamiento y modo de vida? Pues ahí es cuando entra mi dilema.
Un abrazo.
16:09 | 11/02/07
Elentir
En eso estoy de acuerdo contigo en eso, Chesk. Está claro que si determinadas personas son violentas y brutales y mueven a otras a la violencia, no se puede decir de ellas que sean simples productos de la sociedad. Es una explicación muy habitual que olvida algo tan elemental como que el ser humano es libre y, por tanto, responsable de sus actos.
Esto cambia, sin embargo, en el caso de los niños soldado. En la película se ve con claridad como les drogan y les lavan el cerebro precisamente para quitarles su libertad y obligarles a cometer esas atrocidades.
Por cierto, Olimpia, muy bueno el lema de Manos Unidas. Juan Pablo II lo expuso de forma magistral: «No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón». Por cierto, que este lema ha sido muy manipulado por cierta parte de la izquierda que sostenía que los cristianos debemos perdonar a los terroristas sin más, sin que haya siquiera propósito de la enmienda, ni dolor por el daño que han hecho. Los cristianos entendemos el perdón de forma redentora (se ve en la película hacia el final, cuando el padre habla con su hijo mientras éste sostiene una pistola), pero hay otros que lo entienden como el olvido o la ignorancia del mal hecho, sin que medie rectificación alguna, lo cual me parece perverso.
16:19 | 11/02/07
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